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Con las complicaciones en el caso por la valija con 800.000 dólares y el juicio en Estados Unidos por las supuestas presiones ejercidas sobre el empresario venezolano-norteamericano Guido Antonini Wilson como telón de fondo, esta mañana la ciudad amaneció con varios carteles en el que el kirchnerista Movimiento Evita le reclama al presidente norteamericano, George Bush que entregue al "prófugo" Antonini. Los afiches están en sintonía con las duras acusaciones del Gobierno a los Estados Unidos por haber montado "operaciones basura" contra la Argentina.

Antonini llegó a la Argentina con el dinero el 4 de agosto de 2007. Tras habérsele encontrado el dinero sin declarar, el empresario venezolano-norteamericano estuvo en la Casa Rosada y tras permanecer tres días en el país salió con destino a Uruguay.Según el fiscal norteamericano Thomas Mulvihill los 800.000 dólares estaban destinados a la campaña de Cristina Kirchner.
Fuente: La Nación

En las conclusiones del estudio -efectuado en el área metropolitana sobre 680 casos- se señala que "la sociedad parece actuar bajo la presunción de que cualquier mejora perceptible es asignable a factores individuales (esfuerzo, mérito, suerte, etc.) y que las contingencias negativas son percibidas como responsabilidad del Gobierno".
También se mencionan la inseguridad y la situación económica como los temas más preocupantes.
En cuanto a la evaluación de la gestión presidencial, sólo el 23% la juzgó positiva, mientras que el 36% la consideró regular y el 39%, negativa. Este espíritu crítico alrededor de la conducción kirchnerista comenzó a advertirse en las mediciones de junio pasado. Hasta entonces, nunca la evaluación negativa había superado la regular y la positiva al mismo tiempo.También se aprecia que la imagen negativa bajó de 41% a 39% y que la positiva subió de 18% a 23%. El pico de negatividad se dio en junio.
El principal problema para remontar la imagen negativa del Gobierno parece situarse en la evaluación de las políticas públicas. Más claro: consultados sobre si el gobierno de Cristina Kirchner iba en camino correcto o equivocado para solucionar los problemas del país, el 65% respondió "equivocado" y 22% contestó "correcto".
La inseguridad y la situación económica son los temas que más preocupan a la gente. Hubo 68 menciones para la primera y 37 para la segunda. La inseguridad se mantiene al tope de los reclamos desde 2006. La situación económica, en cambio, comenzó a ser percibida como uno de los mayores inconvenientes desde junio de 2008. Y a ella debe sumársele la inflación, que fue mencionada por 27 de los consultados.
La situación económica actual fue evaluada como "buena" sólo por el 12% de los encuestados. El 47% la considera "regular"; el 30%, "mala", y el 9%, "muy mala". Y sólo dos de cada diez consideran que en 2009 la coyuntura será "mejor". Resultan llamativos estos últimos datos en tiempos en que el Gobierno proyecta una inflación inferior al 10% para 2009 y poco después de que Néstor Kirchner dijo a intendentes bonaerenses que los comentarios sobre la inflación son "una operación de los que quieren ganar con los bonos".
En medio de estos temas, la crisis con el campo decreció notoriamente en el interés de la sociedad: sólo 7 consultados la mencionaron como un problema del país. En este escenario, el estudio de Römer indica que el vicepresidente Julio Cobos es el dirigente con mejor imagen positiva de
Fuente. La Nación
PORQUÉ CRISTINA CAYÓ Y NO SE RECUPERA
GRACIELA RÖMER*
Aún con diferencias evidentes, la experiencia francesa debiera ser tenida en cuenta para entender por qué también en Argentina cuesta tanto remontar la caída de imagen de la Presidenta.
¿Por qué no me quieren?, es lo que seguramente se pregunta el presidente Nicolas Sarkozy según un informe que sobre la realidad política francesa realizó hace poco tiempo atrás Dominique Moisi, un renombrado analista del Instituto Francés para las Relaciones Internacionales. Su conclusión es que mas allá de los ambiciosos programas de reformas que ofreció a los franceses realizar durante su gobierno y más allá también de su hiperactivismo y los resultados logrados hasta el presente, su estilo, la falta de coherencia de su gobierno y su tan peculiar manera de tomar decisiones sin consenso mantienen su popularidad en baja.
Pienso que aún con diferencias evidentes, la experiencia francesa debiera ser tenida en cuenta para entender por qué también en Argentina cuesta tanto remontar la caída de imagen de la presidenta.
La evaluación de la gestión de gobierno de Cristina Fernández tiene lugar hoy, en un contexto de fuerte escepticismo tanto en términos de la capacidad gestionaria del Gobierno como de confiabilidad y certidumbre sobre el rumbo.
Es en ese cuadro general que debe interpretarse el hecho de que a menos de un año de haber sido elegida presidenta por algo más del 45% de los votos, la gestión de Cristina Fernández de Kirchner es evaluada positivamente por apenas uno de cada cinco personas de la región metropolitana mientras que cuatro de diez lo hace negativamente, según muestran los datos provenientes de nuestro último sondeo de opinión de finales de agosto .
Esos niveles de aprobación apenas marcan diferencias entre los sectores medios bajos y medios bajos o, incluso, entre aquellos que dicen haber votado por la actual Presidenta en octubre de 2007, poniendo en evidencia un malestar que alcanza a las propias bases electorales de la coalición de gobierno.
Esa percepción parece confirmada por el hecho de que una importante mayoría cree que el gobierno de Cristina Kirchner va en el camino equivocado para resolver los problemas que la sociedad considera más importantes .
Al mismo tiempo, la tendencia observada en mediciones pasadas relativa a la preocupación por desempleo se ha detenido y, junto con ello, las menciones a la inflación parecen haber alcanzado una meseta en un nivel más alto que en el pasado como principal problema país.
Y es justamente esa combinación entre preocupación por el desempleo e inflación la que delinea una percepción negativa de la situación económica actual, tanto como la del país en el próximo ano, consolidando una tendencia en el proceso de formación de expectativas característico de la gestión de CFK. Efectivamente, las señales confusas y también contradictorias con las propias percepciones del ciudadano común que llegan del mundo político parecen contaminar cualquier indicio, por incipiente que sea, de reversión de las expectativas de la sociedad, mostrando una sociedad poco permeable a cualquier intento de seducción por parte del gobierno.
De esa manera, la sociedad parece actuar paradójicamente bajo la presunción de que, cualquier mejora perceptible, especialmente en el plano de la economía familiar, es asignable a factores individuales (el esfuerzo, el mérito, la suerte, etc.) y, que todas las contingencias negativas caen bajo la amplia categoría de lo que es percibido como la “responsabilidad del Gobierno”.
En estas circunstancias, las dificultades de la Presidenta para remontar su imagen pública son evidentes.
La desconfianza se ha instalado entre los argentinos y con ella, la sospecha de que nada es como se dice que es y en consecuencia, tampoco como se hace. El termómetro que mide el estado de la economía, la salud de los indicadores sociales, esta herido de muerte y su influencia se ha expandido al resto de acciones, discursos y propuestas del Gobierno Nacional, incluyendo la voz de la propia presidenta.
Es que en un mundo de incertidumbre creciente y en un país como la Argentina, que no logra aún encontrar su norte, la gente busca certezas en su principal soporte, la palabra de sus máximos líderes políticos.
(*) Socióloga y consultora.
Fuente: Perfil.com


Derivaciones del escándalo de la valijaPor Lucrecia Bullrich (La Nación)
Las escandalosas revelaciones del juicio por la valija con US$ 800.000 que se realiza en Miami, que ayer provocaron uno de los embates más duros de la Argentina contra los Estados Unidos de los últimos años y los posibles vínculos entre el tráfico ilegal de efedrina y la política que dejó al descubierto el triple crimen de General Rodríguez, vuelven a ubicar en el centro de le escena las sospechas que rodean el financiamiento electoral y, sobre todo, las dudas en torno a los gastos del kirchnerismo en las dos últimas campañas presidenciales.
"Durante toda la campaña de 2007 Poder Ciudadano marcó la total incongruencia entre el volumen total de gastos del Frente para la Victoria [FPV] y lo que verdaderamente costó la campaña, que fue mucho más que los 17 millones de pesos declarados. Sabemos que, como mínimo, costó entre 60 y 80 millones de pesos. Hay muchísimo dinero que se ha ocultado", indicó a lanacion.com una de las directoras de Poder Ciudadano, Laura Alonso.

Revisar. "Además, los 17 millones que fueron justificados quedan bajo sospecha, sobre todo con el caso de la valija del empresario venezolano [Guido Alejandro Antonini Wilson] y después de del triple crimen de General Rodríguez. Tanto los ingresos como los fondos donados deberían estar bajo investigación judicial por parte de la jueza [María] Servini de Cubría", añadió la especialista.
Alonso puso en duda la legalidad de los fondos que, siempre según Poder Ciudadano, fueron gastados por el kirchnerismo en la última campaña, pero nunca declarados. "Ese dinero pudo haber tenido dos orígenes: de fuentes ilegales, es decir, venir de personas o empresas que por ley no pueden donar a las campañas, o directamente de fondos públicos del presupuesto", puntualizó.
Apuntó además que las irregularidades no son nuevas en el mundo K. "Ya en 2003 el FPV entregó informes de gastos que no guardaban relación con la intensidad de la campaña que se veía en la calle. En ese año, diez días antes de la elección, el comité de campaña del kirchnerismo había declarado un gasto de tres pesos durante 80 días de campaña y donaciones por $500", indicó.
Superhéroes en acción. Para Alonso, otra de las claves del deficiente control del financiamiento político es la falta de recursos. "En 2003 había seis contadores para controlar los informes de los partidos. Cinco años más tarde sigue habiendo la misma cantidad de profesionales. Seis contadores que controlaron más de 3000 informes presentados por los partidos políticos. Así no se puede: son Superman, la Mujer Maravilla, Batman, Robin, Flash y algún otro superhéroe y es imposible que hagan un control eficaz. Se necesitan al menos 20 contadores más y muchos más recursos tecnológicos", graficó.
En la misma línea, comparó la situación de la Argentina con la de otros países de la región. "En la Argentina el control de los expedientes de financiamiento está en manos de la Cámara Nacional Electoral, que es el único organismo con competencia para intervenir. El primer error es que se dota de muchas responsabilidades a los organismos de control, pero no se los dota de los recursos necesarios para controlar con eficacia", planteó.

Diferencia. El contraste de panoramas no terminó allí. "Falta plata para hacer cruces de bases de datos impositivas, de propiedad, de flujo de inversiones y capitales para rastrear irregularidades. En Brasil estas herramientas dieron curso a investigaciones judiciales. Cuanto más se use la tecnología de la información en el control del financiamiento de campañas, mejor estaremos parados. El Estado argentino gasta no más de un millón y medio de dólares por año, y no sólo para control, sino para todas las tareas que se hacen desde la Cámara Electoral. Si se compara con lo que se destina en México, alrededor de 600 millones de dólares, dan ganas de llorar", concluyó Alonso.