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martes, 2 de junio de 2009

Kirchner: otro tono y el mismo discurso

Néstor Kirchner cambió sustancialmente el tono de sus discursos. Nadie sabe exactamente si por recomendación o no de sus asesores de imagen pero lo cierto es que el ex presidente ya no utiliza un mensaje encendido, evita los gritos y habla pausado, casi en voz baja cuando sale de recorrida electoral. Así se lo vio en el acto de Cañuelas donde cuestionó con dureza al campo por las agresiones que hicieron a diferentes dirigentes del kirchnerismo. Utilizó un tono apto para un sermón religioso pero las frases que pronunció no ayudarán a pacificar los ánimos: "Algunos cambiaron tanques por tractores", dijo.

Luego, con el mismo tono pausado y monocorde vinculó al titular de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, con "el discurso" de la última dictadura" y añadió que "cuesta creer que tres o cuatro inadaptados lo agredan a Daniel Scioli; con todo lo que se ha hecho".

A estas alturas ya nadie duda, y así lo han hecho público opositores y ruralistas, que las agresiones que recibieron tanto el gobernador Scioli como el diputado santafecino Agustín Rossi, o cualquier otro escrache que exista resulta repudiable. Cualquier tipo de agresión física o verbal es inaceptable y opera en contra de la vida democrática de un país. La misma regla le cabe a los escarches que grupos piqueteros o de izquierda alineados al Gobierno hicieron en otros tiempos contra militares o productores agropecuarios de soja en virtud de defender el modelo oficial.

Pero lejos de apaciguar los caldeados ánimos de los ruralistas las palabras de Kirchner enardecieron a los hombres del agro. Comparar los tanques con los tractores excede toda lógica y contexto histórico. El tono calmo y pacífico con que se pronunciaron estas palabras aparentó mostrar desde el atril proselitista a un Kirchner diferente: más reflexivo y pausado. Pero la vehemencia de las palabras no coincide en nada con las formas. Ya no hay actos multitudinarios con Kirchner arremetiendo duro y a los gritos o levantando el puño. Ahora hay charlas cerradas, con pocos bombos de militantes y un tono pausado. Aunque las palabras son las de siempre: aquellas que encierran la provocación permanente.

Según aseguran los allegados a Scioli, el gobernador bonaerense se sorprendió con las palabras de Kirchner cuando compartían el acto de Cañuelas. Scioli está dispuesto a regresar a Lobería este miércoles, al mismo lugar donde recibió agresiones de un grupo de ruralistas hace una semana. Tiene pensado ir sin custodia policial e incluso con la idea de dialogar con los hombres de campo. Pero Kirchner no parece haberle ayudado demasiado si tenía prevista esta estrategia pacificadora.

Por más tono pausado, casi sobreactuado, que impone Kirchner, si las expresiones no van acompañadas de gestos de tranquilidad y distensión el enfrentamiento campo-Gobierno irá creciendo. El mismo Rossi comentó hace unos días que los ánimos de ambos lados están muy exaltados y que se deberían poner paños frios para evitar un choque de fuerzas.

La Mesa de Enlace se reunirá en las próximas horas para definir si emite o no un comunicado oficial de repudio a las agresiones de ruralistas como pide Kirchner. Hasta antes de que hablara el ex presidente, había cierto consenso en que se emita un gesto de distensión para evitar que los hombres de campo sigan con las agresiones. Aunque había también coincidencias en requerir una respuesta del Gobierno ante los reclamos del campo. Pero el mensaje del ex presidente fue como nafta al fuego y nadie sabe ahora si habrá un comunicado oficial de las cuatro entidades para repudiar los escraches.

El tono de Kirchner no cambio el fondo. Los silencios y pausas del discurso del ex presidente seguirán siendo pura teatralización si no hay palabras que transmitan serenidad y vocación real por desterrar una antinomia social que cada vez se hace más profunda.

Martín Dinatale

Fuente: La Nación

viernes, 17 de abril de 2009

Póker de Crisis

Siempre existen temas de agendas en la sociedad los cuáles se acomodan en función de las coyunturas, pero que terminan definiendo los discursos de los candidatos.

En general las elecciones legislativas no tienen gran difusión, recuerdo acompañar a mi madre a votar a las elecciones del año 2005 y en la cola (en un horario pico para una elección a cargos ejecutivos como lo son las 17.30 hs.) no había más de tres o cuatro personas.

Sin embargo, en estas elecciones, es casi seguro que el panorama será bien distinto. Y esto por un sencillo motivo. El gobierno la ha posicionado como una elección plebiscitaria en un contexto donde la sociedad se ve acorralada por 4 crisis.

Una estalló el año pasado con el conflicto del campo. Sin lugar a dudas este conflicto afectó dos áreas de la sociedad. Por un lado, la irresolución del mismo perturbó  la actividad económica. La inversión del sector rural en la economía en general se frenó de manera intempestiva, lo que ocasionó una caída en los rubros metalmecánica y  construcción, pilares esenciales del crecimiento económico. Por otro lado y como expliqué en otro artículo, el discurso del gobierno posicionó al sector como un actor político (algo que sin lugar a dudas no era) generando el crecimiento de un sentimiento opositor en el interior del país. La incapacidad de resolver este conflicto por parte del gobierno, además suscitó la adhesión al reclamo de este sector de amplias porciones de gente  de la ciudad. Este conflicto será uno de los ejes que definirán los discursos proselitistas.

La segunda crisis viene importada. La crisis económica mundial ha provocado una caída gigante de la demanda internacional que impactará de lleno en nuestra economía en la segunda mitad del año. Si bien es cierto que el tipo de producción que realiza Argentina, básicamente alimentos, genera la oportunidad de no salir tan dañados de los efectos de la misma la irresolución del conflicto con el campo, prácticamente extermina, esta posibilidad. La crisis sin lugar a dudas, estará presente también en la campaña.

Otra de las crisis (aunque no la reconozcan como tal) es la crisis del dengue aunque si bien cierto que estas enfermedades suelen tornarse incontrolables una vez que estallan, sobradas experiencias tienen nuestros vecinos Brasil, Paraguay y Bolivia, hay dos cuestiones centrales que han golpeado de lleno al gobierno. La primera, es que las luces de alarma sobre la aparición del dengue se encendieron hace, al menos, dos años. 

Las medidas preventivas que se tomaron –principalmente en el ámbito de la comunicación- resultaron insuficientes por lo que la expansión de esta enfermedad se vio favorecida por las condiciones de vida de la población en general. La segunda cuestión está de nuevo dentro del ámbito de la comunicación, y se trata del intento por parte del gobierno nacional y de algunos de los gobiernos de las provincias más afectadas, de tratar de “ocultar” la enfermedad, principalmente a través de la manipulación de los datos estadísticos. 

La ausencia de políticas públicas preventivas y la manipulación de la información, son las grietas por las cuales se filtran las críticas al gobierno. Estos dos puntos también estarán en bocas de los políticos, principalmente de los opositores.

Por último, la crisis (aunque el problema en sí no es nuevo) de la inseguridad. Potenciada o no por los medios, los fenómenos de la inseguridad vienen in crescendo favorecido por el crecimiento también de la desigualdad de la distribución de los ingresos. Hay que dejar en claro que la violencia es producida a causa de la marginación, la brecha entre ricos y pobres y la falta de expectativas sociales y no por la pobreza en sí, la prueba está en que no todos los pobres son delincuentes, ni todos los ricos son decentes. El gobierno por ahora parece no tener respuestas a este problema y con su franco crecimiento, la inseguridad parece ser quizás el tema central de la agenda electoral.

En este breve artículo pretendo mostrar el panorama de los temas sobre los cuales girarán los discursos electorales.
Más allá de los discursos en sí, esperemos todos que quiénes asuman el 10 de diciembre puedan tener respuestas a estos problemas.

Daniel Roura

martes, 7 de abril de 2009

Adiós al mejor comunicador político de las últimas décadas

Alberto Borrini 
"Gracias a todos." El anuncio de la UCR, prueba de sus buenos reflejos políticos y evocador del "Ahora todos" con que el candidato Raúl Alfonsín cerró la campaña electoral de 1983, resaltó, de paso, una cualidad poco considerada de la personalidad del líder fallecido: su capacidad como comunicador, cualidad que también debería servir de ejemplo a políticos y funcionarios que ahora le rinden tributo, pero que incurren sistemáticamente en la grosería, la violencia y la agresión en sus comunicaciones.

Alfonsín fue el mejor comunicador de todos los presidentes que lo precedieron y sucedieron, de las últimas décadas. Su particular estilo provocó una fractura entre el discurso masivo y opaco del político tradicional, tronco del cual él mismo provenía, y el coloquial, cómplice, natural, que empleó durante su gestión.

Con la campaña que protagonizó, se inició la era profesional de la comunicación política en el país. Como estudioso del género, me pareció pertinente recoger en un libro las alternativas de la campaña que lo había reinventado, para poder analizarla en su contexto nacional e internacional, y compararla con las modernas campañas que ya se realizaban en Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia.

El libro se tituló Cómo se hace un presidente (Ediciones El Cronista Comercial) y vio la luz en marzo de 1984. Fue el primero en su tipo en el país; de hecho, lo inauguró.Pese a que mereció dos ediciones, no tuvo el éxito editorial que habría tenido hoy; es que, por entonces, los spots, los debates y el controvertido origen de los fondos no interesaban, como ahora, a vastos sectores del electorado.

Mi relación con el profesional a quien Alfonsín confió la campaña, su correligionario David Ratto, facilitó mucho el trámite. En largas sesiones, repasamos los videos de todos los spots, alrededor de treinta, cuyos guiones fueron grabados e incluidos en el apéndice del libro, así como los textos del resto de la campaña.

De los varios capítulos, uno se consagró al aspecto económico; las compañas de todos los candidatos costaron ese año alrededor de 9 millones de dólares, cifra que tres lustros después, en 1999, se empinó hasta alcanzar el récord de más de 100 millones de la misma moneda.

Ratto, después de acordar con Alfonsín la forma de trabajo, convocó a colegas a los que sólo puso como condición adherir al ideario del candidato. Los que finalmente integraron el primer elenco creativo de la comunicación política profesional fueron Gabriel Dreyfus, Felipe Flischfisch, Horacio Genta y Marcelo Cosín. Otros correligionarios, Emilio Gibaja, Pablo Gowland, Germán López, tomaron a su cargo distintos aspectos de la campaña.

Los cuatro puntos

La confianza en la comunicación que profesaba Alfonsín se manifestó plenamente en la confesión que hizo a su asesor durante una de las primeras reuniones del equipo, en marzo de 1983. "Podemos ganar por 42 a 38. Pero estoy convencido de que esos cuatro puntos dependerán en gran medida de la publicidad", dijo. Ganó por una ventaja mayor, y la campaña, como previó, resultó una de las razones del triunfo.

Parte importante

Alfonsín actuaba como si la comunicación fuese una parte, y no precisamente la menos importante, de los hechos. Dejaba la impresión de que pensaba primero en el mensaje, en ese contacto con el público que consideraba fundamental. No era de la generación de los líderes televisivos; sin embargo, se movía ante las cámaras como si las hubiera inventado, con la misma naturalidad que en los mítines.

Las cámaras fueron las primeras en regodearse con los gestos y las miradas a sus amigos que precedieron al discurso de asunción en el Congreso; la televisión es antiprotocolar, y por primera vez se encontró con un presidente que parecía, en esa ocasión solemne, ser su cómplice.

El anuncio con que La Nacion lo despidió constaba de una sola palabra, "democracia", que, pese a su deliberada pequeñez, dominaba un gran espacio en blanco, símbolo de transparencia y honestidad; pero resultó, además, una alusión conceptual y amable a la campaña del líder fallecido, porque las letras RA, sus iniciales y de la República Argentina, resaltadas en el título en negrita (y también en el encabezado del mensaje posterior de la UCR) habían sido impresas en aquel famoso óvalo azul y blanco que constituyó uno de los aciertos de la campaña.

Por mero azar, la alusión a la publicidad de Alfonsín fue doble, porque el mensaje del diario fue creado por Fernando Fernández, un creativo consagrado, formado al lado de Ratto, que participó del clima de la campaña electoral, y que se considera uno de sus discípulos.

Fuente: La Nación

domingo, 5 de abril de 2009

Fundamentos discursivos del fenómeno antikirchnerista

Por Horacio Honzalez*

Me demoro un momento en un artículo reciente de Noticias, repleto de mala fe y forjado con el modelo de los afiches del far west: “buscados”. Se trata en él de lo que denominan las “usinas intelectuales del Gobierno”. Además de estar concebido como una orden de captura, su molde es la clásica retórica del periodismo amarillo: la suficiencia de un saber (“cómo funciona”); la presuposición de una confabulación (“la usina”) y el anuncio perdonavidas de un concepto prejuicioso y potencialmente persecutorio (“ideológica” del Gobierno). No nos sorprende esta conocida fusión entre periodismo y cacería. Pero como verdaderas herencias del amarillismo de derecha, mantiene pretensiones culturales. Es necesario entonces hacer otras consideraciones.

La pregunta sobre cómo se financia la “usina” pertenece al campo del amarillismo semiológico: algo se haría en sigilo, a nuestras espaldas, y necesitamos saberlo. Dicho en otras palabras, este periodismo del bajo folletín es también una degradación de la investigación periodística, convertida en una transposición de lo que se llamó así en el pasado inmediato. No desentrañar secretos y olvidos que afectan a una verdad, sino enmarañar la verdad para que se olviden los efectivos poderes que están en juego. La vieja expresión, amarillismo, forjada hace casi más de un siglo, presupone trabajar con el color más intenso para despertar las sospechas oscuras del folletín.

El sentido general de esta nota obtusa remite al esquema de fondo de la Editorial Perfil: las acciones sociales son investigables, por principio, en nombre de presuponerlas fundadas en una estructura general de corrupción. Quien las investiga es un neocruzado que hereda el amarillismo de la prensa puritana de finales del siglo XIX, en el que se piensa que el mundo sólo puede ser redimido por la homilía periodística. Todo ésto como recomposición del capitalismo ascético.

Las excepciones de Walsh en la Argentina y Raymond Chandler o Dashiell Hammett en Estados Unidos –donde la investigación la realiza un hombre débil, juguete de los acontecimientos y que termina pagando el precio de su osadía– no pueden ocultarnos que el poder periodístico más injusto y negligente es el que mantiene ahora el arquetipo de la revelación del escándalo.

¿Qué es el escándalo? La palabra proviene del griego skándalon, trampa u obstáculo para que alguien caiga. No deja de tener hoy esa acepción, pero bien entendido, es un reagrupamiento de sentido sobre los hechos presuponiendo su esencia en un insondable aquelarre. Hay que procurar los medios para que destilen lo que “encerraban”, para que suelten su enigma y se perciba la vergüenza de su lenguaje recóndito. Dejar a la vista el escándalo, o ver lo real en tanto escándalo, implica denunciar un lenguaje que no se acomoda a las lenguas habladas por el poder comunicacional más trivializado. He aquí Perfil y sus contratos de lectura, como diría Verón.

Por eso, para este tipo de amarillismo calificado, “escándalo” significa no tanto caer en la trampa, sino que todo hecho es una trampa y debe ser revelado como tal, si es posible, poniendo afiches en las calles contra los réprobos. Y es lo ocurre en los kioscos con la tapa de Noticias. Esa revelación es súbita, pública y supone un juicio sumarísimo por la prensa. La revista Noticias y el diario PERFIL son herederos de esta noción del escándalo, pero su aparente novedad es que también la aplican a la vida intelectual. La potencialidad escandalosa de la noción de lo “intelectual” –reconocidamente dificultosa: su mención siempre fue problemática– debe ser también revelada. De ahí las imprescindibles preguntas como “quiénes son y cómo se financian”, por un lado, y la atención que se presta a las vicisitudes que presenta el lado querellante del oficio intelectual, valorando los lenguajes que de allí provienen sin el habitual recurso a la “divulgación”. Esta es una paradoja interesante en el caso de Perfil, pues sostiene un interés en los estilos intelectuales y en ciertas aspiraciones de la crítica que no es propio de los sectores centrales de la prensa, que a su vez heredan la tradición de “darle al lector urbano, contemporáneo y de masas, lo que pertenece a su nivel de comprensión”. Este último –la estandarización– es el ejemplo de Clarín que no suele admitir niveles propios de la lengua intelectual. Este diario hace ingentes esfuerzos como instancia unificadora de lenguajes, para homogeneizar la escritura como acto de dominio pedagógico.

No es el caso de Perfil, que admite la hipótesis de la convivencia de una lengua específica con una lengua general –es decir, un periodismo que acepta planos heterogéneos– pero que suele reservarse el juicio final del escándalo (“cómo se financian”) cuando es necesario destruir un lenguaje elaborado con exigencias singulares con los afectos del lenguaje general de la sospecha. Sin vueltas, se trata del infundio como forma expositiva, la deformación de los actos como intencionada ruptura con la fidelidad narrativa y el arreglo de los hechos a una hipótesis moralizante, último refugio mendaz de esta técnica distorsiva.

En cuanto al artículo de tapa al que nos referimos, titulado “Cómo funciona la usina ideológica del Gobierno”, no importa que se desmienta la propia pregunta en el contenido de la propia nota: precisamente esa distancia entre la titulación (las encubiertas operaciones retóricas sobre el texto) y el texto mismo es un derecho que prácticamente todo el periodismo de masas se ha autorizado como parte de su ética basada en el jurisprudencia del escándalo. Esa distancia es el triunfo del periodismo moderno de masas, ante el fracaso de dirigirse realmente al lector ciudadano en el que había pensado el siglo XIX, que por respeto no era juzgado merecedor de tales distancias irracionales entre el cuerpo del texto y su presentación. Perfil ha abusado de esa distancia y la ha ampliado irracionalmente. Cuerpo y cerebro no se pertenecen: he allí su verdadero escándalo.

Sin embargo, todas sus notas se basan en fórmulas de la pesquisa decimonónica. Los detectives fueron inventados por una noble literatura de folletín de alto nivel, lo que fue denominado por Balzac la “comedia humana”. En el caso de Perfil, gira todo este material de “investigación crítica” de las “usinas” –viejo nombre que las derechas serviles le dan a la cultura y hacia todo lo que los afecta– hacia el amarillismo intelectual y remata con la noción central del grupo editorial: Caras. Hay caras. En efecto, su sinopsis de ideas periodísticas se resuelve en la revista Caras, que juega con la desconexión total de los hechos de la historia en virtud de la presentación del rostro (entendido como ideología resumida de la existencia) como una forma del escándalo. Tener un rostro es un escándalo. Hay que investigarlo.

Y así, rostros al borde de piscinas, fotografiados en sus casas para mostrar las vidas aprobadas, vidas hedónicas que son un signo de oscuro consuelo –antiquísima técnica de los poderes monárquicos, feudalismos que el gran periodismo verdaderamente crítico supo desnudar y superar– conviven con los rostros de los investigados, de los que cada domingo van a ser enviados al cadalso por Noticias y salvados en el purgatorio de Caras. Estos dos hemisferios complementarios posee la ideología de Fontevecchia. Todo cuanto trata presupone la condena o la salvación de un rostro. Ha descubierto algo fundamental, manejado turbiamente: las caras (o las noticias manejadas como rostros) son nuestro paso por el mundo. Verlos en un trono (“cómo vive tal o cual”) o afichar la ciudad con las fisonomías réprobas (“quién los financia”) es un grosero pensamiento. Amarillento, pegajoso, craso.

PERFIL tiene una columna que queremos comentar, la de Eliseo Verón, respetado profesor de una vastísima trayectoria, del cual recordamos sus comienzos en Cuestiones de Filosofía (una gran revista de comienzos de los sesenta, de la cual salieron sólo tres números), sus lecturas de Merleau-Ponty, luego cambiadas por las de Lévi-Strauss y luego una imaginativa semiología, una pletórica teoría del discurso, que sin embargo, poco a poco lo fue llevando hacia fuertes compromisos empresarios que no le quitaron su calidad intelectual sino –al menos para mí– su capacidad de interpelar a su tiempo y a los núcleos problemáticos más vívidos de la época. No decimos más, pues si decimos que cada mención de un nombre en los dominios de Fontevecchia es una denuncia que va hacia las mazmorras metafóricas o hacia la salvación hagiográfica, no incurriremos en el mismo estilo. Y recomiendo que siempre lo hagamos para elevar el nivel de relaciones críticas entre todos, se trate de quien se trate.

Verón, junto a Silvia Sigal, había escrito hace muchos años un libro muy importante, Perón o muerte, fundamentos discursivos del fenómeno peronista, en el que analizaba una lucha dantesca –no una comedia humana sino una divina comedia– entre Perón y los Montoneros, a través de la configuración enunciativa como retórica general de la existencia política. Magnífico y arbitrario, el libro deshistorizaba la lucha pero por otro lado, la politizaba en extremo, pues sostenía que la hipótesis de partida, un peronismo compartido entre distintas interpretaciones del mundo, sólo podía ser un malentendido que después resultó en una guerra. Consecuencia inevitable de una gran conflagración hermenéutica, basada en apropiaciones y desvíos de grandes narraciones que finalmente establecerían la fusión entre lenguaje y muerte.

El libro hoy podría ser escrito de otra forma, pues ideas como el malentendido y la figura del lenguaje como sujeto de las prácticas tienen valor duradero, y es obvio, están en toda la filosofía antigua y contemporánea. No inventó nada nuevo Verón pero lo expuso convincente y polémicamente, a la luz de los años alfonsinistas, que venían a reproponer la relación entre discurso y ciudadanía, expurgando malentendidos y dándole transparencia a la relación entre lenguaje y poder, esto es, creando ciudadanos y no figuras de guerra. ¿Fue así o no pudo ser así porque estas atractivas teorías del significado del lenguaje no pueden sin más resolverse en una pobre teoría política liberal?

Quizás no resumo bien un libro complejo, pero quiero ir a lo que ahora me preocupa. El artículo, o “columna” –según la denominación habitual– de Verón en PERFIL. Sale el mismo domingo en que la revista Noticias nos fulmina contra el paredón de los kioscos porteños. Su título es “Hagamos política”, y apelando a una asociación que llama inconsciente, cita al filósofo Jacques Rancière para afirmar una curiosa tesis que sin dudas está en Rancière, pero tratada por Verón a pedir de boca de ese número de PERFIL. Se trata, lo más finamente que se pueda decirlo, de llamar a votar contra el Gobierno (que hace, como todos, un tipo de política que Rancière ha llamado, recuerda Verón, de “policía”), pero no de un modo en lo que harán muchos ciudadanos, que como se sabe serán muchos, sino diría, –perdón por la redundancia– de una manera destituyente. Como esta palabra tiene sabor filológico, y ahora es de uso habitual, no veo mal recordarla.

Verón nos dice que en nombre de un festejo de la contingencia política, verdadera forma de irrupción en la disparidad social, habría que producir la cesura de la relación entre competentes e incompetentes. Se lo haría mediante una pregunta que llama provocativa y escandalosa: “¿Y si la democracia fuera el poder de cualquier persona, la afirmación de la contingencia de toda dominación?”. Por lo que una regla de azar, tirar los dados para ver quién ocuparía el máximo poder (dice estar pensando en la próxima elección legislativa), resolvería el hiato entre la política y la disparidad social que origina toda administración. Llama entonces a hacer uso de ese golpe de dados mallarmeano, diciendo sin duda respetar el republicanismo, pero se trata ahora de impedir que los “incompetentes” sigan gobernando.

La piel del artículo de Verón es interesante, su glosa de Rancière es aceptable, su argumento resulta atractivo y nos ilusiona con un trato complejo con la materia que invoca. Como siempre. Pero ahora –también habla de escándalo de este pensamiento, en el sentido de que se halla en un lugar que no tiene lugar: aceptamos– lleva el argumento hacia una convocatoria que no hubiera deslucido hace algunos meses en el Monumento a los Españoles –aunque Rancière, estimable filósofo, es francés– y la resuelve en un contingencialismo absolutista que termina volcando una interesante filosofía en una vulgar maniobra semiológica. Ante las elecciones, nos estaría sugiriendo que del conjunto de cuarenta millones de habitantes, y que no sufra el republicanismo, elijamos a uno al azar. La prosa es fina, la intención es grosera. ¡Quizás sale él! ¡Que lo nombre de ministro a Fontevecchia! ¿O habrá que aplicar también el azar para los ministros, si es que hay ministros?

Así como en Fundamentos del fenómeno peronista se lo ponía a Perón entre la opción del lenguaje autotransparente o la muerte –el análisis era sin duda interesante– ahora a Kirchner se lo pone –muchos años después, mucho más rápido, sin tanto artificio y apenas como un rápido comentario al autor de El desacuerdo– como un falso experto, un impostor que dijo estar capacitado, con lo cual “los fundamentos del fenómeno kirchnerista” vienen a coincidir con lo que Perfil viene diciendo hace rato. Ya se sabe. Hay que sacarlos rápido, no entienden la relación entre expertos y azar, disfrazan de gobernabilidad la urgencia (¿cómo, a Verón no le gustaba el azar, una forma del decisionismo y la urgencia?). Nada nuevo: ¡Fontevecchia y Rancière, un solo corazón! El sakándalon se ha consumado. Próxima entrevista de Caras: Rancière. Un hombre que nunca hubiera ido al Monumento anteriormente referido.

No estoy enojado sino un poco resignado, aunque la vida y la historia deberán refutar estas tosquedades, aún revestidas de una capa de finura intelectual. Escribo esta nota tan sólo para los amigos y para que circule –quizás con la benevolencia de éstos, por los medios habituales de reproducción en cadena–. Ya Ricardo Forster puso en su lugar a los mequetrefes. Sólo tengo para agregar que la miserable nota manoseadora no sólo tiene el error de inducir a una idea de lo intelectual que debería resolverse, según ellos, en ideas “no deshonradas” por cargos (en vez de suponer que ciertos cargos pueden cargarse, valga la redundancia, de fuerza intelectual), no sólo apila situaciones falsas armadas con prejuicios persecutorios, sino que infama a una figura como David Viñas, quien no participa de Carta Abierta aunque nos enriquece continuamente con su diálogo y su amistad. La verdad, sus noticias no tienen cara, no son buenos ni de perfil.

*Sociólogo y director de la Biblioteca Nacional.

Fuente: Perfil

lunes, 2 de marzo de 2009

Recopilado de frases de George W. Bush

"Africa es una nacion que sufre una increible enfermedad" (rueda de prensa. 14/9/00)

" He hablado con Vicente Fox, el nuevo presidente de Mexico, por el petroleo que ellos enviaran a Estados Unidos. Asi no dependeremos del > petroleo extranjero" (primer debate presidencial 10/3/2000)

"La mujer que sabia que sufri dislexia...¿como lo sabia si yo nunca me entreviste con ella? (California, 15/9/2000)

"La gran mayoria de nuestras importaciones provienen fuera del pais" ((NPR's Morning Editng. 26/9/2000)

"Ustedes tambien tienen negros?" (Al entonces presidente de Brasil Fernando Cardoso, en Sao Paulo. 28/4/2002)

"Solo quiero que sepan que cuando hablamos de guerra, en realidad estamos hablando de paz" (Washington, 18/6/2002)

"Nuestros enemigos son innovadores e ingeniosos, pero nosotros tambien. No cesan nunca de pensar en como dañar a nuestro pais y a nuestro pueblo. Nosotros tampoco" (Washington 5/8/2004)

"Un presidente nunca puede decir nunca" (Declaracion sobre la guerra, antes de partir a Europa, febrero 2005)

"Cuando hice la campaña en 2000, dije ""quiero ser un presidente de guerra"". Nadie quiere ser un presidente de guerra, pero yo lo soy" (Iowa, 26/10/2006)

"Nosotros estamos preparados para cualquier imprevisto que pueda ocurrir o no" "Deberia preguntarle al que me hizo la pregunta. No tuve oportunidad de preguntarle al que me hizo la pregunta. ¿De que pregunta se trata? (Austin, Texas 8/1/2001)

"Se que en Washington hay muchas ambiciones. Es natural. Pero espero que los ambiciosos se den cuenta de que es mas facil triunfar con un exito que con un fracaso" (Entrevista de la Associated Press. 18/1/2001)

"El apagon de California es verdaderamente resultado de que no hay suficientes plantas generadoras de energia y entonces no hay energia suficiente para energizar las plantas de energia" (entrevista de The New York Times, mayo/2001)

"Demasiados buenos doctores estan abandonando su profesion. Demasiados ginecologos ya no pueden practicar su amor con las mujeres de este pais" (Missouri 6/9/2004)

"Los que penetran en el pais ilegalmente estan violando la ley" (Arizona, 28/11/2005)

"Yo mantengo todas las declaraciones equivocadas que hice"

"Un numero bajo de votantes es una indidacion de que menos personas estan yendo a votar"

"No es la poblacion lo que esta perjudicando el medio ambiente. Son las impurezas en nuestro aire y agua que hacen esto"  

"Nosotros tenemos un firme compromiso con la OTAN. Nosotros formamos parte de la OTAN. Nosotros tenemos un firme compromiso con Europa. Nosotros formamos parte de Europa"

Gracias Catalina por el envio