











Comunicación Política. Campañas electorales. Comunicación Gubernamental. Escándalos. Polémicas. Comunicación de crisis.













Por Santiago O’Donnell
Tea Party. Que se vayan todos. Es la manera más fácil de entender este movimiento nuevo que barre las praderas de Estados Unidos, el Tea Party Movement. Hay crisis, la gente está enojada. Un diario todavía poderoso, el New York Times, tiene la ocurrencia de reproducir una encuesta. Uno de cada cuatro norteamericanos tiene una opinión favorable del movimiento Tea Party. Uno de cada tres opina bien de los demócratas y uno de cada dos, de los republicanos. Buena idea la del Times. Impacto inmediato. Ahora que la jauría de la cadena Fox los corre por derecha, los diarios tradicionales tienen que estar atentos a las movidas populistas.
Pero en términos de capital político, el movimiento Tea Party no representa nada. La frase “tea party” en Estados Unidos es sinónimo de “rebelión fiscal”, pero nadie ha dejado de pagar sus impuestos. Los adherentes al movimiento dicen que están cansados de pagar y que quieren pagar menos, pero no dicen que no van a pagar más. No tienen líderes orgánicos, no tienen programa, no tienen estructura, ni siquiera salen a cacerolear. Desnudan la debilidad de los partidos políticos pero no se ofrecen como alternativa.
Su actividad se limita a expresiones en foros de Internet y protestas públicas que se hacen en los feriados patrios (ver foto) y el día de cierre para las declaraciones de impuestos en los distintos estados. Su filosofía es algo inconsistente: quieren bajar la deuda pública pagando menos. Lo que se ignora no puede hacer mal: en otra encuesta, el 80 por ciento de los adherentes al movimiento dijeron no saber que el paquete de estímulo de Obama les había bajado los impuestos al 90 por ciento de los estadounidenses. Esas noticias no salen mucho en la Fox, la cadena que promueve descaradamente cada convocatoria de su movimiento.
Tienen, sí, referentes que se valen de la frase y del movimiento para hacer campaña en contra del gobierno. Hablan sencillo, critican a la burocracia de Washington y se quejan todo el tiempo de lo que gasta Obama. Como el melli D’Angeli, acusan al gobierno de ser un enchastre. La más importante es Sarah Palin, la candidata republicana a la vicepresidencia en la última elección. Esa que contestó, cuando le preguntaron por los desafíos de la política exterior: “Tenemos a Rusia... ahí cerca...”, y no pudo agregar nada más.
Tea Party. Suena bien. La frase se refiere al acto fundacional de los Estados Unidos, el equivalente al Cabildo del 25 de Mayo. En 1773, los patriotas de Boston, cansados de pagar impuestos, se suben a un barco y vacían al mar un cargamento de té. Y Boston fue una fiesta, y vino la Guerra de la Independencia, y los padres fundadores plantaron bandera y escribieron la Constitución y Yankee doodle dandy. ¡Viva la patria!
Tea Party para poner al negro ése en su lugar. No es casualidad que el perfil del adherente medio sea blanco, pobre, poco educado, libertario o conservador. Las crisis económicas sacan a relucir el costado xenófobo y racista de las sociedades. Encima Estados Unidos viene de elegir a su primer presidente negro.
Si uno está cansado de verlo sonriendo por televisión, si le molestan los diseños africanos de la primera dama, si está harto de todas esas películas que salieron ahora con un negro haciendo de héroe, si está convencido de que los negros son todos chorros y por eso llenan las cárceles, y si encima lo echaron de su trabajo por la crisis pero imagina que fue por no pertenecer a una minoría protegida, entonces no puede decir “saquemos a patadas de la Casa Blanca a ese negro de mierda.” Lo podrían acusar de racista. Entonces dice “Tea Party” y se entiende igual.
Los negros no estuvieron en el Tea Party de Boston porque estaban en el sur cosechando tabaco y algodón para sus amos. Y nadie le hizo un Tea Party a Bush por llevar el déficit a cifras astronómicas ni por darles un megarrescate a los banqueros de Wall Street. En la Tea Party versión 2010, los negros vendrían a ser los sacos de té que el movimiento quiere tirar por la borda. Porque no es sólo Obama. Obama es la consecuencia de 20 años de Acción Afirmativa que el padre del populismo norteamericano, Ronald Reagan, tuvo a bien abolir en los ’80: las cuotas para las minorías en los empleos, el traslado forzoso de chicos negros pobres a las escuelas de blancos ricos, los fiscales federales enviados a Alabama para dificultar los linchamientos de los seguidores de Martin Luther King, los programas para obligar a los blancos a compartir con los negros el asiento del colectivo. Todo ese gasto en programas estatales para igualar las cosas, y ahora hay un negro en la Casa Blanca que sigue gastando los impuestos que todos tienen que pagar. Y encima rescata a los banqueros y a los dueños de las automotrices y ahora pide otro dineral para reformar el sistema de salud.
Tea Party. Kill the bill. La derecha no tiene muy buenas razones para oponerse a una legislación que bajaría la cuota de las prepagas y extendería la cobertura a más de veinte millones de personas que hoy no la tienen. Salvo que no es momento para grandes gastos porque hay crisis y la gente no quiere pagar más impuestos. Entonces se valen del movimiento para eludir el debate de ideas y gritan “Kill the Bill”, maten la ley de Obama, en los sitios web y las protestas del movimiento. Los legisladores demócratas se asustan. Se vienen las elecciones y no quieren ser víctimas del Tea Party. Bill sigue vivo, esperando el voto del Senado, demócratas y republicanos saben que es la gran batalla política del gobierno de Obama y que muy bien podría definir las próximas presidenciales. Por ahora los demócratas tendrían número si consiguieran ponerse de acuerdo, pero despues de las legislativas del 2011 el porotaje podría cambiar.
Tea Party. No gasten más. En el imaginario popular estadounidense son los demócratas los que gastan y los republicanos los que ahorran. Pero no es tan así. Al principio sí, pero ya no. Primero vino el “New Deal” del demócrata Franklin Roosevelt y sus recetas keynesianas para salir de la Gran Depresión. Después llegó Hoover, el fiscalista republicano, para llenar de agujeros al Estado de bienestar. Más tarde Lyndon Johnson y todo el empuje al movimiento de derechos civiles y sociales de los negros. Después Nixon para decir basta.
Todo cambió con la llegada los populistas de derecha y los demócratas autoproclamados “fiscalmente responsables”. Ahí se dio vuelta la tortilla. Primero vino la “Reagan Revolution” de los republicanos, que disparó el déficit con recortes de impuestos para las empresas y mucho gasto militar. Después llegó el ajuste del demócrata Clinton, que llegó al déficit cero desmembrando el programa espacial, encogiendo al Departamento de Estado y congelando la planta de empleados públicos. Después, con la “cultural revolution” de George W. Bush, volvió el déficit record con descuentos impositivos para los ricos, “vouchers” para escuelas, escudo antimisiles y guerra global.
Después llegó Obama con su discurso de demócrata fiscalmente responsable, pero también de Gran Transformador. Dice que va a terminar con el déficit en cinco o diez años, pero no dice cómo lo va a hacer y cada mes anuncia un nuevo paquetazo. Primero los rescates para salir de la crisis, después la reforma de salud, ahora quiere reconvertir la economía a energía limpia y ayudar a las Pymes. Todos objetivos atendibles, pero caros. Y la gente está asustada. Y algunos no le perdonan que sea negro. Y no le creen que va a cuidar el mango y que no va a subir los impuestos. Ya no les creen ni a los demócratas ni a los republicanos.
Entonces se juntan y gritan ¡Basta! ¡Tea Party! ¡Viva la patria! ¡Kill the bill! Como expresión política no quiere decir mucho, pero sirve para el desahogo. Y para apretar al Congreso para que no siga gastando. No porque piensen que el gasto estatal originó la crisis, sino porque piensan que no es la solución.
Sobre todo gritan ¡Tea Party! para complicarle la vida al negro Obama, que necesita dólares y leyes para hacer política. Que no haga nada, le gritan, que se vaya, que se vayan todos. Tea Party hasta que lleguen tiempos mejores.
Fuente: Pagina 12
WASHINGTON.- Un soplo de aire fresco y de energía pareció adueñarse ayer del gobierno de Barack Obama, apenas un día después de que el presidente se jugó a fondo con un discurso en el que ratificó su objetivo de aprobar este año la controvertida reforma del sistema de salud.
Un primer efecto parece haber sido la recuperación de la confianza en el presidente. Si bien son datos aún precarios, los sondeos coincidían ayer en reflejar un fortalecimiento de la imagen presidencial, que llegó al discurso de anteanoche en su peor momento de popularidad, con dudas y cuotas de desconfianza en más de la mitad de los ciudadanos.
Lejos de esa onda negativa, un sondeo de la cadena televisiva CNN arrojó que el 70% de quienes vieron el discurso se mostraron "satisfechos" con la actitud presidencial.
Semejante índice de aceptación posiblemente revela una alta presencia de demócratas entre los consultados, según admitieron los propios realizadores del sondeo.
Pero, aun así, la tendencia es clara. Y ayer, hasta los republicanos admitían que Obama había salido fortalecido tras su intervención. "Hay un cambio de escenario", fue la expresión con que se admitió que el 52 por ciento de rechazo que llegó a tener la reforma era un dato del pasado. Según CNN, el apoyo a la reforma de Obama creció tras el discurso al 67 por ciento.
La otra "suerte" que tuvo el presidente fue que uno de los legisladores republicanos que lo escuchaba se enardeció, perdió los estribos y lo insultó en pleno discurso. Eso trajo la consecuente disculpa pública posterior, gesto que -con la gentil aceptación del caso- dejó a Obama en mejor posición que a sus críticos de derecha.
"¡Usted miente!", espetó en pleno discurso del presidente el congresista republicano por Carolina del Norte Joe Wilson. "No, no miento", respondió Obama, sin perder la calma.
El incidente generó un verdadero escándalo, en el que se cuestionó la falta de respeto y la descortesía mostrada por el colérico protagonista. Tanto que fueron sus compañeros de bloque los primeros en pedirle que se disculpara. "Mi comentario fue inapropiado y lamentable. Pido perdón y extiendo mis sinceras disculpas al presidente por mi falta de educación", sostuvo Wilson en un comunicado.
La Casa Blanca se frotaba las manos. La reacción enardecida del republicano calza perfectamente con la campaña de exasperación y miedo que el equipo de Obama viene denunciando por parte de la oposición de derecha.
El presidente aceptó la disculpa. Pero el vicepresidente, Joe Biden, se regocijó un poco en la herida ajena. "Sentí vergüenza ajena. Wilson denigró a la institución [parlamentaria]", cargó el vicepresidente, y anticipó que la reforma del sistema de salud será aprobada antes de noviembre.
Los republicanos recogían vela como podían. "Tiene que quedar en claro que el presidente de los Estados Unidos siempre es bienvenido en el Capitolio. Merece respeto y decoro", dijo el titular del bloque en la Cámara de Representantes, Eric Cantor.
Tan incómodos quedaron ayer los hombres del partido de George W. Bush que el ex candidato presidencial John McCain moderó el tono de su crítica.
"Admito que hay que hacer algo con el sistema de salud. Pero lo que pedimos es que se dialogue y que se haga con acuerdo de los principales partidos", dijo McCain, quien opera como vocero de hecho de la oposición republicana.
Ayer, con el viento en la nuca de la popularidad de nuevo en alza y el traspié republicano como telón de fondo, Obama volvió a la carga, con una renovada prédica para sacar adelante la reforma. "Sigo abierto a todo tipo de sugerencias y de ideas. Pero lo que no podemos hacer es seguir como estamos y aceptar la situación actual", afirmó, tras reunirse su equipo de asesores en la materia.
Entre sus esfuerzos por retomar la iniciativa, el presidente mantuvo también ayer una reunión con un centenar de enfermeras de todo el país. "No voy a permitir que se posponga la reforma", dijo el mandatario, que se hizo eco de las nuevas cifras que publicó ayer la Oficina del Censo, según las cuales el número de personas sin cobertura médica aumentó en un millón de afectados en los últimos 12 meses, para situarse ahora en 46,3 millones.
"Nadie debería ser tratado así en Estados Unidos. ¡Nadie!", clamó el presidente, para quien ya ha habido demasiadas "distracciones" y ha llegado "el momento de actuar" con la provisión de salud a la población.
Desde hace años, la Casa Blanca viene tropezando con intentos por reformar un sistema de salud, considerado caro e ineficiente. Buena parte del modelo descansa en la prestación de servicios por parte de aseguradoras privadas que no tienen competencia estatal y que, por su esquema de negocios, buscan, como prioridad, obtener beneficios para sus accionistas.
Fuente: La Nación
Mario Diamint para La NaciónMIAMI.- Con tres películas basadas en presidentes contemporáneos, Oliver Stone se ha convertido en el preeminente cronista de las historias íntimas de la Casa Blanca. Pero a diferencia de JFK y Nixon , sus anteriores producciones, W. , la película basada en la caída y ascenso (y probable caída final) de George W. Bush, es la primera en tratar de capturar dramáticamente la carrera de un presidente mientras aún se encuentra en ejercicio. El ejemplo más cercano de este tipo de inmediatez es The Queen , de Stephen Frears, con Helen Mirren en el papel de Isabel II.
Esto habla de la audacia y de los riesgos que asumió Stone. A menos que se trate de una parodia, no es fácil insuflar vida a personajes que uno puede ver por televisión en su versión original apenas deja la sala. La mente humana, como la historia, necesitan de distancia y perspectiva.
Pero para Stone la tentación era demasiado grande. Como lo explicó en una entrevista: "Los Estados Unidos se han definido en los comienzos del siglo XXI como un Estado-cowboy y Bush ha expresado, hiperbólicamente, toda la mentalidad de cowboy que el mundo atribuye a los Estados Unidos".
La película es fascinante en muchos sentidos. Josh Brolin hace una notable recreación de Bush al punto de que, por momentos, uno cree estar viendo al verdadero, y lo mismo puede decirse del resto del elenco, que incluye a Richard Dreyfuss (como Dick Cheney), Elizabeth Banks (Laura Bush), James Cromwell (George H. W. Bush), Scott Glenn (Donald Rumsfeld) y Toby Jones (Karl Rove).
Ascenso hacia el poder
La narración arranca en los años universitarios de George W., cuando no era otra cosa que un chico bien, sólo interesado en el béisbol, la cerveza, el juego y las mujeres y termina con la guerra en Irak, cuando, desconcertado, descubre que Saddam Hussein no tenía armas de destrucción masiva. Entre ambos períodos se teje una historia que recoge su prematuro resentimiento, la infructuosa búsqueda de aprobación paternal, su conversión religiosa y, finalmente, la presidencia.
Al margen de las consideraciones artísticas y el necesario cuestionamiento de la verdad histórica que surge de una película que es, en el mejor de los casos, una recreación, y en el peor, una mera invención, queda la reflexión que W. propone acerca de la naturaleza del poder y las calificaciones de quienes lo ejercen.George W. Bush nunca debió haber sido presidente del país más poderoso del planeta, del cual, en mayor o menor medida, depende el bienestar del resto del mundo. Nunca tuvo las condiciones, ni la preparación, ni el criterio ni la estatura para asumir semejante responsabilidad.
Esto lo supo su padre y lo sabe hoy el 75 por ciento de los norteamericanos que opinan que el país fue llevado en la dirección equivocada. Cuando un periodista le pregunta cuál será su lugar en la historia, Bush responde: "¿La historia? En la historia estaremos todos muertos".
La mayor virtud de Bush, según lo advierte Karl Rove, es que es la clase de persona con la que uno quisiera tomar una cerveza. El concepto se convirtió en un slogan de la campaña y ha sido resucitado una y otra vez, a pesar del decreciente número de personas deseosas de compartir una cerveza con él. Esta noción de que un presidente debe ser elegido a partir del más bajo denominador común, de que no tiene que tener otra aptitud que la de parecerse a la mayoría, puede resultar una aspiración muy democrática pero es una fórmula de desastre, como lo han demostrado estos últimos ocho años.
Pero la fascinación por la simpleza o la ignorancia disfrazada de simpleza es un arma política poderosa. Fue la que convirtió a Sarah Palin en candidata a vicepresidenta y a "Joe el plomero" en una sensación mediática. Y hay algo que conecta a Bush con "Joe el plomero". Ambos se han revelado como un fraude. Bush podía ser el cowboy con quien compartir una cerveza, pero sus políticas no estaban destinadas a beneficiar a la gente común.
"Joe el plomero", exaltado como el arquetipo del norteamericano común, terminó no siendo ni arquetipo ni plomero, sino un racista impenitente, que debe dinero de sus impuestos y practica su profesión sin licencia. La simpleza, está visto, puede a veces resultar bien complicada.

MIAMI.- El pasatiempo favorito de los analistas políticos, en estos días finales de la campaña presidencial norteamericana, es imaginar los posibles escenarios capaces de producir una sorpresiva victoria de John McCain.
El solo hecho de que esta contingencia se haya convertido en un juego de especulación en la prensa indica la considerable certidumbre que prevalece en casi todos los medios políticos de que la suerte está echada y Barack Obama será el próximo presidente.
Quien haya leído los artículos en la última semana podría tener la impresión de estar al día siguiente de los comicios. La tónica general consistió en analizar por qué fracasó la campaña de McCain y cómo gobernará Obama.
Pero la historia electoral de Estados Unidos registra algunos reveses mayúsculos, y una contienda tan excepcional como la presente podría muy bien hacerse un lugar en esa lista.
Están los comicios de 1916, cuando Woodrow Wilson resultó reelegido a pesar de que gran parte de la prensa había proclamado ganador a su rival republicano, Charles Evans Hughes. Están los de 1948, cuando la certeza de que el republicano Thomas Dewey triunfaría sobre un desprestigiado Harry Truman era tal que el Chicago Tribune tituló: ?Dewey derrota a Truman?. La foto de Byron Rollins que muestra al victorioso Truman desplegando la tapa del diario con el erróneo título se convirtió en una de las más famosas de la historia. Y está, naturalmente, la elección de 2000, cuando Al Gore ganó por más de medio millón de votos y perdió en el Colegio Electoral; así se inició la era de George W. Bush.
El primero en reconocer los peligros del triunfalismo fue el propio Obama, quien les recordó a sus partidarios la sorpresa de New Hampshire, durante las primarias, cuando Hillary Clinton resultó victoriosa pese a que las encuestas le daban a Obama un 10% de ventaja.
¿Puede darse una gran sorpresa? ¿Puede ganar McCain a pesar de que ni una sola encuesta lo favorece y el promedio de todas ellas le otorga a Obama una ventaja del 10%?
Los escenarios, en este sentido, van desde lo psicológico hasta lo surrealista. Uno de los factores que más se mencionan es el denominado ?efecto Bradley?, que alude a la inesperada derrota de Tom Bradley, candidato a gobernador de California, en 1982. Bradley era negro y, aunque las encuestas lo daban como favorito, muchos blancos que habían dicho que votarían por él lo hicieron por su rival.
El otro factor de suspenso es que el voto joven, que se espera que será considerable y favorecerá masivamente a Obama, no se produzca y, en cambio, crezca el voto de la tercera edad, que ve a McCain con simpatía.
Después están las consideraciones estadísticas, tales como que ningún demócrata que venga del norte de la línea Mason-Dixon (que demarca los estados de fronteras de Pensilvania, Virginia Occidental, Delaware y Maryland) ha sido elegido desde 1960, o que ningún demócrata que no haya ganado en las primarias por lo menos uno de los siete estados más grandes obtuvo la presidencia.
Michael Crowley, de la revista The New Republic , especula con que un triunfo de McCain en Virginia (donde Obama lleva 8 puntos de ventaja) podría arrastrar a otros estados clave como Colorado, Ohio, Missouri, Nevada y Florida.
Peggy Noonan, del Washington Post , se pregunta qué pasará si Obama comienza a perder impulso, como sucedió al final de las primarias, o si la advertencia de McCain sobre los peligros de la política impositiva de Obama comienza a ganar adeptos.
Adam Nagourney, de The New York Times , cita las imprecisiones que los propios encuestadores admiten en estas elecciones. Dicho todo esto, parece muy difícil que McCain pueda revertir lo que parece una tendencia inexorable. La última encuesta de The New York Times/CBS registra un aumento considerable de la popularidad de Obama aun entre quienes votaron a Bush en las últimas dos elecciones. Pero el ?qué pasaría si?? es siempre una pregunta inquietante.
Fuente: La Nación
Las elecciones presidenciales y legislativas del próximo 4 de noviembre en Estados Unidos pueden significar un récord histórico en número total de ciudadanos que acuden a las urnas y también en porcentaje de la población. “Esperamos un tsunami de votantes”, declaró a este diario Doug Lewis, director de Election Center, una institución independiente que procesa y analiza los datos aportados por las oficinas electorales en todo el país. 
WASHINGTON (Reuters).- El candidato demócrata Barack Obama consiguió una ventaja de 9 puntos sobre el republicano John McCain en la carrera presidencial de Estados Unidos, en medio de crisis del sistema financiero, según refleja el último sondeo difundido y que fue realizado por el Washington Post y ABC.
Entre los posibles votantes, el sondeo mostró que Obama tiene un 52 por ciento de las preferencias, frente al 43 por ciento de McCain. Hace dos semanas, la carrera estaba esencialmente empatada, con McCain con un 49 por ciento y Obama con un 47 por ciento, el Washington Post.
La crisis financiera global se ha convertido en el principal tema antes de la elección presidencial del 4 de noviembre. Un 52 por ciento de los consultados dijo que cree que la economía ingresó en una grave desaceleración de largo plazo.
En tanto, un 80 por ciento dijo que está preocupado por la dirección general de la economía, cerca de tres cuartos están recelosos frente al mercado de valores y seis de cada 10 están inquietos por las finanzas de sus familias, señaló el prestigioso diario.
La mitad de los participantes sostuvo que la economía y el empleo son los temas más importantes y los que decidirán su voto, una cifra superior al 37 por ciento que registró la misma pregunta hace dos semanas.
El sondeo mostró que más votantes confían en Obama para lidiar con la economía y que tiene una amplia ventaja como el candidato que está más en contacto con los problemas económicos que enfrentan los estadounidenses.
Por su parte, el candidato negro también tiene una ventaja de dos dígitos en la pregunta de quién está mejor preparado para manejar los actuales problemas de Wall Street, y como resultado, ha registrado un aumento en su respaldo general, afirma el sondeo.
La enuesta consultó a 1.082 personas y se realizó entre el viernes y el lunes. El margen de error del total de la muestra es de más o menos tres puntos porcentuales y de cuatro puntos porcentuales para el sondeo a 780 posibles votantes.
Fuente: La Nación
Una vez pasadas las convenciones de los dos grandes partidos, por fin ha llegado la hora de confrontar ideas directamente entre los candidatos en los debates presidenciales y vicepresidenciales. El acuerdo final entre las campañas de los senadores Barack Obama y John McCain es realizar tres debates entre ambos, y uno extra en el que discutirán los candidatos a vicepresidente/a Joe Biden y Sarah Palin. Esta es la programación definitiva: Primer debate presidencial Debate vicepresidencial Segundo debate presicencial (estilo town meeting) Tercer debate presidencial Normativa: - Cada debate tendrá un sólo moderador y durará 90 minutos. - En el primer y tercer debate presidencial, así como en el vicepresidencial, los candidatos estarán sentados a la mesa con el moderador. - Durante el primer y tercer debate presidencial, y en el vicepresidencial, el tiempo estará dividido en ocho segmentos de diez minutos. El moderador presentará cada segmento proponiendo un tema que cada candidato comentará, después de esto el moderador permitirá una discusión más en profundiad durante la cual estará permitido el diálogo directo entre ambos candidatos. - Los participantes en el debate estilo town meeting dirigirán sus preguntas a los candidatos tras su cotejo por parte del moderador, con el propósito de evitar repeticiones. Los participantes serán elegidos porn Gallup y serán votantes “indecisos” de Nashville (Tennessee). Durante dicho debate, el moderador podrá realizar también preguntas que hayan sido enviadas por internet. Todos los debates empezarán a las 9 p.m. y serán emitidos en las principales cadenas de TV, incluyendo CBS, NCB, ABC y FOX. Guía de Debates: Obama - McCain y Biden - Palin
Viernes, 26 de Septiembre
Universidad de Mississippi, Oxford (Missouri)
Moderador: Jim Lehrer (The News Hour, PBS)
Tema: Política interior
Jueves, 2 de Octubre
Universidad Washington, St. Louis (Missouri)
Moderador: Gwen Ifill (The News Hour, PBS)
Temas: Política interior y política exterior
Martes, 7 de Octubre
Universidad Belmont, Nashville (Tennessee)
Moderador: Tom Brokaw (NBC News)
Temas: Propuestos por el público
Miércoles, 15 de Octubre
Universidad Hofstra, Hempstead (Nueva York)
Moderador: Bob Schieffer (CBS News)
Tema: Política exterior
