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miércoles, 10 de marzo de 2010

La gran popularidad de Bachelet, intacta

Los habitantes de la desvastada ciudad de Constitución esperan la llegada de la presidenta Michelle Bachelet - . Foto:Reuters

SANTIAGO, Chile.- La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, entregará mañana el poder a Sebastián Piñera con la amargura del terremoto que el pasado 27 de febrero devastó una buena parte del país, pero con su popularidad intacta, a pesar de que los analistas le vaticinaban un incierto futuro político a causa de las imágenes de saqueos y los errores en el manejo de la crisis que le siguió al sismo.

Al final de su mandato, un 84% de los chilenos aprueba la gestión de Bachelet, según una encuesta realizada después de la catástrofe por Adimark, una consultora vinculada a la derecha que midió mensualmente la popularidad de la mandataria desde que llegó a La Moneda, en marzo de 2006.

"La presidenta Bachelet sale indemne de la hecatombe", señalaron los autores de la encuesta.

Adimark había finalizado el estudio correspondiente a febrero el día 24 de ese mes y tenía previsto difundirlo el 1° de marzo, con un 84% de aprobación a la gestión de la presidenta. Tras la catástrofe del 27 de febrero, la consultora repitió el sondeo entre los días 3 y 6 de marzo y el resultado fue idéntico: un 84% de aprobación para Bachelet.

El 96% de los encuestados opinó, además, que la mandataria es "querida por los chilenos". Sólo en la pregunta específica respecto del manejo de la situación de emergencia el resultado fue inferior: un 75% de aprobación, considerado, de todas maneras, muy positivo.

Respecto del gobierno en general, la encuesta concluyó que en las zonas más afectadas por el desastre la evaluación no fue tan buena. "En las zonas geográficas más afectadas por el desastre, el estudio detectó una evaluación bastante más crítica del gobierno", dijeron los encuestadores. Sin embargo, añadieron que el tamaño de la muestra "resulta insuficiente para informar separadamente los datos de esas zonas".

El gobierno de Bachelet recibió críticas por la tardanza y la forma en que respondió a la situación creada por el terremoto.

Pero la mandataria ya había dado muchas muestras de su capacidad para levantarse tras recibir golpes: su mandato fue condicionado por crisis heredadas, como la del Transantiago, el nuevo sistema de transporte público de la capital; casos de corrupción, como los dobles sueldos de altos cargos ministeriales, o los malos manejos en empresas estatales durante el gobierno anterior. Además, como el resto de los mandatarios del planeta, debió lidiar con la crisis financiera internacional.

Bachelet derribó un obstáculo tras otro y se asentó como una gobernante respetada y querida por casi todos los chilenos, y ni siquiera el devastador terremoto logró bajarla del pedestal.

La presidenta saliente volvió a recorrer ayer, dos días antes de dejar el cargo, la zona devastada por el terremoto y el posterior tsunami, mientras Concepción regresaba a una normalidad relativa y los bomberos encontraban muerto al joven que el día del sismo ingresó en un edificio céntrico media hora antes de su derrumbe.

"¡La queremos!", gritaban algunas pobladoras damnificadas que se acercaron a Bachelet y le pidieron fotografiarse frente a sus casas destruidas, las cuales se proponen reconstruir en el mismo lugar.

"Yo también los quiero", respondió Bachelet, durante la recorrida para vigilar el reparto de ayuda, principalmente de alimentos.

Traspaso

En tanto, el traspaso de mando de Bachelet a Piñera se inició formalmente ayer, cuando el subsecretario del Interior, Patricio Rosende, fue reemplazado por Rodrigo Ubilla, que se convirtió en el primer funcionario nuevo en La Moneda, y deberá firmar los decretos de nombramiento de los nuevos ministros que asumirán mañana.

Se anticipa que Piñera, tras asumir en el puerto de Valparaíso, donde está la sede del Parlamento, viajará a Constitución para firmar allí sus primeros proyectos de ley.

Esas iniciativas se vinculan, trascendió, con un bono en dinero de 40.000 pesos (unos 80 dólares) que se entregará a los más pobres y la modificación del presupuesto 2010 para tener los recursos que exigirá la reconstrucción del país.

La misma encuesta de Adimark también indicó que el 59% de los consultados cree que a Piñera le irá "muy bien" o "bien" durante su gobierno, el 27% dice que su gobierno será regular y el 3%, que le irá "muy mal" o "mal".

Agencias AFP, ANSA, EFE y Reuters

domingo, 7 de marzo de 2010

El terremoto dejó al desnudo la deuda social de Chile

Carlos Vergara
Corresponsal en Chile

SANTIAGO, Chile.- Fue un golpe de humildad tremendo: la certeza de que, a diferencia de lo que muchos creían, Chile sigue siendo un país con deudas pendientes.

Bastó un sismo de tres minutos de duración para que el más opulento vecino de América latina tropezara y desnudara sus contradicciones, pese a las cifras que muestran una economía pujante.

"Nadie está preparado para esto", dijo la presidenta Michelle Bachelet. Tampoco lo estaba el país para esas increíbles 48 horas que siguieron al terremoto, en las cuales las palabras "pillaje" y "saqueo" fueron las más utilizadas en la TV, mientras las autoridades regionales pedían a gritos la intervención militar, el toque de queda y, si era necesario, hasta el estado de sitio.

Tampoco es ése el único resultado. El horror y la miseria moral mostraron todas sus caras: la especulación de precios -hasta 4 dólares por una botella de agua o un kilo de pan- en sectores como Constitución y las costas del golfo de Arauco; el robo de medicamentos en las farmacias y la triste realidad de vecinos de zonas de buen nivel económico acaparando más productos de los que necesitaban.

Las denuncias desde las áreas devastadas fueron tan increíbles como dolorosas: grupos de delincuentes que invadieron las casas de los heridos para robar sus pertenencias en las costas del Maule y el Bío Bío. Ayer, incluso, hubo versiones de que se habían saqueado tumbas en algunos poblados del Sur.

Las imágenes del espanto, posteriores a la catástrofe, no parecen coincidir con las de un país ejemplar que tantos elogios ha cosechado en Washington y en el resto del mundo por la continuidad de un modelo económico que impulsó el desarrollo del país.

De a ratos, las regiones del Maule y el Bío Bío se acercaron más al infierno desatado en Haití tras el sismo del 12 de enero, que a las ciudades de un país que busca, por todos los medios, su ingreso al Primer Mundo, a la caza del estándar de Portugal, como promete el presidente electo, Sebastián Piñera.

"Es un espejo quebrado que nos hace mirarnos a nosotros mismos", reflexionó para LA NACION desde Brisbane, Australia, el periodista chileno Fernando Sagredo, quien envió una sentida carta a sus compatriotas, titulada "Los terremotos no son controlables; las injusticias, sí".

En ella, hizo referencia a la fractura social que salió a la luz esta semana. Basta retroceder sólo dos meses para repasar, no sin algo de tímida incredulidad, las imágenes de las autoridades, que se congratulaban a sí mismas por haber sido invitadas a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Chile es el primer país sudamericano aceptado en el exclusivo grupo de los 30 países democráticos más desarrollados del mundo. Es un reconocimiento mundial a las reformas políticas y económicas realizadas durante los 20 años de gobiernos de la Concertación.

Y no sólo por sus cifras económicas Chile se ganó la envidia de algunos vecinos de la región. Dueña también de una feliz democracia, recuperada tras 17 años de oscura dictadura militar, el país consiguió reinsertarse en el mundo después de un extendido ostracismo. Y hace poco más de un mes dio una verdadera clase de civismo, con elecciones limpias y respetuosas, con Bachelet entregándole el poder a la centroderecha con un apretón de manos.

Otra realidad

"¿Qué fue lo que pasó?", "¿En qué nos convertimos?", fueron las preguntas más repetidas tras el sismo. Muchos respondían: "¿No será que esto es lo que siempre fuimos?".

"A pesar de los esfuerzos que ellos [la elite política y los medios] han realizado durante años para mostrarnos a Chile como un país ganador, un país que deja la región para insertarse en las ligas superiores, como si todos sus habitantes, por igual, estuviésemos invitados a la misma fiesta, el terremoto ha develado la inequidad social que sigue existiendo", explicó el director del Observatorio Ciudadano, José Aylwin.

"Hemos promovido una sociedad individualista en la cual se privilegia el éxito económico. Chile es un negocio; Chile es un gran shopping de la desigualdad", dijo a LA NACION, con congoja, el vicario de la pastoral social, el sacerdote Alfonso Baeza.

"Quisieron que fuéramos competitivos y nos convirtieron en competidores. Espero que este terremoto permita corregir las grietas, no sólo de nuestros edificios, sino también de nuestra sociedad", añadió.

Las estadísticas son elocuentes. Pese a sus más de 20 tratados de libre comercio, a sus 25.870 millones de dólares en reservas internacionales y a las auspiciosas proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), de que el país lideraría el PBI per cápita a nivel regional hasta 2014, con casi 15.000 dólares, la otra cara del espejo es desoladora.

Según el último informe de la ONU sobre igualdad de ingreso y desarrollo humano, Chile se ubica en el puesto 110 de 124 países, superado por naciones con mucho menor nivel de desarrollo. De acuerdo con el Ministerio de Planificación, un 13,7% de la población vive bajo la línea de la pobreza.

Es un país en el que hay casi dos millones de pobres y más de 500.000 personas en estado de indigencia, que al mismo tiempo posee carreteras que permiten llegar de la precordillera al aeropuerto en menos de 15 minutos.

"¿Tan ciegos estamos que antes del terremoto no habíamos notado que había barrios periféricos en torno de las ciudades? ¿Que en los estadios se juntan decenas de miles de personas prácticamente marginadas de la sociedad? ¿Que la calidad de la educación en el país es una vergüenza?", se preguntó Segredo en su misiva.

A nivel educacional, la brecha es escandalosa: los colegios privados aplastan con indignante superioridad los resultados obtenidos por la educación pública. En muchos liceos municipales, los alumnos ven "infladas" sus calificaciones, sólo para darse cuenta, una vez en la universidad, de que su preparación no sirvió de nada.

Es el Chile modelo 2010, el del otro lado del espejo; el que seguramente deberá postergar sus sueños de grandeza por socorrer a sus hermanos.

Fuente: La Nación

domingo, 1 de noviembre de 2009

El oficialismo chileno, ante su mayor reto

SANTIAGO, Chile.- Convertida en el conglomerado político más exitoso en la historia de Chile después de 20 años de gobierno, en el oficialismo chileno la consigna es clara: pase lo que pase la noche del 13 de diciembre, la Concertación debe ser refundada.

La apuesta sería con Michelle Bachelet a la cabeza, para así capitalizar su histórica popularidad cercana al 80%, la misma que el candidato presidencial oficialista Eduardo Frei no ha sabido aprovechar.

Junto con ello, se pretende volver a conquistar a los disidentes, los partidarios de Marco Enríquez-Ominami, los renegados democristianos integrantes del Partido Regionalista Independiente (PRI), y los adherentes del izquierdista Jorge Arrate. El tercer paso es el postergado recambio generacional, tras el cual nuevos nombres deberían tomar la batuta, de la mano de un acuerdo programático.

Ahora bien, ¿por qué ocurre todo esto? ¿Qué ha pasado? "La Concertación acumuló fracasos en el escenario más importante, el campo de la política, empobreciendo los partidos y mostrando una incapacidad manifiesta para hacer el recambio generacional", expresó a LA NACION el analista político y ex jefe de gabinete de Frei, Genaro Arriagada.

"En ese escenario, el fenómeno de Ominami es una propuesta light . No hay «voto bronca», sino «voto castigo»: un voto de cansancio", sostuvo.

"Marco mandó a jubilar a un conjunto de personas que pasaron de primera división a viejos cracks. Es un mensaje tremendo a las dirigencias políticas que son las responsables de esa candidatura", declaró el ex presidente Ricardo Lagos.

En su opinión, si a Enríquez-Ominami le hubiesen permitido participar en las primarias de la Concertación, no habría un candidato compitiendo por fuera del oficialismo por un electorado afín.

"La dirección política de la Concertación está fallando. No es razonable el nivel de aprobación política de la presidenta y su gobierno, y que el candidato que va a continuar con esas políticas aparezca mal evaluado", completó el ex mandatario.

Pero la realidad es incontrastable. La evolución de las encuestas tiene hoy al candidato oficialista en una cerrada disputa con el diputado independiente, visiblemente lejos del empresario y abanderado opositor, Sebastián Piñera.

El punto más preocupante para el oficialismo, sin embargo, son los números que arrojan ambos candidatos en un eventual ballottage ante Piñera. Según los últimos sondeos Enríquez-Ominami sería el mejor perfilado para hacer frente al candidato de la Coalición por el Cambio en la segunda vuelta del 10 de enero.

Ayer una encuesta de Giro País volvió a posicionar a Piñera en el primer lugar, con un 36,4% de las preferencias, seguido de Frei (25,8%) y Enríquez-Ominami (17,9%).

Para el ballottage, según el mismo sondeo, el diputado de extracción socialista volvió a conseguir mejores números que el senador democratacristiano: mientras Piñera se impone por un estrecho margen a Frei (42,2-42%), Enríquez-Ominami conseguiría derrotar al empresario (41,1-40,2%). La estrategia del comando oficialista busca hoy privilegiar los grupos de votantes homogéneos que pudieran marcar la diferencia: para ello se reunió ayer con los evangélicos en el Día de las Iglesias Evangélicas y Protestantes (son cerca de 1,5 millones de fieles en todo Chile) y visitará hoy Mendoza en busca del sufragio de los chilenos residentes en la Argentina.

Errores de campaña

"Tanto si tenemos éxito en primera vuelta como si perdemos, será imprescindible construir una nueva mayoría para ganar en enero. Ambos escenarios obligan, porque, aunque pase Frei, vamos a ser minoría", apuntó Pepe Auth, el presidente del Partido por la Democracia, una de las fuerzas de la Concertación.

¿Cuáles fueron los errores de Frei? "Es el caso de la peor administración política de una campaña jamás hecha. Frei se aisló y sustituyó a los partidos por un grupo pequeño que no representa nada. De perder en primera vuelta, vendrá un ajuste de cuentas muy grande", explica a LA NACION un alto dirigente de la Concertación.

Los cargos relevantes en la campaña, entregados a dirigentes de los partidos, fueron meramente decorativos. El propio José Antonio Gómez, alto dirigente del oficialismo, golpeó la mesa en más de una ocasión sin respuesta alguna por parte del comando. Figuras señeras del conglomerado, como Belisario Velasco, hoy brillan por su ausencia.

La "refundación" proyectada deja también un sesgo preocupante: no "quemar" a posibles figuras capaces de rearticular el modelo de la Concertación lejos de la apuesta opositora a Pinochet de los años 80 y 90.

Entre éstas están el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, quien según fuentes de La Moneda se integraría al comando oficialista sí o sí para el ballottage, y la vocera de gobierno, Carolina Tohá.

Esta semana, Frei ya acusó el golpe y prometió que al menos la mitad de su gabinete estará integrado por políticos menores de 45 años. ¿Estará la Concertación dispuesta a arriesgar sus últimas naves por "salvar" su candidatura? La respuesta sólo se sabrá la noche del 13 de diciembre.

Fuente: La Nación

lunes, 19 de octubre de 2009

El escenario electoral en Chile

Carlos Gervasoni

BUENOS AIRES – Chile ha sido la historia de éxito de América Latina desde los años 80, como consecuencia de un rápido crecimiento económico, una integración exitosa a la economía mundial, instituciones democráticas sólidas, una efectiva burocracia estatal y bajos niveles de corrupción.

No es de sorprender que los chilenos hayan mantenido a la gobernante coalición demócrata cristiana-socialista (la Concertación) en el poder durante cuatro mandatos consecutivos desde 1990, cuando se restableció la democracia después de 17 años del represivo régimen militar del general Augusto Pinochet. El 13 de diciembre, sin embargo, es probable que los votantes en las elecciones presidenciales de Chile “hagan transpirar” al candidato presidencial oficialista.

La Concertación lleva como candidato al demócrata cristiano Eduardo Frei, hijo de un ex presidente, y él mismo presidente desde 1994 hasta 2000. Su principal contendiente es Sebastián Piñera, magnate, ex senador y candidato presidencial en 2006, representante de las principales fuerzas de la oposición —la moderadamente conservadora Renovación Nacional (RN) de Piñera y la Unión Demócrata Independiente (UDI), más de derecha.

Sin embargo ahora se está produciendo un cambio importante, representado por la figura de un candidato independiente de 36 años sin respaldo de un partido tradicional. Marco Enríquez-Ominami, con aproximadamente el 20% de apoyo según las últimas encuestas, está notablemente cerca de Frei (alrededor del 26%) y no tan lejos de Piñera (alrededor del 38%). El inesperado apoyo popular a este joven candidato está arraigado en la misma coalición gobernante: su padre adoptivo es un prominente senador socialista (su padre biológico, un líder de la izquierda revolucionaria de los años ´70, fue asesinado por la policía política de Pinochet).

El propio Marco fue electo diputado socialista, pero abandonó el partido cuando éste le negó la posibilidad de disputar la candidatura con Frei en una elección interna. Con esta mezcla única de tradición y renovación, y una frescura de la que carecen ambos candidatos principales, Enríquez-Ominami ha llegado más lejos de lo que predecía la mayoría de los observadores.

El liderazgo de Piñera y el surgimiento de Enríquez-Ominami probablemente sean expresiones del mismo fenómeno: la fatiga con y dentro de la Concertación. A pesar de sus muchos logros desde 1990, y la alta popularidad de la actual primer mandataria (la socialista Michelle Bachelet, primera presidenta mujer de Chile), el tiempo está pasando factura.

En los últimos años, varios grupos se han desprendido de los partidos gobernantes tradicionales. Muchos votantes están siguiendo sus pasos, atraídos principalmente por Enríquez-Ominami. Las deslucidas cifras de Frei en los sondeos reflejan sus propias debilidades (es notoriamente poco carismático y fue el menos popular de los cuatro presidentes de la Concertación), así como el inevitable estrés que dos décadas de gobierno ininterrumpido han generado en la coalición gobernante.

Como están las cosas hoy, la derecha probablemente gane la primera vuelta, pero con menos del 50%. Incluso una victoria cómoda de Piñera podría revertirse en la segunda vuelta el 17 de enero, ya que Frei y Enríquez-Ominami esencialmente se dividen el voto de la centro-izquierda.
Enríquez-Ominami tiene la popularidad y el ímpetu para desplazar a Frei de la segunda vuelta, pero le puede resultar más difícil derrotar a Piñera. Los dos escenarios más probables, entonces, son la continuidad del gobierno o el cambio predecible (hace años se espera que la derecha llegue a la presidencia). Pero no debería descartarse un tercer escenario —un cambio menos predecible tras una victoria de Enríquez-Ominami—, en parte porque la publicidad de campaña recién aparecerá en los medios a partir del 13 de noviembre.

En cuanto a las principales políticas públicas de Chile, sin embargo, es muy probable que prevalezca la continuidad, aún si gana Enríquez-Ominami. La coalición de centro-izquierda que derrotó a Pinochet (en un plebiscito en 1988, y a su candidato presidencial en las elecciones de 1989) ha tenido la inteligencia de mantener, y en algunos casos profundizar, las sólidas políticas de libre mercado heredadas del gobierno militar.

Chile ostenta una administración fiscal y monetaria ortodoxa, una economía muy abierta y un sector privado dinámico. También fue el primer país del mundo en adoptar un sistema de pensiones totalmente privado, una experiencia liderada por uno de los tecnócratas de Pinochet (que curiosamente era el hermano de Piñera, José) y que ha sido esencialmente mantenido desde entonces.

Estas políticas son populares entre los votantes, y están respaldadas por actores poderosos (por ejemplo, el fuerte sector empresario exportador) y por acuerdos comerciales con casi todas las principales economías y bloques regionales del mundo. A diferencia de muchos países latinoamericanos, en los que a las reformas liberales de los 90 fueron seguidas por reacciones populistas, la principal oposición en Chile es una coalición aún más pro-mercado.

Más allá de la economía, existen, por supuesto, muchas áreas de desacuerdo. La Concertación ha lidiado prudentemente con los legados políticos de la dictadura, desmontando gradualmente las instituciones creadas por Pinochet para protegerse a sí mismo, a las fuerzas armadas y a la derecha, y haciendo progresos en el juzgamiento de los violadores de los derechos humanos.

Pero muchos no están contentos: la extrema izquierda —no muy fuerte en estos días pero con una importante tradición política— quiere un mayor y más rápido progreso en los juicios, mientras que la derecha recalcitrante insiste en tratar a Pinochet (que murió en 2006) como un héroe nacional.

Las cuestiones morales, étnicas y ambientales siguen similares líneas ideológicas. Y, sin embargo, el espectro del debate político es mucho más estrecho, y el tono más amigable, que en el caso de los vecinos más polarizados de Chile, como Argentina, Bolivia y Venezuela.

En cualquiera de los escenarios más factibles, la continuidad o el cambio prudente, o incluso si gana el candidato independiente, Chile muy probablemente seguirá siendo un faro de estabilidad democrática, dinamismo económico y compromiso internacional en una región demasiado frecuentemente caracterizada por turbulencias políticas y económicas.

Fuente: Confidencial.com

domingo, 23 de agosto de 2009

Giro sorpresivo en la campaña de Chile

Carlos Vergara
Corresponsal en Chile

SANTIAGO, Chile.- Las cartas están jugadas. La sorprendente irrupción del joven diputado independiente Marco Enríquez-Ominami, de 36 años, y el estancamiento en las encuestas de los candidatos de oposición, el empresario Sebastián Piñera, y del oficialismo, el ex presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, abren un abanico insospechado cuando falta poco más de 100 días para las elecciones de diciembre en Chile. Comicios por los cuales -según los pronósticos- la Concertación podría dejar el poder tras 20 años en el Palacio de La Moneda.

Este mes, por primera vez en la campaña, dos encuestas (Ipsos y Universidad del Desarrollo) pusieron a Enríquez-Ominami por sobre Frei en un eventual ballottage ante Piñera.

El director del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC), Carlos Hunneus -responsable de uno de los sondeos de mayor credibilidad-, tuvo que reconocer que sus declaraciones de mayo ("el fenómeno de Enríquez-Ominami no existe") estaban erradas.

Según CERC, para la primera vuelta del 11 de diciembre, las cifras indican que Piñera alcanzaría un 37%; Frei, un 22%; Enríquez-Ominami, un 15%; mientras que los candidatos menores, Alejandro Navarro y Jorge Arrate, un 1%. El ballottage, según CERC, favorecería al candidato derechista con un 41% contra un 28% del ex presidente.

Las estrategias están definidas: Enríquez-Ominami tiene muy claro que su rival directo en la primera vuelta es Frei, circunstancia que el comando de Piñera alienta, por cuanto prevé en el diputado, de extracción socialista, un contrincante más accesible en la segunda vuelta.

Los partidos apuestan hoy por pactos de segunda vuelta: la Concertación intenta asegurar el apoyo de Enríquez-Ominami a Frei para el ballottage, y tanto la derecha como el oficialismo y los independientes pugnan por hacerse de los votos de los candidatos menores.

Una nueva voz

¿Qué cosas han cambiado en Chile con la irrupción del candidato descolgado de la Concertación? Según lo señala el propio Enríquez-Ominami, su postulación avivó la competencia.

"Esta era una elección que se veía como una más y hoy es una incertidumbre. Hemos instalado debates que estaban vetados y hemos insertado una nueva voz. Llevamos años peleando por cuál de las dos fórmulas conservadoras es capaz de abordar mejor los problemas y sueños de Chile; nosotros hemos propuesto cambiar al observador, insertar una nueva mirada y lo estamos consiguiendo", dijo a LA NACION.

Hay, sin embargo, dudas sobre la capacidad de concreción que tendrá en las urnas su impresionante arremetida. El envejecimiento del padrón electoral chileno, con una caída de participación de los menores de 30 (desde el 38% de 1988 al 8% de las últimas municipales), obliga a desconfiar de la masa de adherentes de ese rango que asegura estar a muerte con el llamado "diputado díscolo".

De acuerdo con Hunneus, la contradicción es vital: si bien Enríquez-Ominami tiene una alta presencia en las preguntas sobre el clima de opinión, no consigue ser visto como un candidato con posibilidades reales de llegar a La Moneda. De hecho, sólo un 3% cree que será presidente de Chile.

"Tenemos una democracia que se ha especializado en poner barreras de entrada a la participación", advierte Enríquez-Ominami. "La pregunta es si podemos seguir en eso. Un padrón que envejece y disminuye año tras año es un caldo de cultivo para la pérdida de legitimidad de la democracia, las instituciones y las decisiones que se adoptan en ellas. Si hay jóvenes que se inscriben para votar por nosotros, lo viviré como un éxito", afirmó el candidato.

El gobierno de Bachelet ha contraatacado con una campaña publicitaria para conseguir que más jóvenes se inscriban.

El sistema de sufragios en Chile es tan extraño como arcaico: obligatorio sólo si se está inscripto voluntariamente en los registros electorales. Los jóvenes, cada vez más reacios a la burocracia estatal, tampoco ven motivación alguna en los candidatos de siempre para revertir este fenómeno. Sólo a partir de 2012 se revertirá el proceso, con la inscripción obligatoria y el voto voluntario.

Los comandos de campaña, conscientes de sus falencias en ese aspecto, se volcaron a las redes sociales de Internet y hoy se los puede ver intentando convencer a posibles votantes en Facebook y Twitter.

A sabiendas de que su figura es una de las más vinculadas a la nula rotación de rostros, Frei incluyó como generalísimo de su campaña a un joven de 27 años, Sebastián Bowen. Piñera, por su parte, integró a sus hijos veinteañeros en sus giras.

"¿Cómo volver a encantar a la juventud?" parece ser la pregunta. Televisión Nacional de Chile intentará responderla enfrentando a los tres candidatos en un debate el próximo 23 de septiembre. La singularidad es que se transmitirá inmediatamente después de la exitosa telenovela ¿Dónde está Elisa? -de gran popularidad entre la juventud- para asegurar el rating.

Fuente: La Nación

sábado, 22 de agosto de 2009

Las mujeres mandan en el mundo y en la oficina, según sondeo de la revista Forbes

Cada año, la revista estadounidense elabora la lista de las cien mujeres más influyentes. Este año, en los primeros 25 lugares, figuran dos latinoamericanas.Su rostro es dulce, su temperamento parece tranquilo y hasta podría decirse -en un comentario ligero y simple vista- que es una linda abuelita.
Pero resulta que Angela Merkel es la mujer más influyente del mundo. Lo dice la revista Forbes en su listado anual de las 100 mujeres que se destacan por su visibilidad en medios de comunicación, por el tamaño de la organización o país que esté bajo su liderazgo, o por el aporte social.
La canciller alemana ha logrado liderar ese escalafón por cuarto año consecutivo. Pero la revista estadounidense no es la única que lo dice, también Eurasia Group que elabora un ránking cada año con los líderes que incidirán en el rumbo de los acontecimientos políticos, sociales y económicos de ese periodo. Para este año, ella figura en el último lugar del top ten.
Aunque la mayoría de mujeres que figuran en el ránking de Forbes son presidentas de empresas, especialmente estadounidenses, hay dos latinoamericanas que se destacan: la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, en el puesto 11, y la jefa de Estado de Chile, Michelle Bachelet, en el sitial número 22, luigares muy parecidos a los del 2008.
No son las únicas que lideran países. También figuran las presidentas de Filipinas, Gloria Arroyo (44); de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf (67); de Finlandia, Tarja Jalonen (68), de Irlanda, Mary McAleese (69) y las primeras ministras de Ucrania, Yulia Tymoshenko (47), Islandia, Johanna Sigurdardottir (75) y de Bangladesh, Hasina Wajed (79).
Además están la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton (36); la ministra de Economía, Finanzas y Empleo de Francia, Christine Lagarde (17), y la presidenta del Partido Nacional del Congreso de India, Sonia Gandhi (13).
Otras conocidas mujeres influyentes en el mundo, según Forbes, son Melinda Gates, co presidenta de la Fundación Bill & Melinda Gates (34); Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos (35); Michelle Obama, esposa del presidente estadounidense, Barack Obama (40), y la Reina Isabel II (42).
La reina Rania, de Jordania, quien ocupa el lugar 75, es tal vez la mujer más escuchada de todo el Oriente Medio y en su sitio de Tweeter tiene más de 600.000 seguidores.
Sin embargo, el campo en el que más se destacan las mujeres es el empresarial. Ellas figuran en la primera línea de ejecutivos de compañías como PepsiCo, Kraft Foods, DuPont, Xerox, Oracle, Mtv Network y Dreams Works Studies, entre decenas de empresas.
"Las mujeres en el poder están llegando a posiciones de liderazgo en negocios, gobierno y filantropía al realizar maniobras audaces y no convencionales", precisó Forbes.

Cristina Fernández, Argentina

Es la primera mujer elegida popularmente que ocupa la presidencia de Argentina. Sucedió en el cargo a su esposo Néstor. Desde que asumió, le ha tocado enfrentar la inestabilidad económica del país y varios enfrentamientos con los agricultores, así como con otros sectores de la sociedad por medidas que ha querido tomar. También se le critica el aumento patrimonial desde que su esposo fue presidente.

Michelle Bachelet, Chile

Sonia Gandhi, India

Esta mujer, italiana de nacimiento, lidera el dominante Partido del Congreso Nacional, que fuera fundado por el Nerú, el abuelo de su esposo Rayiv Gandhi, hijo de Indira.
Aunque no le gusta su papel dentro de la política, logró una na victoria aplastante del Partido en las elecciones de mayo con lo que consolidó su posición. A pesar del crecimiento económico de India, todavía enfrenta mucha pobreza.

Indra Nooyi, PepsiCo, E.U.

El reto para esta mujer que nació en India y llegó a Estados Unidos para estudiar en Yale, es evitar la caída de las utilidades de la empresa.
Su estrategia se ha centrado más en la innovación que en la adquisición de otros negocios y le ha apostado a la línea de bebidas saludables y aquellas elaboradas con productos naturales.
Lleva unos 15 años en PepsiCo, tres de ellos al frente de la firma.

Angela Merkel, Alemania

Hillary Clinton, Estados Unidos

Christine Lagarde, Francia

La primer ministro de Finanzas femenina de una economía del G-8 ha sido una un apasionada defensora de la cooperación mundial para poner fin a la crisis económica.
En su cargo enfrenta la difícil situación de la contracción de la economía de Francia, con un proyección de la contracción del PIB del 3 por ciento para este año a pesar de un paquete de estímulo promulgado a principios del 2009.

Sheila Bair, Estados Unidos

La presidenta de la Corporación Federal de Seguros de Depósito (Fdic, por su sigla en inglés), que asegura los depósitos de bancos, retuvo el segundo lugar tras debutar en la lista de Forbes el año pasado.
Ella ha obtenido una creciente importancia durante la recesión estadounidense. En lo que va de año, la Fdic ha tenido que tomar medidas con 69 bancos declarados en quiebra, más que el año pasado.
Agencias y Forbes
Fuente: Portafolio