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domingo, 3 de octubre de 2010

Populismo de derecha en Europa. Ante el discurso del miedo

Son carismáticos, aprendieron a medrar con el temor a la inmigración musulmana y se dicen defensores de los valores europeos. Los populistas de derecha, una versión renovada de la vieja guardia xenófoba, son un fenómeno político en ascenso que con su discurso islamofóbico, en plena crisis económica, suma voluntades y ya preocupa a las fuerzas moderadas.

Es un político que dice no tener nada contra los musulmanes y que sólo odia al islam. Es un hombre carismático, de pelo rubio, casi blanco. Es elegante y elocuente, el tipo de político que llena de temor a los partidos políticos mayoritarios.

Se trata de Geert Wilders, un político holandés de una estirpe que se extiende por el continente: un populista que alienta el odio contra el islam y contra el establishment, y que les ha quitado muchos votos a los partidos tradicionales de su Holanda natal. Tantos, que estos partidos prácticamente no pueden formar gobierno sin darle una participación en el poder.

Wilders es la figura central de un movimiento que crece en Europa desde hace años, que se extiende por los parlamentos y los gobiernos, y que ha logrado tanto la prohibición de los minaretes en Suiza como de los burkas en Bélgica. Es una especie de rebelión popular contra el islam, encabezada por políticos y periodistas de derecha, que se presentan como gente dispuesta a expresar un sentimiento que nadie se atreve a transmitir: que los musulmanes socavan las bases de Europa y que es necesario salvar a Occidente.

Wilders ahora tiene un émulo incluso en Alemania, donde el populismo de derecha no tenía todavía un marco partidario: René Stadtkewitz, de 45 años, un hombre bien vestido, de pelo corto, expulsado hace poco del comité berlinés de la Unión Demócrata Cristiana (UDC), de centroderecha, a la que representó en el Parlamento de Berlín. Ahora fundó un nuevo partido, Die Freiheit (Libertad), inspirado en el Partido de la Libertad, de Wilders.

Mientras come un cuscús marroquí en el comedor del Parlamento local, Stadtkewitz dice que el reclamo de "Geert" de que se imponga un impuesto al velo islámico en Holanda es una gran idea. "El islam será una religión -dice-, pero principalmente es una ideología que se opone a todo lo que nos importa." Pero Stadtkewitz está apurado. Está por dar un tour de Berlín a la TV holandesa. Quiere mostrarles la sociedad musulmana paralela que, supuestamente, los medios alemanes ocultan.

También en Alemania, un nuevo libro de Thilo Sarrazin, un político controvertido que forma parte de la socialdemocracia, de centro-izquierda, ha generado un fuerte debate: describe a los inmigrantes musulmanes como una amenaza mortal para Alemania. Desde que se publicó el libro y fue recibido con aprobación por el público, muchos columnistas, académicos y políticos se han preguntado si Alemania seguirá siendo la excepción en términos de su arco político: es, hasta ahora, el único país de Europa occidental que no tiene un partido populista de derecha que actúe como pararrayos de la ira popular contra el islam y el establishment político.

En los últimos meses, los partidos populistas de derecha impidieron la elección de gobiernos con mayorías parlamentarias propias en tres países de la Unión Europea: Bélgica, Holanda y, más recientemente, Suecia. Si bien los populistas en este último país solo captaron el 5,7% de los votos, eso les bastó para privar a la coalición de centroderecha en el poder de una mayoría absoluta. Estos tres países fueron conocidos por mucho tiempo por su liberalismo, pero ahora están ganando influencia allí partidos que ven al islam como "nuestra mayor amenaza extranjera desde la Segunda Guerra Mundial", según afirmó Jimmie Akesson, presidente de los demócratas suecos, de 31 años.

Los partidos populistas de derecha han sido parte de gobiernos de coalición en Italia y Suiza desde hace años, y tienen escaños en los parlamentos de Dinamarca, Austria, Noruega y Finlandia. El Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen ganó el 9 por ciento de los votos en las elecciones regionales francesas de la última primavera boreal, con una campaña antiislámica. En marzo, la Liga del Norte italiana ganó el control de las regiones de Venecia y Piamonte. Durante la campaña, sus simpatizantes entregaban muestras de jabón para lavarse, según decían, "después de haber tocado a un inmigrante".

El poder de la islamofobia

El populismo de derecha no es nada nuevo. Ha sido una presencia constante desde hace 30 años en muchos países europeos, a veces exitosa y otras veces, no. Lo que es nuevo, sin embargo, es que los populistas de derecha han descubierto una cuestión que impacta mucho más en los votantes que el odio habitual contra los extranjeros y la clase política. Encontraron un poderoso argumento en la resistencia a la creciente presencia del islam en Europa. Se presentan como los defensores de los valores europeos y, sin embargo, tanto a ellos como a sus votantes parece importarles poco que algunos de esos valores, como la libertad religiosa, se vean pisoteados por su acción.

El temor a que los inmigrantes musulmanes puedan cambiar el carácter de la sociedad europea cala hondo. Según las encuestas de opinión realizadas en Alemania, alrededor de tres cuartas partes de los entrevistados dicen estar preocupados por la influencia del islam. Y sentimientos similares se expresan en otros países, a pesar de que la emigración hacia Europa viene declinando desde hace años.

Algunas prácticas bárbaras en ciertos países islámicos -donde se obliga a las mujeres a usar burkas, se persigue a los gays y lesbianas y se lapida a las adúlteras, todo en nombre de la religión- sin duda son profundamente contrarias a los valores europeos modernos. Y no hay duda de que muchos países enfrentan serios problemas con la integración de los inmigrantes. Pero estas cosas por sí solas no explican la inquietud generalizada, que más bien surge del hecho de que los partidos tradicionales no han dado a sus votantes la sensación de que están atendiendo a estas cuestiones. La crisis económica también intranquiliza a la clase media: Europa está envejeciendo y otras regiones del mundo la están alcanzando. Muchos están preocupados por el futuro en un mundo globalizado, en el que cambia el equilibrio de poder.

El populismo de derecha está encontrando en el temor a la inmigración musulmana un discurso con eco en el electorado . Foto:AFP PHOTO/ LEON NEAL
* * *

En los países del norte de Europa, en particular, el ascenso de los populistas va de la mano con la declinación del apoyo a los partidos socialdemócratas de centroizquierda. Esto se debe en parte a que los inmigrantes son tan proclives como cualquier otro sector a abusar del Estado de bienestar social que promueven los partidos socialdemócratas. Pero también es producto de que los partidos tradicionales se han empantanado con los detalles de la política de integración.

Han creado especialistas en integración, oficinas de inmigración y conferencias de integración, pero han perdido de vista las preocupaciones de los ciudadanos. Y como además están a favor de la libre expresión, el feminismo y el secularismo, son incapaces de defenderse de los populistas de derecha, que citan los mismos valores en sus batallas contra el velo, los minaretes y las mezquitas. La única diferencia es que los populistas se hacen escuchar más y simplifican las cuestiones a tal punto de que sus posiciones parecen lógicas.

Los demócratas suecos, que tienen su origen en la extrema derecha, han aprendido de los populistas de derecha modernos como Wilders, al igual que el Partido del Pueblo danés (DF) y su presidenta, Pia Kjaersgaard. En su reciente campaña electoral, los demócratas suecos presentaron un aviso televisivo polémico: muestra a una mujer mayor que camina con dificultad con su andador con ruedas y casi es atropellada por mujeres con burkas, también con andadores. Las mujeres con burkas van apuradas hacia un escritorio en que un cartel reza: "Presupuesto del Gobierno". Una voz dice: "El 19 de septiembre puede apretar el freno a la inmigración en vez del freno a la jubilación".

Enfrentar a los inmigrantes con los jubilados es una de las tácticas de Wilders. Une políticas de izquierda y de derecha, la islamofobia y el temor a la explotación del Estado de bienestar social. "Es uno de nuestros mayores éxitos esto de combinar ser conservadores en términos culturales, por un lado, e izquierdistas en otras cuestiones", dice Wilders, que dice estar en contra de la inmigración, pero "que tiene cálidos sentimientos en favor de los débiles y las personas mayores."

Wilders fue uno de los primeros políticos en utilizar sistemáticamente el islam como tema, y muchos han seguido su ejemplo. Es llamativo que el movimiento antiislámico no se pusiera en marcha inmediatamente después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, aunque sin duda fueron el principal factor detrás de la actual incertidumbre y temor al terrorismo islámico. El movimiento recién ahora llega a su clímax.

A primera vista, esta nueva derecha tiene poco en común con la vieja derecha, aunque el primer político europeo de extrema derecha que comenzó a atacar a los musulmanes lo hizo en las décadas del 70 y 80. Se trata de Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional francés. Le Pen hizo carrera como alguien ajeno al establishment, enojado con las fuerzas mayoritarias. Era primitivo y anticuado, a menudo racista y antisemita, pero logró cambiar el paisaje político de Francia. En la primera ronda de las elecciones presidenciales de 2002 obtuvo incluso más votos que el candidato socialista, Lionel Jospin. Fue un shock para la elite francesa.

Desde entonces, lo sucedido en Francia se repitió en muchos otros países, en que los partidos tradicionales han buscado marginar a la extrema derecha: los políticos centristas se corrieron a la derecha. Fue el caso en Dinamarca, donde el Partido del Pueblo danés ha dado su apoyo parlamentario a un gobierno de minoría de la derecha y los liberales desde 2001. Y si bien los populistas no integran el gobierno, Dinamarca ha endurecido en buena medida sus leyes de inmigración.

Cuando Nicolas Sarkozy comenzó su campaña en 2007, era difícil distinguir parte de su retórica de la de Le Pen. Sugirió, por ejemplo, que la gente que "mata ovejas en sus bañaderas" no es bienvenida en Francia, y ganó la elección arrastrando votos de la derecha. Ahora Sarkozy probablemente se vea confrontado pronto con un nuevo Frente Nacional, una versión menos estridente pero quizá más peligrosa de esa fuerza. Marine Le Pen, hija del fundador del FN, hará campaña por la presidencia del partido y piensa convertirlo en una fuerza capaz de apelar también al centro político.

Marine Le Pen se presenta como no dogmática e intelectual. Usa trajecitos de ejecutiva y da besos en sus apariciones de campaña en los mercados del área metropolitana de París. "Quiero unir a todos los franceses", dice. Al mismo tiempo, igual que Wilders, lanza diatribas contra el burka y la islamización. Ella también advierte que la islamofobia da mejores resultados que la xenofobia tradicional.

Le Pen representa una amenaza para Sarkozy, cuyo giro a la derecha este año revela cuán en serio toma esa amenaza. El debate que ha lanzado en Francia sobre "la identidad nacional" va claramente dirigida contra los musulmanes, y también se ha embarcado en una campaña por la deportación de los gitanos.

La transformación del Frente Nacional es sólo un ejemplo de la centralidad de la campaña anti-islam en los partidos populistas de derecha de Europa occidental. Es la cuestión que une a todos esos partidos en toda Europa. Este es un fenómeno nuevo, pero que no puede ocultar el hecho de que todavía hay muchas diferencias entre los partidos que se clasifican como populistas de derecha. La mayoría siempre fue antiinmigración, se ha posicionado en contra la elite política, ha tenido líderes carismáticos y logra mayores éxitos en aquellos países en que los partidos mayoritarios promueven una cultura de consenso. Pero un neoliberal con raíces rurales como el político suizo Chirstoph Blocher, del SVP, tiene muy poco en común con el demagogo francés Le Pen.

Es el concepto común del islam como enemigo lo que los convierte ahora en aliados ideológicos. Sin embargo, es improbable que estos partidos sigan cooperando desde sus distintos países en el futuro, pese al sueño de Wilders de encabezar tal movimiento en toda Europa. La Alianza Internacional de la Libertad, que creó en julio pasado, tiene dos metas: "defender la libertad" y "detener el islam". En un video en el sitio de la alianza, Wilders dice que quiere unir las fuerzas existentes contra el islam en Alemania, Francia, Gran Bretaña, Canadá y Estados Unidos.

Cuando se le preguntó a Marine Le Pen por la iniciativa de Wilders, ella contestó: "Sin una revolución concertada, nuestra civilización está condenada". Esto podrá ser el reconocimiento de objetivos comunes, pero no necesariamente está dispuesta a unir fuerzas con Wilders.

Fuente: La Nación / © Der Spiegel

Colaboraron en esta nota Markus Deggerich, Manfred Ertel, Juliane von Mittelstaedt, Mathieu von Rohr, Hans-Jürgen Schlamp, Stefan Simons

Traducido del alemán al inglés por Christopher Sultan; traducción al español de la versión en inglés por Gabriel Zadunaisky

MÁXIMAS FIGURAS

Geert Wilders

Líder del Partido de la Libertad, de Holanda, es una figura central del populismo islamobófico de Europa.

René Stadtkewitz

Dirigente alemán, ex parlamentario de la UDC, busca consolidar su nuevo Partido Libertad emulando a Wilders.

Thilo Sarrazin

Controvertido por su discurso contra la inmigración musulmana, proviene de la socialdemocracia alemana.

Pia Kjaersgaard

Presidenta del Partido del Pueblo, tercera fuerza del Parlamento danés, promueve una agenda antiinmigración.

Marine Le Pen

Hija del líder histórico del Frente Nacional francés, Jean-Marie Le Pen, alerta contra la islamización de Europa.

sábado, 3 de julio de 2010

Elecciones en Mexico a la sombra del crimen

MÉXICO, D.F.— Eran políticos de mediana presencia que querían ser votados este 4 de julio, pero terminaron en la tumba. Seis en la última semana, 31 en los últimos tres meses: candidatos a alcaldes, hijos y hermanos de éstos; regidores en potencia, coordinadores en campaña, futuros legisladores.
Algunos de ellos apenas habían levantado la mano como precandidatos cuando fueron raptados y desaparecidos hasta la fecha, como Evaristo Ortega y Francisco Mota que contenderían por la candidatura a la presidencia municipal de Nautla, Veracruz, por el derechista Partido Acción Nacional (PAN).
Millones de mexicanos están convocados en 14 estados del país para renovar mañana congresos y alcaldías; en 12 se elegirá también a los ejecutivos tras una campaña a la sombra de espionajes políticos y hechos sangrientos relacionados con la delincuencia organizada.
El asesinato del postulante a la gubernatura del fronterizo estado de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú, elevó el nivel jerárquico en los ataques por parte del narcotráfico. Al menos así lo visualizó la dirigente nacional del opositor Partido Revolucionario Institucional (PRI), Beatriz Paredes, quien clamó personalmente por justicia.
La historia moderna de México no tiene registro de asesinatos a ese nivel que hayan sido relacionados con el narcotráfico, y sólo existe como antecedente el homicidio de Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial del PRI en 1994, crimen que se ligó con asuntos políticos.
"Se está ejerciendo cada vez más presión", dijo Martín Barrón, analista de temas políticos y seguridad nacional del Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe). "Los delincuentes están interesados en el perfil del personaje con el que van a negociar".
A la cantidad de ejecutados se suma también una cifra no precisa de intimidaciones contra funcionarios de alto nivel, entre los que se encuentran los mandatarios de Veracruz, Fidel Herrera; de Sinaloa, Jesús Aguilar; Chihuahua, José Reyes Baeza; de Tamaulipas, Eugenio Hernández, y el de Tabasco, Andrés Granier, según denuncias de este último.

En días pasados, Xóchitl Gálvez, ex titular de la Comisión de Desarrollo de los Pueblos Indígenas y hoy candidata a la gubernatura por la coalición Hidalgo nos Une, integrada por PAN, PRD y Convergencia, cambió el domicilio de su familia por temor a una atentado.
En estados con añejos vínculos con el narcotráfico como Sinaloa (noreste), grupos de oposición han denunciado supuestas ingerencias de los grupos criminales para imponer a sus candidatos, pero nunca han recibido eco para investigar a los políticos, entre los que se encuentra el actual gobernador.
Entre el 12 y el 21 de junio pasados las casas de campaña de los candidatos a gobernador de Sinaloa del PAN, PRI y el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD) fueron atacadas con bombas molotov ante la pasiva reacción de las autoridades locales.
"Les preocupa más el resultado que habrá en los comicios que la propia seguridad", aseguró Leonel Aguirre, presidente de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos en Sinaloa.
"Están incidiendo en el voto con regalo de despensas, chanclas, camisas, vajillas, y hay tanto dinero en propaganda que no es raro pensar que alguien poderoso los está apoyando porque el presupuesto de 28 millones de pesos [poco más de dos millones de dólares] alcanzaría para todos", agrega.
Este juego sucio de persuasión el sufragio que por siete décadas atizó el PRI, actualmente se está combinando con otro método más radical y práctico para los criminales: eliminar al enemigo que limita o se opone a sus negocios.
Precisamente en Sinaloa, el 14 de junio pasado Enrique Mendívil,un abogado y exitoso ganadero que pretendía ser regidor de Culiacán por la alianza Para Ayudar a la Gente —que integran PRI, Partido Verde y Nueva Alianza—, murió alcanzado por un bala especial que traspasó el blindaje de su camioneta.
Otros políticos corrieron la misma suerte en días previos a la muerte de Torre Cantú en Tamaulipas, cuna del cartel del Golfo, hoy en disputa con sus ex sicarios Zetas. Mario Guajardo, contendiente del PAN a la alcaldía de Valle Hermoso, y su hijo fueron acribillados en el interior de su empresa.
En esta entidad, el crimen organizado ha impuesto durante lustros, y a punta de fusiles, silencio en los periódicos locales, toques de queda, garitas de cobro en carreteras e incluso a quién no quieren como candidatos, como en el caso de Rodolfo Torre, aunque ahora su hermano Egidio lo releva en la elección.
La situación ha hecho réplica en otros estados, donde algunos políticos han declinado a sus aspiraciones, como ocurrió a Yolanda Sifuentes, aspirante a la presidencia municipal de Santiago Papasquiaro, Durango, que se retiró de la contienda tras recibir amenazas de muerte contra ella y sus hijos.
A pesar de la presión contra los políticos, para los analistas no existe un impacto directo en los votantes, salvo la abstención. "La lucha no es contra la gente, sino entre los mismos delincuentes, las autoridades y en mayor medida con la sociedad, por lo que el miedo puede ser un mero reflejo de protección, pero sin fundamento".
Por lo pronto, algunas organizaciones de mujeres en Ciudad Juárez y civiles en el sureño Oaxaca reconocieron que el temor los ha vencido y no votarán.
Fuente: La Opinión

lunes, 7 de diciembre de 2009

Frei: “Chile necesita un Presidente, no un gerente”

En entrevista con La Nación Domingo, el candidato de la Concertación asegura que será un puente entre las viejas y las nuevas generaciones en su futuro gobierno. Destaca sus propuestas para la clase media y el anuncio que hizo la Presidenta Bachelet del ingreso de Chile a la OCDE, la organización que reúne a los países desarrollados. También resume los logros de la Concertación en 20 años, que él desea proyectar más allá del bicentenario.

Viene llegando del puerto de Valparaíso donde estuvo con los sindicatos y trabajadores del sector y partirá en pocos minutos a un acto masivo al lado de la Quinta Vergara en Viña del Mar. El candidato presidencial de los partidos de la Concertación, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, se ve relajado y cómodo en su calidad de entrevistado, a pesar de llevar más de un año en campaña.

Él es uno de los dos candidatos que respondieron positivamente a la carta de La Nación, solicitando una entrevista que permita a los electores tomar una mejor decisión. La de Jorge Arrate ya se publicó. Tanto Marco Enríquez-Ominami como Sebastián Piñera se negaron a responder nuestras preguntas.

A una semana de las elecciones, ya es posible efectuar un recuento de la campaña y pensar en lo que viene después del 13 de diciembre, porque él está seguro que pasará a segunda vuelta. Adelanta que quiere sumar a todas las fuerzas progresistas, aunque prefiere esperar hasta la noche de ese día para explicar el cómo.

Junto con hacer una encendida defensa del legado de la Concertación y del por qué se requieren cuatro años más para consolidar su obra, ataca duramente a Piñera y su “chiste” de invitar a destacados demócratacristianos a su gobierno. Revela también cuáles serán las características del equipo que formará para dirigir al país desde el bicentenario.

-Evaluemos la campaña. ¿Sigue pensando que es farandulizarla hablar sobre los méritos de sus competidores?

-Lo que yo dije es que cada programa tiene su objetivo. Si a mí me invitan a un debate a las diez de la noche para hablar sobre los programas de gobierno, hablemos de eso y no empecemos con que la envidia y que esto que el otro. He ido al programa de Kike Morandé, he ido a los programas de la mañana, he hecho huevos revueltos. No voy a estar allí dictando cátedra. Pero tampoco quiero que si me invitan a debatir, me pregunten si soy o no soy envidioso. Mejor, invítenme a bailar o hagamos un malón.

-El 4 que le puso a Salvador Allende, que le dolió incluso a algunos que apoyan su campaña, ¿lo mantiene?

-Hace mucho rato que lo he dicho. Uno de los grandes déficits que tuvo este país en los años sesenta y setenta es que las fuerzas progresistas no fueron capaces de comprenderse y, si perdimos la democracia, es porque tuvimos mucha responsabilidad. Yo en esa época estaba comenzando mi carrera profesional. Me recibí en 1968 y fui a trabajar a Europa. No era activo en la política, pero sí mi padre. Pero, evidentemente, uno de los grandes problemas que tuvimos es que no fuimos capaces de entendernos y uno de los grandes éxitos de la Concertación es que nos entendimos. La evaluación que hice se fundamenta justamente en el hecho de que estábamos divididos. Hoy, hemos logrado entendernos, superamos esos traumas y por eso Chile está donde está.

-Las rencillas en su comando, que quedaron en evidencia con la entrevista que dio Sebastián Bowen a “Qué Pasa”, ha sido otro de sus problemas.

-Yo lo he dicho claramente: el protagonista es el candidato. Los comentarios a favor o en contra de otras personas no son importantes. Todos tenemos que dedicarnos a trabajar y a estar en terreno. Ahora, lo que a mí me parece más curioso es que hasta hace dos días, el único comando que tenía problemas era el nuestro. Los otros eran vírgenes necias. No pasaba nada, mientras se destruían la propaganda, se agarraban a balazos en las calles, iban a tribunales. Las dos veces que el candidato de derecha fue a Concepción se agarraron a puñetes sus partidarios y eso no aparecía en ninguna parte. Vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Lo que es verdaderamente escandaloso, y lo he visto aquí al llegar a Viña, es el gasto en las campañas de la derecha. Aquí se están comprando los cargos, se está comprando la Presidencia. Se gasta por sobre lo que permite la ley y nadie dice nada.

-Si pasa a segunda vuelta, como indican las encuestas, el día 13 en la noche ¿va a llamar a formar una nueva coalición o va a pedir que los otros candidatos se sumen a la Concertación?

-Lo primero es terminar bien la campaña. A partir del día 14 nos desplegaremos con todas nuestras energías para sumar a todas las fuerzas progresistas. ¿En qué forma?, ¿cómo lo vamos a hacer? Todos los ciudadanos lo van a saber el día 13 en la noche. Todos sabemos, y lo ha dicho muy bien Arrate, que sería muy negativo para este país que la derecha llegara al gobierno.

-Lo ha criticado Arrate por no responder a la propuesta del acuerdo mínimo antes de la primera vuelta. Dice que está como un moai, silencioso.

-Yo pienso que Arrate es una persona que trabajó mucho en mi gobierno. Una persona muy capaz. Yo sé que ha hecho esa propuesta, que fue desechada por todo el mundo en su momento. Es parte de lo que tenemos que discutir en segunda vuelta.

-Pensando en ese momento, ¿qué tan distinta es su opción a la de Piñera, que es de familia democratacristiana y que incluso alguna vez quiso ser gerente de la DC?

-Con la pregunta usted me lo ha dicho todo. Es que Chile no necesita un gerente, necesita un Presidente. Él nunca ha separado la política de los negocios. Como lo ha dicho la derecha, activo en los negocios y activo en la política. Y eso no es bueno para Chile. Por lo tanto tenemos diferencias que son muy importantes.

-Llevamos 20 años de Concertación, ¿por qué la gente tendría que elegir más de lo mismo?

-Hace tres días la Presidenta Bachelet comunicó al país desde Portugal que Chile ingresaba a la OCDE. Es decir, estamos entre los países más importantes del mundo. Hoy día conversaba con unos periodistas argentinos en Valparaíso y les decía: tenemos el ingreso per cápita más alto de América Latina, somos líderes en la región del Indice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, todo ello impensable el noventa, cuando teníamos un 45 por ciento de pobreza. Eso se ha logrado gracias a la Concertación. Se ha debido también a los millones de personas que trabajan en el país con mucho esfuerzo, con mucho sacrificio. Eso no hay que perderlo. En ese cuadro, qué le decimos al país: vote por una coalición que le ha dado todo esto a Chile y no vote por una derecha que es volver al pasado, porque son los mismos que gobernaron durante 17 años de dictadura. Y no es una descalificación personal. Cuando se vota una reforma laboral, dicen que no, y cuando se vota la píldora del día después, la rechazan.

-Pero también hay quienes sostienen que se cumplió un ciclo, que la Concertación lo hizo bien, pero ya cumplió con lo suyo y que se necesita una superación de lo que ha sido esta coalición.

-Para gobernar se requieren equipos. Un Presidente no gobierna solo. Necesita parlamentarios, alcaldes y concejales, bases sociales. Aquí no existen los súper hombres. Lo que se requiere es un gran equipo humano. Por eso he dicho que un nuevo equipo, una nueva generación se hace cargo. Por eso he dicho que yo soy el puente entre las viejas y las nuevas generaciones. La experiencia de los antiguos, el dinamismo y la fuerza de la juventud. He llegado ha decir que voy a tener un equipo nuevo, de mujeres, bajo los 45 años, como una señal potente de que Chile tiene que cambiar.

-Es cierto que estamos en las ligas mayores, en la OCDE, casi como un país desarrollado. Pero, ¿por qué deberíamos seguir hacia delante después del bicentenario, con más Concertación?

-Efectivamente, hay mucha gente desencantada, especialmente en la clase media. Es la familia de clase media, la que perdió la pega debido a la crisis, los que dicen “por fin estaba comprándome mi casa, por fin estaba siguiendo estudios superiores, tenía mi autito”. Tuvieron por primera vez en la historia de Chile una oportunidad que nunca tuvieron y sienten que nosotros no tenemos la capacidad para asegurarles eso. Por eso nuestro programa plantea un mundo de protección social hacia la clase media, seguros para la clase media, más educación, más entrega de computadores a los niños. Nosotros lo podemos hacer, porque proponemos más Estado. La derecha no lo va a hacer, ellos van a achicar el Estado.

-¿Qué es lo que le falta por hacer a la Concertación para consolidar esta obra de 20 años que usted señala?

-La primera labor es la educación y la cultura. Vamos a incrementar el presupuesto en educación en 1.500 millones de dólares más. Eso incluye nuevo estatuto docente, nuevas asignaciones para los profesores, participación de los centros de padres. Vamos a fortalecer la educación pública. En segundo término, está el tema de los abusos, la gente hoy día se siente abusada por la letra chica de los contratos. La gente no es respetada, muchas veces no es respetada por el sector público y el privado. Cuando a una pyme no le pagan por 60 ó 90 días, eso es un abuso, y para que no se produzca tenemos que modernizar el Estado. Están las tareas pendientes como la reforma laboral, la ampliación del Plan AUGE. Y lo otro es que tenemos que dignificar la política. Desde los tiempos de Pinochet venimos con esto del desprestigio de la política. Hoy día, estar en un cargo público es sinónimo de ladrón o abusador, y eso está destruyendo la política. Tenemos que hacer cambios que signifiquen abrir el sistema político para la participación de los ciudadanos: elecciones primarias para elegir candidatos en los partidos, implementar la inscripción automática y el voto voluntario. Nosotros hemos hecho el acuerdo con el Juntos Podemos, que yo lo planteé desde el primer día, porque no puede ser que tengamos a un 10 a 15 por ciento de los ciudadanos sin representación parlamentaria.

-¿Y usted va a integrar a su gabinete a gente que apoya a otros candidatos presidenciales como propuso Piñera, que nombró a varios probables ministros de la Concertación para su futuro equipo?

-Son voladores de luces de campaña. Mire, Piñera nombró entre sus elegidos a René Cortázar, cuando hace sólo tres años estaban preparando una acusación constitucional en contra de él. Esto parece un chiste.

-Pero usted, ¿va a integrar a su gobierno a personas que hayan apoyado otras candidaturas?

-Lógico. A nadie le voy a pedir su carné de partido para que se integre a mi gobierno. Ahora, que eso significa que integre gente de derecha, no, porque hay que compartir el programa. Pero habrá independientes. Muchos profesionales jóvenes, los Océanos Azules. Allí hay mucha gente de centro centro que quiere participar. Como Jaime Ruiz-Tagle. Lo que está claro es que viene una nueva generación. Cosa que yo ya hice en mi gobierno, en el que integré a muchos jóvenes, de menos de 45 años.

-La derecha ha tratado de instalar, con relativo éxito, que el suyo fue un mal gobierno, porque entregó el país con una recesión y se dedicó buena parte de los seis años a viajar. ¿Cuál es la defensa que usted hace de su gestión?

-Le doy dos o tres cifras, comparando cómo se enfrentó la crisis asiática y cómo la del ’82. La recesión causada por la crisis asiática duró sólo un año y el 2000 la economía ya estaba creciendo a un 5 por ciento. El 82 tuvimos tres años sin crecimiento y retrocedimos un año en 13 por ciento. Yo no endeudé a Chile en ni un peso y la derecha quebró el sistema financiero y eso le costó a Chile 25 mil millones de dólares. Entre paréntesis, habría que preguntarse qué pasó con el Banco de Talca. Hablan de que hubo alto desempleo en 1999, no más de 10 por ciento. ¿Y en los ochenta? Más de 30 por ciento, con los tristemente conocidos PEM y POJH. Sobre mis viajes, quiero recordar que no viajaba solo, viajaba siempre con empresarios que hicieron muy buenos negocios. Pregúntele a los empresarios si no tuvieron éxito. Por ejemplo, los cielos abiertos con Estados Unidos para nuestras líneas aéreas.

-Usted ha planteado que se requiere más Estado. Para cumplir con el programa que usted le propone al país se requerirán más recursos. Entonces, ¿por qué no impulsar una reforma tributaria como la que consideran en sus programas Arrate y Enríquez-Ominami?

-Hoy día con los ingresos que estamos teniendo, con las alzas constantes en el precio del cobre, tenemos financiado el presupuesto de 2010 y, en base a un crecimiento de 5 por ciento, tenemos financiado los presupuestos de los próximos años. Por qué decidimos no hablar de reforma tributaria: de eso hay que hablar cuando no tengamos los recursos y porque estamos saliendo de una recesión. Hoy día la tarea uno, que ha encargado la Presidenta Bachelet, es terminar con la recesión y disminuir el desempleo. Cuando estamos saliendo de una crisis, no es bueno subir los impuestos. Si vamos a crecer 5 por ciento el próximo año, tendremos los recursos suficientes para realizar nuestro programa.

-En materia energética también ha habido planteamientos durante la campaña, como el de Enríquez-Ominami, en contra de la construcción de las centrales hidroeléctricas de Aysén. ¿Cuál es su definición al respecto?

-Lo primero que tiene que terminar en este país es que haya un señor que actúa como dictador y que manda, aprueba o rechaza proyectos. Si el proyecto pasa las normas ambientales, se puede realizar; si no lo hace, no puede haber ninguna autoridad que transgreda esas normas. En el tema energético, lo único que he dicho es que tenemos que diversificar. Y por eso hemos hablado de una economía verde. En ninguna parte del mundo la energía eólica, la solar, la geotérmica se hace sin subsidios estatales. Chile no puede darse el lujo de que el 50 por ciento de sus proyectos del sector de energía sean térmicos, de carbón. Si hacemos esas inversiones, Chile va a ser el país que va a emitir más CO2 en Latinoamérica. Y, si eso pasa, no vamos a poder exportar, porque nos van a poner la trazabilidad para establecer cuánto contaminamos y, de acuerdo a eso, nos van a poner impuestos. Eso ya se está discutiendo en la Unión Europea. Por último, el tema nuclear no lo podemos descartar. Lo tienen en Argentina, en Brasil. Nosotros no podemos renunciar a ello, porque es renunciar a nuestra soberanía. //LND

Fuente: La Nación.cl