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domingo, 14 de marzo de 2010

Westerwelle atribuye a "campaña de difamación" las acusaciones de amiguismo

Berlín, 13 mar (EFE).- El ministro alemán de Asuntos Exteriores, Guido Westerwelle, atribuyó a una presunta "campaña de difamación" electoralista las acusaciones de amiguismo lanzadas contra él por la conformación de las delegaciones que le acompañan en sus viajes al extranjero.

"Quien crea que logrará con tal campaña que gane una mayoría de izquierda en Renania del Norte-Westfalia es que menosprecia la inteligencia de nuestros ciudadanos", dijo Westerwelle, de regreso de Latinoamérica, en relación a los comicios de mayo en ese estado, gobernado por cristianodemócratas y liberales.

El ministro, presidente del Partido Liberal (FDP), salió así al paso de las sospechas de amiguismo en relación a sus viajes, cuestión que ha centrado la atención en Alemania durante su gira, esta semana, por Chile, Argentina, Uruguay y finalmente Brasil.

A la serie de revelaciones de los días pasados se sumaron hoy las del semanario "Der Spiegel" y que afectan a uno de sus hombres de confianza en Exteriores, Jörg Arntz, responsable de coordinación y hasta hace poco socio del empresario Cornelius Boersch, propietario de varias empresas en Suiza y Alemania.

Boersch formó parte de las delegaciones de empresarios que han acompañado al ministro en sus giras por Asia y Oriente Medio. Desde sus empresas se han transferido desde 2002 hasta 165.200 euros en donativos al FDP de Westerwelle, según medios alemanes.

El empresario formaría parte de la trama de presuntos "amigos" del ministro, una trama en la que asimismo están implicadas dos personas de su entorno privado: su hermano menor, Kai Westerwelle, y su compañero sentimental, Michael Mronz, organizador de eventos deportivos y asimismo presente en la gira por Latinoamérica.

La presencia del compañero sentimental del ministro despertó las suspicacias, ya que si bien es habitual que un jefe de la diplomacia viaje ocasionalmente acompañado de su pareja, entre los medios se barajó que tales ocasiones podían "abrir las puertas" a Mronz en beneficio de sus asuntos empresariales.

En pleno revuelo por el trato de favor que, por ejemplo, podía sacar un organizador de eventos deportivos de sus contactos en Brasil -sede del Mundial de Fútbol 2014 y los JJOO de 2016-, el propio Mronz anunció ayer que no acompañará a Westerwelle en su próximo viaje a Sudáfrica -sede del Mundial 2010-.

Ya a principios de semana, Mronz salió al paso de las primeras especulaciones, al afirmar que paga los costes de su bolsillo.

La canciller Angela Merkel respaldó ayer a Westerwelle al expresar a través de su viceportavoz, Sabine Heimach, su confianza en que la selección de empresarios que acompañan al ministro en sus viajes al extranjero "se ajustan a los criterios establecidos".

Heimbach matizó, sin embargo, que la canciller no interviene en esa selección, sino que cada uno de sus ministros "está facultado para decidir por sí mismo quién conforma esas delegaciones".

Las sospechas en torno a Westerwelle coinciden con el mal momento en las encuestas de la coalición de Merkel -integrada por la Unión Cristianodemócrata Alemana y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CDU/CSU), junto al FDP-.

Las últimas encuestas dan a las tres formaciones del gobierno, a escala federal, un 41 por ciento, frente al 51 de un hipotético bloque entre socialdemócratas, La Izquierda y Los Verdes.

Respecto a las comicios renanos, se baraja asimismo una posible pérdida de la mayoría de la coalición de centro-derecha. EFE gc/ma

Fuente: El confidencial

lunes, 28 de septiembre de 2009

Westerwelle, la nueva estrella


BERLIN (De una enviada especial).- Es abogado, colecciona arte moderno y juega al beach volley. Pero Guido Westerwelle sólo tiene una verdadera pasión: la política.
A los 47 años, el sólido líder del Partido Liberal Demócrata (FDP) cumplió ayer el primer gran sueño de su vida: obtuvo el 14,5% de los votos, lo que le permitirá formar una alianza de centroderecha con la democracia cristiana de Angela Merkel. Como manda la tradición, Westerwelle se transformará en vicecanciller de Alemania y ministro de Relaciones Exteriores. Durante los próximos cuatro años, Guido -como lo llaman sus compatriotas- se esforzará en aplicar el dogma ultraliberal que defiende desde que adhirió a su partido a los 19 años y que estampó en su lema de campaña: "Hay que volver a recompensar el trabajo".
Fiel a ese dogma, este nativo de Bonn, mal alumno, hijo de juristas divorciados y que recuerda su infancia como una época de profunda infelicidad, intentará reducir drásticamente los impuestos, liberalizar el mercado laboral, oponerse a medidas de neto corte ecologista y seguir siendo un aliado incondicional de Estados Unidos. "Ni de izquierda ni de derecha", afirma cuando le preguntan cuál es su ideología. Se declara "antes que nada enemigo del socialismo y de un exceso de Estado".

Westerwelle es un temible tribuno. Sus colegas en el Bundestag todavía recuerdan sus enfrentamientos verbales con su gran adversario, el ex ministro de Relaciones Exteriores verde Joschka Fischer. Aún hoy Merkel apela a todo tipo de subterfugio para no darle la palabra inmediatamente después de ella en el hemiciclo.
Su gran problema es su inconsistencia ideológica. Sus adversarios dicen que es capaz de cambiar de estilo y de posición de un minuto al otro, motivado por una necesidad profunda de caer bien. "Es alguien mucho más motivado por la carrera de político que por el contenido de la política" y, en otras palabras, "sin convicciones profundas", afirma su biógrafo Majid Sattar.
Ese afán por lograr la aceptación lo indujo a adoptar un tono frívolo que lo llevó a una dura derrota en las elecciones de 2002, en las que obtuvo apenas el 7 por ciento. Dispuesto a cambiar, en la campaña de 2005 decidió apostar por la transparencia y hacer público un secreto conocido por todos los alemanes, pero del cual nadie se atrevía a hablar: su homosexualidad. Merkel le dio la oportunidad.
En 2004, la presidenta de la CDU lo invitó a festejar sus 50 años en la sede del partido. Poco antes de la fiesta, Westerwelle la llamó para preguntarle si podía asistir con su compañero. Merkel aceptó con entusiasmo. Sobre todo porque, según confió a Sattar, tuvo inmediatamente la idea de ubicar a la pareja junto a su propio rival democristiano, Edmund Stoiber, ministro-presidente de Baviera y miembro de la ultraconservadora CSU. Al día siguiente, las fotos publicadas por la prensa indignaron a los electores bávaros católicos. Stoiber estaba furioso y Merkel sonreía con malicia. Westerwelle consiguió salir del closet con elegancia y así pudo pasar a otra cosa: esforzarse por convertirse en la nueva estrella de la política alemana. Ayer lo logró.
Fuente: La Nación