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domingo, 21 de marzo de 2010

Té con masas

Ha escrito en la palma de su mano izquierda: "energía", "impuestos" y "levantar el ánimo" de la gente; otra consigna, "recortes presupuestarios", está tachada. Desde el atril, mientras agita los brazos y deja ver esos apuntes en tinta negra, Sarah Palin clausura la convención nacional del Tea Party. Está en Nashville, Tennessee, territorio del ex vicepresidente demócrata Al Gore, derrotado por George W. Bush en las mañosas presidenciales de 2000. La vitorea una multitud encantada con sus maldiciones contra esosliberals , o izquierdistas, capaces de lo peor.
La ex candidata a vicepresidenta de los Estados Unidos y ex gobernadora de Alaska es, ante ellos, "alguien como nosotros, del mundo real". Cobrará al final de la velada 100.000 dólares. Son sus módicos honorarios por intervenir en esa recreación del histórico motín del puerto de Boston. Entonces, el 16 de diciembre de 1773, es contra Gran Bretaña por gravar la importación de productos de primera necesidad como el té; colonos disfrazados de indios arrojan un cargamento al mar. Ahora, más de dos siglos después, es contra la "política socialista" del gobierno demócrata.
¿Quién es Barack Obama para apurar una reforma sanitaria por la cual las compañías de seguros médicos se verán obligadas a afiliar y atender a todos sin limitaciones? "No es sólo un debate sobre el costo de los cuidados médicos, sino sobre el carácter de nuestro país", martilla frente a otra multitud, distinta de la encandilada con Palin.
La señal de alarma para él proviene de Massachusetts, bastión de los Kennedy durante casi medio siglo: los demócratas pierden su banca y, con ella, la autonomía en el Senado. La victoria del republicano Scott Brown, "sólo un hombre con una camioneta", confirma que el disgusto, factor aglutinante de la derecha, puede ser fatal. O, en el caso de Annabel Park, nacida en Corea del Sur y criada en los Estados Unidos, inspirador: crea el Coffee Party, reverso del Tea Party, con lemas, como "despierta" y "reacciona" que Obama, de ser Palin, podría apuntarse en la palma de la mano derecha.
Palin suele burlarse de él: "¿Qué tal les está yendo con eso de la esperanza y el cambio?", aguijonea a los suyos. Son blancos, de derecha y están desorientados. Encuentran más eco en la Nación del Motín del Té, fundada por Judson Phillips, que en el Partido Republicano. La defensa de la responsabilidad fiscal, el gobierno limitado y el mercado libre, sus pilares, son un recordatorio del Contrato con América , lanzado por Newt Gingrich en 1994; en ese momento, Bill Clinton está empantanado, como ahora Obama, con la reforma sanitaria, encargada a Hillary, en un país con 47 millones de personas sin seguro médico.
Esta vez, la campaña es más agresiva. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, demócrata, está horrorizada por el uso de los bigotes de Hitler para ridiculizar a Obama en los actos del Tea Party. Los tilda de "nazis". No sólo por eso, sino, también, por las feroces arengas de predicadores radiales, como Rush Limbaugh, contra los inmigrantes y las minorías raciales. Palin suscribe sus ideales, pero prefiere ir por la libre contra el establishment , el aborto y el matrimonio gay a ver si Dios le enseña "la siguiente puerta"; quizá deba decidir si pasa a ser "Sarah de Alaska 2012".
¿Será su desquite? La consideran "demasiado sexy" en 2008. En esas elecciones, la combinación entre la política y la maternidad, yendo y viniendo con su bebe con síndrome de Down y su hija de 17 años embarazada, crea confusión. De pequeña, por su fiereza en la cancha de básquetbol, es "Sarah Barracuda". De grande, en su debut en la convención republicana, se presenta como una hockey mom(madre que lleva a sus hijos a jugar hockey) cuya única diferencia con un pitbull , bromea, es "el lápiz labial". Es ahora, en su casa de Wasilla, Alaska, estrella del canal de televisión Fox News. Escribe su segundo libro después del éxito de Going rogue ("resumen de casi 400 páginas de virtuosa ignorancia", según The New York Review of Books ). Tiene un millón y medio de fans en Facebook y otros tantos seguidores en Twitter.
Tiene simpatizantes más discretos. En el Capitolio, durante el discurso del Estado de la Unión, el juez Samuel Alito, miembro de la Corte Suprema, desaprueba una crítica de Obama contra un fallo sobre la financiación de las campañas. "Eso no es verdad", masculla en voz baja. Virginia Thomas, esposa del juez Clarence Thomas, también conservador y miembro del máximo tribunal, ha creado la organización Liberty Central para ayudar al Tea Party. Está habilitada. ¿En qué medida condiciona a su marido, más cercano a Palin que a Obama?
En sus excluyentes mítines de english only (sólo inglés), la muchachada del Tea Party calienta el músculo para "recuperar el país" con una Juana de Arco que, desde el miedo al cambio, reivindica los "derechos constitucionales" y el individualismo a ultranza. Son los Estados Unidos que, según Obama, "se aferran a Dios y las pistolas". Son los otros Estados Unidos o, acaso, los más parecidos a sí mismos.
Fuente: La Nación (Jorge Elías)



Fuente de imagenes: Obamanation chronicles

lunes, 8 de marzo de 2010

La Casa Blanca apuesta a Twitter para la comunicación

WASHINGTON (AP).- La Casa Blanca y el gobierno federal emplean Twitter cada vez más, mezclando detalles tras bambalinas con una defensa de las políticas del presidente Barack Obama.

En esa red el alias del secretario de prensa de la Casa Blanca, Robert Gibbs, es "@PressSec ".

¿Quién necesita los comunicados de prensa? Gibbs y su segundo, Bill Burton, comparten ahora noticias en mensajes en Twitter. Hasta ahora, unas 33.000 personas se han subscrito para seguir los mensajes de Gibbs y más de 6.000 los de Burton. A ambos les falta mucho para alcanzar al actor Ashton Kustcher y sus 4,6 millones de seguidores.

Durante la reciente final de hockey sobre hielo masculino entre Estados Unidos y Canadá en las Olimpiadas Invernales de Vancouver, tanto Gibbs como Burton colocaron mensajes en Twitter sobre el partido y el ambiente en la Casa Blanca.

No es el tipo de pronunciamientos que uno espera de los portavoces presidenciales, pero con el equipo de Obama continuando la estrategia en Internet que iniciaron durante la campaña, son algo natural en un plan de comunicaciones que se extiende a todo el gobierno.

La embajadora estadounidense en la ONU Susan Rice habla de diplomacia, el subsecretario de Estado Arturo Valenzuela sobre el Hemisferio Occidental y el secretario de Comercio Gary Locke sobre comercio.

Macon Phillips, el nuevo director de medios de comunicaciones en la Casa Blanca, dijo que los mensajes en Twitter permiten a los funcionarios "tener una idea de las preguntas que tiene el público en su forma natural, en lugar de las preguntas que hacen los expertos y periodistas televisivos".

Fuente: La Nación

domingo, 21 de febrero de 2010

Que se vayan todos

Por Santiago O’Donnell

Tea Party. Que se vayan todos. Es la manera más fácil de entender este movimiento nuevo que barre las praderas de Estados Unidos, el Tea Party Movement. Hay crisis, la gente está enojada. Un diario todavía poderoso, el New York Times, tiene la ocurrencia de reproducir una encuesta. Uno de cada cuatro norteamericanos tiene una opinión favorable del movimiento Tea Party. Uno de cada tres opina bien de los demócratas y uno de cada dos, de los republicanos. Buena idea la del Times. Impacto inmediato. Ahora que la jauría de la cadena Fox los corre por derecha, los diarios tradicionales tienen que estar atentos a las movidas populistas.

Pero en términos de capital político, el movimiento Tea Party no representa nada. La frase “tea party” en Estados Unidos es sinónimo de “rebelión fiscal”, pero nadie ha dejado de pagar sus impuestos. Los adherentes al movimiento dicen que están cansados de pagar y que quieren pagar menos, pero no dicen que no van a pagar más. No tienen líderes orgánicos, no tienen programa, no tienen estructura, ni siquiera salen a cacerolear. Desnudan la debilidad de los partidos políticos pero no se ofrecen como alternativa.

Su actividad se limita a expresiones en foros de Internet y protestas públicas que se hacen en los feriados patrios (ver foto) y el día de cierre para las declaraciones de impuestos en los distintos estados. Su filosofía es algo inconsistente: quieren bajar la deuda pública pagando menos. Lo que se ignora no puede hacer mal: en otra encuesta, el 80 por ciento de los adherentes al movimiento dijeron no saber que el paquete de estímulo de Obama les había bajado los impuestos al 90 por ciento de los estadounidenses. Esas noticias no salen mucho en la Fox, la cadena que promueve descaradamente cada convocatoria de su movimiento.

Tienen, sí, referentes que se valen de la frase y del movimiento para hacer campaña en contra del gobierno. Hablan sencillo, critican a la burocracia de Washington y se quejan todo el tiempo de lo que gasta Obama. Como el melli D’Angeli, acusan al gobierno de ser un enchastre. La más importante es Sarah Palin, la candidata republicana a la vicepresidencia en la última elección. Esa que contestó, cuando le preguntaron por los desafíos de la política exterior: “Tenemos a Rusia... ahí cerca...”, y no pudo agregar nada más.

Tea Party. Suena bien. La frase se refiere al acto fundacional de los Estados Unidos, el equivalente al Cabildo del 25 de Mayo. En 1773, los patriotas de Boston, cansados de pagar impuestos, se suben a un barco y vacían al mar un cargamento de té. Y Boston fue una fiesta, y vino la Guerra de la Independencia, y los padres fundadores plantaron bandera y escribieron la Constitución y Yankee doodle dandy. ¡Viva la patria!

Tea Party para poner al negro ése en su lugar. No es casualidad que el perfil del adherente medio sea blanco, pobre, poco educado, libertario o conservador. Las crisis económicas sacan a relucir el costado xenófobo y racista de las sociedades. Encima Estados Unidos viene de elegir a su primer presidente negro.

Si uno está cansado de verlo sonriendo por televisión, si le molestan los diseños africanos de la primera dama, si está harto de todas esas películas que salieron ahora con un negro haciendo de héroe, si está convencido de que los negros son todos chorros y por eso llenan las cárceles, y si encima lo echaron de su trabajo por la crisis pero imagina que fue por no pertenecer a una minoría protegida, entonces no puede decir “saquemos a patadas de la Casa Blanca a ese negro de mierda.” Lo podrían acusar de racista. Entonces dice “Tea Party” y se entiende igual.

Los negros no estuvieron en el Tea Party de Boston porque estaban en el sur cosechando tabaco y algodón para sus amos. Y nadie le hizo un Tea Party a Bush por llevar el déficit a cifras astronómicas ni por darles un megarrescate a los banqueros de Wall Street. En la Tea Party versión 2010, los negros vendrían a ser los sacos de té que el movimiento quiere tirar por la borda. Porque no es sólo Obama. Obama es la consecuencia de 20 años de Acción Afirmativa que el padre del populismo norteamericano, Ronald Reagan, tuvo a bien abolir en los ’80: las cuotas para las minorías en los empleos, el traslado forzoso de chicos negros pobres a las escuelas de blancos ricos, los fiscales federales enviados a Alabama para dificultar los linchamientos de los seguidores de Martin Luther King, los programas para obligar a los blancos a compartir con los negros el asiento del colectivo. Todo ese gasto en programas estatales para igualar las cosas, y ahora hay un negro en la Casa Blanca que sigue gastando los impuestos que todos tienen que pagar. Y encima rescata a los banqueros y a los dueños de las automotrices y ahora pide otro dineral para reformar el sistema de salud.

Tea Party. Kill the bill. La derecha no tiene muy buenas razones para oponerse a una legislación que bajaría la cuota de las prepagas y extendería la cobertura a más de veinte millones de personas que hoy no la tienen. Salvo que no es momento para grandes gastos porque hay crisis y la gente no quiere pagar más impuestos. Entonces se valen del movimiento para eludir el debate de ideas y gritan “Kill the Bill”, maten la ley de Obama, en los sitios web y las protestas del movimiento. Los legisladores demócratas se asustan. Se vienen las elecciones y no quieren ser víctimas del Tea Party. Bill sigue vivo, esperando el voto del Senado, demócratas y republicanos saben que es la gran batalla política del gobierno de Obama y que muy bien podría definir las próximas presidenciales. Por ahora los demócratas tendrían número si consiguieran ponerse de acuerdo, pero despues de las legislativas del 2011 el porotaje podría cambiar.

Tea Party. No gasten más. En el imaginario popular estadounidense son los demócratas los que gastan y los republicanos los que ahorran. Pero no es tan así. Al principio sí, pero ya no. Primero vino el “New Deal” del demócrata Franklin Roosevelt y sus recetas keynesianas para salir de la Gran Depresión. Después llegó Hoover, el fiscalista republicano, para llenar de agujeros al Estado de bienestar. Más tarde Lyndon Johnson y todo el empuje al movimiento de derechos civiles y sociales de los negros. Después Nixon para decir basta.

Todo cambió con la llegada los populistas de derecha y los demócratas autoproclamados “fiscalmente responsables”. Ahí se dio vuelta la tortilla. Primero vino la “Reagan Revolution” de los republicanos, que disparó el déficit con recortes de impuestos para las empresas y mucho gasto militar. Después llegó el ajuste del demócrata Clinton, que llegó al déficit cero desmembrando el programa espacial, encogiendo al Departamento de Estado y congelando la planta de empleados públicos. Después, con la “cultural revolution” de George W. Bush, volvió el déficit record con descuentos impositivos para los ricos, “vouchers” para escuelas, escudo antimisiles y guerra global.

Después llegó Obama con su discurso de demócrata fiscalmente responsable, pero también de Gran Transformador. Dice que va a terminar con el déficit en cinco o diez años, pero no dice cómo lo va a hacer y cada mes anuncia un nuevo paquetazo. Primero los rescates para salir de la crisis, después la reforma de salud, ahora quiere reconvertir la economía a energía limpia y ayudar a las Pymes. Todos objetivos atendibles, pero caros. Y la gente está asustada. Y algunos no le perdonan que sea negro. Y no le creen que va a cuidar el mango y que no va a subir los impuestos. Ya no les creen ni a los demócratas ni a los republicanos.

Entonces se juntan y gritan ¡Basta! ¡Tea Party! ¡Viva la patria! ¡Kill the bill! Como expresión política no quiere decir mucho, pero sirve para el desahogo. Y para apretar al Congreso para que no siga gastando. No porque piensen que el gasto estatal originó la crisis, sino porque piensan que no es la solución.

Sobre todo gritan ¡Tea Party! para complicarle la vida al negro Obama, que necesita dólares y leyes para hacer política. Que no haga nada, le gritan, que se vaya, que se vayan todos. Tea Party hasta que lleguen tiempos mejores.

Fuente: Pagina 12

viernes, 6 de noviembre de 2009

Entrevista a Chris Hughes: "El chico que hizo a Obama presidente"

Cristina Castro
Diario El País

"El chico que hizo a Obama presidente". Así bautizó la revista estadounidense Fast Company a Chris Hughes , un chico rubio e imberbe de 25 años que tiene a sus espaldas la dirección de la campaña presidencial de Barack Obama en Internet y, junto a compañeros de la Universidad de Harvard, la creación de Facebook, la red social que agrupa ya a más de 300 millones de usuarios en todo el mundo. Estuvo en Madrid para participar en el Congreso Europeo de Comercio Electrónico, que organizó la Asociación Española de Comercio Electrónico (AECEM) y el Ayuntamiento de Madrid.

¿Qué se siente siendo El chico que hizo a Obama presidente , es más un honor o una responsabilidad?

(Sonríe y se echa hacia detrás en el asiento) ¡Este título me va a perseguir siempre! No puedo llevarlo, porque no es cierto. La gente que hizo a Obama presidente fueron decenas de miles, millones de voluntarios que salieron a la calle, hicieron llamadas, recaudaron dinero, ellos consiguieron que la campaña tuviera éxito. Ellos fueron los que hicieron a Obama presidente; lo que nosotros intentamos fue, con la tecnología, hacer más fácil su trabajo y luego dejarles el camino libre.

Pero hay que reconocer que su labor fue muy importante para Obama

No se sabe qué podría haber pasado si se hubiese hecho de otra manera, pero creo que la campaña de Obama tenía la filosofía de creer en las nuevas tecnologías y de dar poder a la gente. Y eso ya estaba antes de que yo llegara así que, en esa medida, la campaña hubiera tenido éxito de todos modos.

¿Cómo cree que está actuando el presidente de Estados Unidos respecto a las nuevas tecnologías?

Creo que bien. Está adoptando las tecnologías, aunque el Gobierno es muy diferente de la campaña. Yo he aprendido rápido que el Gobierno trabaja muy despacio, así que es difícil verlo. Tenemos eventos, chats, datos, han rehecho completamente su página... pero se podría hacer mucho más. No es algo concreto que debería hacer ahora mismo, sino de cosas pequeñas, como escuchar a la gente a través de la Red, por ejemplo, pequeños pasos que pueden tener mucho éxito.

Se dijo que Howard Dean, candidato demócrata a las primarias de 2004, fue el primer candidato de Internet. ¿Por qué entonces no funcionó?

Los políticos llevan tiempo usando la Red para recaudar dinero, y lo han conseguido. Pero la diferencia es que nosotros no usamos Internet porque sí: nosotros la usamos para dar poder a la gente, para crear bases, gente que se sienta responsable, parte de la campaña todos los días. Y ése es el porqué, no entras en la Red para leer algo sobre Barack Obama, sino para crear contenido.

¿Y las redes sociales?

También, aunque no es magia, lo importante es dar a la gente poder para que se sienta parte del proceso.

Las redes sociales también conllevan riesgos, como la pérdida de intimidad. En España hubo un reciente debate por la publicación de unas fotos en la Casa Blanca en las que aparecían las hijas menores de edad del presidente Zapatero. ¿Cree que son necesarias herramientas de control?

Internet hace el mundo más transparente. Está claro que las tecnologías pueden ser mal utilizadas, pero la gente ahora tiene mucho más acceso a la información y eso es bueno. Por otro lado, ya hay cierto control pero lo más importante es la educación en un uso responsable.

Además de en política, las redes sociales pueden ayudar a otras causas en las que usted se ha involucrado, como la de los jóvenes gays y lesbianas. ¿Hasta qué punto hay potencial?

Ahora mismo, en Estados Unidos, si tienes un grupo de gente apasionada por una causa, ya sea jóvenes gays o lesbiana, o el cambio climático, funciona. En el caso de los jóvenes gays y lesbianas espero que haya pronto una plataforma para que cada cual pueda contar su historia y conectar con los demás. Pero hay potencial para cualquier cosa que le interese a la gente.

¿Cree que ha habido algún invento o revolución que pueda compararse a la creación de las redes sociales?

Es muy difícil de decir, porque las redes sociales son algo fundamentalmente humano, es compartir, conectar con otra gente. Así que no creo que pueda haber nada para comparar.

¿Cómo cree que va a cambiar Facebook en el futuro?

Necesitamos innovar en el software, queremos permitir que, con tu contraseña de Facebook, puedas conectarte y hablar con tus amigos desde otras páginas web. Y creo que es una gran oportunidad para que cada web pueda aprovechar todo lo que Facebook ofrece.

© El Pais, SL

martes, 20 de octubre de 2009

Health-Care Reform 2009: Public option gains support


Washington Post Staff Writer
Tuesday, October 20, 2009

A new Washington Post-ABC News poll shows that support for a government-run health-care plan to compete with private insurers has rebounded from its summertime lows and wins clear majority support from the public.

Americans remain sharply divided about the overall packages moving closer to votes in Congress and President Obama's leadership on the issue, reflecting the partisan battle that has raged for months over the administration's top legislative priority. But sizable majorities back two key and controversial provisions: both the so-called public option and a new mandate that would require all Americans to carry health insurance.

Independents and senior citizens, two groups crucial to the debate, have warmed to the idea of a public option, and are particularly supportive if it would be administered by the states and limited to those without access to affordable private coverage.

But in a sign of the fragile coalition politics that influence the negotiations in Congress, Obama's approval ratings on health-care reform are slipping among his fellow Democrats even as they are solidifying among independents and seniors. Among Democrats, strong approval of his handling of the issue has dropped 15 percentage points since mid-September.

These numbers underscore the challenges ahead for the president and Democratic leaders in Congress as they attempt to maintain support among liberals and moderates in their own party while continuing to win over at least a few Republican lawmakers.

Overall, 45 percent of Americans favor the broad outlines of the proposals now moving in Congress, while 48 percent are opposed, about the same division that existed in August, at the height of angry town hall meetings over health-care reform. Seven in 10 Democrats back the plan, while almost nine in 10 Republicans oppose it. Independents divide 52 percent against, 42 percent in favor of the legislation.

There are also deep splits in the new poll over whether the proposed changes would go too far or not far enough in expanding coverage and controlling costs. Twice as many see the plan as leaning toward too much government involvement, but since last month there has been a nine-point increase in the number who say government should be more involved.

On the issue that has been perhaps the most pronounced flash point in the national debate, 57 percent of all Americans now favor a public insurance option, while 40 percent oppose it. Support has risen since mid-August, when a bare majority, 52 percent, said they favored it. (In a June Post-ABC poll, support was 62 percent.)

If a public plan were run by the states and available only to those who lack affordable private options, support for it jumps to 76 percent. Under those circumstances, even a majority of Republicans, 56 percent, would be in favor of it, about double their level of support without such a limitation.

Fifty-six percent of those polled back a provision mandating that all Americans buy insurance, either through their employers or on their own or through Medicare or Medicaid. That number rises to 71 percent if the government were to provide subsidies for many lower-income Americans to help them buy coverage. With those qualifiers, a majority of Republicans say they support the mandate.

The public option

Faced with a basic choice that soon may confront the administration and Democratic congressional leaders, a slim majority of Americans, 51 percent, would prefer a plan that included some form of government insurance for people who cannot get affordable private coverage even if it had no GOP support in Congress. Thirty-seven percent would rather have a bipartisan plan that did not feature a public option. Republicans and Democrats are on opposite sides of this question, while independents prefer a bill that includes a public option but does not have Republican support, by 52 percent to 35 percent.

But if there is clear majority support for the public option and the mandate, there is broad opposition to one of the major mechanisms proposed to pay for the bill. The Senate Finance Committee suggested taxing the most costly private insurance plans to help offset the costs of extending coverage to millions more people. Sixty-one percent oppose the idea, while 35 percent favor it.

Nearly seven in 10 say they think that any health-care measure would increase the federal budget deficit, a possible concern for Obama. But nearly half of those who see the legislation as growing the deficit also say the increase would be "worth it."

Concerns about the implications for Medicare continue to cloud the debate. More than twice as many Americans (43 percent to 18 percent) say they think the legislation would weaken Medicare. Despite the dip in opposition to a health-care overhaul among seniors, most, 51 percent, still think reform would hurt the popular program.

Overall, 57 percent approve of the way Obama is handling his job as president and 40 percent disapprove. While those numbers have moved only marginally over the past few months, here, too, are fresh signs of restiveness among the party faithful: "Strong approval" among liberal Democrats is down 16 percentage points over the past month.

On the economy, 50 percent approve of Obama's efforts, while 48 percent disapprove.

The president receives better marks from all Americans for his handling of international affairs and his performance as commander in chief (57 percent approval on each). Slim majorities also approve of how he is dealing the situation with Iran and his winning of the Nobel Peace Prize. A majority disapprove of his work on the federal budget deficit.

Partisan divide

Despite those mixed reviews on domestic priorities, Obama continues to hold a big political advantage over Republicans.

Poll respondents are evenly divided when asked whether they have confidence in Obama to make the right decisions for the country's future, but just 19 percent express confidence in the Republicans in Congress to do so. Even among Republicans, only 40 percent express confidence in the GOP congressional leadership to make good choices.

Only 20 percent of adults identify themselves as Republicans, little changed in recent months, but still the lowest single number in Post-ABC polls since 1983. Political independents continue to make up the largest group, at 42 percent of respondents; 33 percent call themselves Democrats.

The wide gap in partisan leanings and the lack of confidence in the GOP carries into early assessments of the November 2010 midterm elections: Fifty-one percent say they would back the Democratic candidate in their congressional district if the elections were held now, while 39 percent would vote for the Republican. Independents split 45 percent for the Democrat, 41 percent for the Republican.

The poll was conducted by conventional and cellular telephone from Oct. 15 to 19 among a random sample of 1,004 adults. The margin of sampling error for the full poll is plus or minus three percentage points.

Polling analyst Jennifer Agiesta contributed to this report.

Fuente: The Washington Post

viernes, 11 de septiembre de 2009

Obama gana apoyo para su reforma


Silvia Pisani
Corresponsal en EE.UU.

WASHINGTON.- Un soplo de aire fresco y de energía pareció adueñarse ayer del gobierno de Barack Obama, apenas un día después de que el presidente se jugó a fondo con un discurso en el que ratificó su objetivo de aprobar este año la controvertida reforma del sistema de salud.

Un primer efecto parece haber sido la recuperación de la confianza en el presidente. Si bien son datos aún precarios, los sondeos coincidían ayer en reflejar un fortalecimiento de la imagen presidencial, que llegó al discurso de anteanoche en su peor momento de popularidad, con dudas y cuotas de desconfianza en más de la mitad de los ciudadanos.

Lejos de esa onda negativa, un sondeo de la cadena televisiva CNN arrojó que el 70% de quienes vieron el discurso se mostraron "satisfechos" con la actitud presidencial.

Semejante índice de aceptación posiblemente revela una alta presencia de demócratas entre los consultados, según admitieron los propios realizadores del sondeo.

Pero, aun así, la tendencia es clara. Y ayer, hasta los republicanos admitían que Obama había salido fortalecido tras su intervención. "Hay un cambio de escenario", fue la expresión con que se admitió que el 52 por ciento de rechazo que llegó a tener la reforma era un dato del pasado. Según CNN, el apoyo a la reforma de Obama creció tras el discurso al 67 por ciento.

La otra "suerte" que tuvo el presidente fue que uno de los legisladores republicanos que lo escuchaba se enardeció, perdió los estribos y lo insultó en pleno discurso. Eso trajo la consecuente disculpa pública posterior, gesto que -con la gentil aceptación del caso- dejó a Obama en mejor posición que a sus críticos de derecha.

"¡Usted miente!", espetó en pleno discurso del presidente el congresista republicano por Carolina del Norte Joe Wilson. "No, no miento", respondió Obama, sin perder la calma.

El incidente generó un verdadero escándalo, en el que se cuestionó la falta de respeto y la descortesía mostrada por el colérico protagonista. Tanto que fueron sus compañeros de bloque los primeros en pedirle que se disculpara. "Mi comentario fue inapropiado y lamentable. Pido perdón y extiendo mis sinceras disculpas al presidente por mi falta de educación", sostuvo Wilson en un comunicado.

La Casa Blanca se frotaba las manos. La reacción enardecida del republicano calza perfectamente con la campaña de exasperación y miedo que el equipo de Obama viene denunciando por parte de la oposición de derecha.

El presidente aceptó la disculpa. Pero el vicepresidente, Joe Biden, se regocijó un poco en la herida ajena. "Sentí vergüenza ajena. Wilson denigró a la institución [parlamentaria]", cargó el vicepresidente, y anticipó que la reforma del sistema de salud será aprobada antes de noviembre.

Los republicanos recogían vela como podían. "Tiene que quedar en claro que el presidente de los Estados Unidos siempre es bienvenido en el Capitolio. Merece respeto y decoro", dijo el titular del bloque en la Cámara de Representantes, Eric Cantor.

Tan incómodos quedaron ayer los hombres del partido de George W. Bush que el ex candidato presidencial John McCain moderó el tono de su crítica.

"Admito que hay que hacer algo con el sistema de salud. Pero lo que pedimos es que se dialogue y que se haga con acuerdo de los principales partidos", dijo McCain, quien opera como vocero de hecho de la oposición republicana.

Ayer, con el viento en la nuca de la popularidad de nuevo en alza y el traspié republicano como telón de fondo, Obama volvió a la carga, con una renovada prédica para sacar adelante la reforma. "Sigo abierto a todo tipo de sugerencias y de ideas. Pero lo que no podemos hacer es seguir como estamos y aceptar la situación actual", afirmó, tras reunirse su equipo de asesores en la materia.

Entre sus esfuerzos por retomar la iniciativa, el presidente mantuvo también ayer una reunión con un centenar de enfermeras de todo el país. "No voy a permitir que se posponga la reforma", dijo el mandatario, que se hizo eco de las nuevas cifras que publicó ayer la Oficina del Censo, según las cuales el número de personas sin cobertura médica aumentó en un millón de afectados en los últimos 12 meses, para situarse ahora en 46,3 millones.

"Nadie debería ser tratado así en Estados Unidos. ¡Nadie!", clamó el presidente, para quien ya ha habido demasiadas "distracciones" y ha llegado "el momento de actuar" con la provisión de salud a la población.

Desde hace años, la Casa Blanca viene tropezando con intentos por reformar un sistema de salud, considerado caro e ineficiente. Buena parte del modelo descansa en la prestación de servicios por parte de aseguradoras privadas que no tienen competencia estatal y que, por su esquema de negocios, buscan, como prioridad, obtener beneficios para sus accionistas.

Fuente: La Nación