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sábado, 17 de abril de 2010

ADEPA le reclamó al Gobierno que proteja a los periodistas de los grupos K

La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) solicitó este sábado al "gobierno de los argentinos" que "proteja a los periodistas" de la acción de grupos afines que, con sus mensajes públicos "sembrados al voleo" mediante la pegatina de carteles con fotografías, pueden generar
"reacciones peligrosas" contra los señalados.
"ADEPA reclama al gobierno de los argentinos la debida atención sobre este brote patológico que afecta la vida en democracia, así como el cuidado y protección de todos los ciudadanos, incluidos los que lo critican", señaló en un comunicado.
La entidad que nuclea a los editores de diarios señaló que la pegatina en la vía pública de carteles con imágenes de periodistas que trabajan en medios del Grupo Clarín, la agresión callejera al conductor radial y televisivo Fernando Bravo o la amenaza a un periodista del sitio Perfil.com, todos hechos registrados el último jueves, "son variantes del autoritario y reprobable método del escrache que, cada vez con mayor frecuencia, practican grupos kirchneristas".
ADEPA se refirió especialmente a "la acción de sectores afines al Gobierno" contra periodistas del grupo Clarín y de otros medios "cuyas investigaciones y opiniones revelan, cuestionan o critican posiciones, conductas y decisiones asumidas por el poder gobernante". Según el comunicado, la situación "ha atravesado un nuevo umbral".
Para ADEPA, "el señalamiento de periodistas mediante la reproducción de sus imágenes en espacios públicos es una manera de 'definir un blanco', de marcar a un enemigo, de apuntarle con un arma potencial".
En la advertencia, la entidad señaló además que ese tipo de acciones de escrache "es a la vez, una intimidación y una instigación, ya que este mensaje sembrado al voleo puede ser recibido por personas que no estén en capacidad de procesarlo y, por lo tanto, disparar reacciones peligrosas contra los señalados".
Fuente: Critica

domingo, 28 de marzo de 2010

El virus de la idea

Por Leonardo M. D`Espósito
¿Somos dueños o no de nuestras propias ideas? ¿Son nuestras ideas realmente nuestras? La pregunta se dispara a partir del comentario de Hebe de Bonafini “vean Canal 7, escuchen Radio Nacional”. Más allá de lo que implique en el contexto en el que vivimos, Bonafini, al decir eso, recurría a un lugar común que quizás esconda algo de verdad, aunque tiendo a creer –quiero creer– que no: que los medios contagian nuestras opiniones y –más– guían nuestras acciones. Que influyen en nosotros al punto de obligarnos a hacer (y pensar) lo que quizás no debemos (¿pero debemos pensar tal o cual cosa?).
Es cierto que en un diálogo uno de los interlocutores puede llegar a adoptar como cierta una afirmación del otro, que el razonamiento mutuo puede causar un cambio de opinión. En todo caso, llegar a un acuerdo es uno de los sentidos de la comunicación. No se trata de influencia o manipulación, sino de pedirle al otro que revise sus ideas a partir de ciertos parámetros. Pero para que este diálogo se dé y las ideas puedan sufrir el mecanismo evolutivo de la supervivencia de la más efectiva, es necesario que cada interlocutor pueda pensar en libertad. Nuestros cerebros son capaces de tal cosa de modo automático. Paralelamente, este tipo de diálogo es el que ha construido el triunfo de las grandes teorías que se entrecruzan en nuestra vida, desde la evolución hasta la física cuántica. Y volvemos a lo mismo: es importante que cada idea que testea otra, cada solución alternativa a un problema, surja del libre juego del pensamiento.
Ahora bien: desde que existen los medios masivos de comunicación (y el alfabetismo los hizo realmente masivos), desde que los espectáculos artísticos son para multitudes, el fantasma de que una idea puede penetrar en las mentes inocentes y causar estragos como un virus se ha hecho más y más fuerte. La censura cinematográfica también se ha basado en eso. Muy temprano tras el nacimiento del cine, los controladores de la moral se dieron cuenta de que las imágenes forjan memoria de un modo mucho más permanente que la palabra (y llegan al analfabeto, también). Entonces, a cortar y prohibir. En el censor aparece la idea de que alguien comprende más el mundo que el resto de la Humanidad y que sabe qué es bueno y qué no para ella. La Humanidad es, así, un monstruo deforme e indiferenciado cuyo cerebro múltiple es el mínimo común denominador de ideas parcas, algo absolutamente corruptible.
Pero resulta que nadie sale a violar vírgenes después de ver La fuente de la doncella, a nadie se le ocurre llamar al vecino para sacarle el hígado y comerlo con zanahorias y chianti tras ver El silencio de los inocentes, ni mucho menos ir a Palermo a decapitar un caballo y poner la cabeza en la cama de la suegra porque vio El Padrino. Sabemos qué es falso: desde que somos chicos comprendemos que el Lobo no se comió a Caperucita; lo que nos importa es saber si en ese cuento los personajes son buenos o malos. Extrapolando estos comportamientos, uno puede decir que nadie cree automáticamente lo que le dice TN o Canal 7. Nuestras cabezas funcionan de manera autónoma y cada uno tiene una visión particular del mundo. Una visión que puede coincidir mucho con la de otro, pero que sigue siendo individual y producto de elecciones voluntarias.

Volvamos al principio: ¿son nuestras nuestras ideas? Me sometí al experimento de ver 6, 7, 8 unos cuantos días y creo –dado que me considero un típico exponente de la raza humana– que no, dado que no sólo no me hice kirchnerista sino que la manipulación del discurso de esos dizque periodistas me resultaba tan evidente que me dio bronca ser tratado como un idiota a quien el conductismo de la repetición puede convencer de algo. Como soy una persona ecuánime –o intento serlo: recuérdese que “ecuánime” y “objetivo” no son lo mismo– me sometí a la misma dieta de programas políticos de TN. Misma cosa: ver a los duetos buscar el pelo en el huevo o a productores manipular los zócalos me permitían ver que una cosa es criticar al Gobierno en lo criticable y otra manipular los adjetivos para que cualquier cosa adversa que pase en el mundo sea culpa de los Kirchner. Pensé lo mismo: que me trataban de orate. La prueba se puede repetir en gráfica: tomen un El Argentino y lean en paralelo la edición de Clarín del mismo día. Mis ideas respecto de la Argentina y los medios seguían siendo mías y habían pasado la prueba de contrastarse con las representaciones de esos medios.
Charlando con mi viejo, noto que a él (que no es periodista, por lo tanto no vive en ese micromundo que a veces nos rodea y confunde a las ratas de redacciones) le pasa lo mismo. Siendo opositor a este gobierno, no deja de decir “che, lo de Teéne ya es asqueroso”; ve el fútbol del 7 porque don Miguel es hincha de Independiente, pero dice que cómo joden con la propaganda oficial. Y ésa es la clave: el “eso es asqueroso” y el “cómo joden” demuestran que en todos hay una impermeabilidad saludable y básica a la obscenidad del conductismo. Que si decidimos no prestar atención a tal o cual cosa, lo hacemos por alguna razón.
(De paso, deberíamos pensar en eso respecto del comportamiento de la gran mayoría de los argentinos durante la dictadura, porque creo que hay una mala apreciación de esos tiempos tanto por los detractores más publicitados de los asesinos como de quienes dicen que en el fondo con los milicos estábamos mejor).
Volviendo: Hebe de Bonafini decía que los periodistas de la red de medios públicos eran los únicos que decían la verdad y –peor– a los que había que ver. El problema es que, al decir eso, se colocó en el mismo lugar de un creativo publicitario que cree que a “la gente” se le puede crear una necesidad gracias a las armas modernas de la persuasión. Bonafini cree que si “la gente” no adhiere a sus ideas o a este gobierno es porque los medios le mienten o no le dejan ver la realidad. Cree, y dice, que nuestras ideas no son nuestras, que otro nos las impone. Básicamente ésa ha sido la razón de censuras y prohibiciones. Una buena idea –digamos, la idea de que el Estado no puede asesinar, de que la tortura es mala– puede testearse contra cualquiera si es realmente mejor que otras, sin necesidad de que las otras no se escuchen: siempre voy a sentir náusea al leer Cabildo o La Nueva Provincia. Si, digamos, la administración Kirchner hace las cosas bien, el público verá fácilmente la manipulación de los grandes medios como tal. Si no, usará esos datos para seguir indignándose. Pero la indignación no la causan los medios: el ciudadano decide indignarse. Cuando Bonafini dice que los medios no oficiales están al servicio del capital internacional, es una opinión y una hipérbole atendible (no necesariamente cierta del todo, claro). Pero cuando dice que por eso no hay que ver ni oír todo, sino ver y oír los medios del Estado (y creer su información) está diciendo que los medios modelan a los ciudadanos: en suma, que no piensan por sí mismos.
Una de las características del ser humano es su capacidad de razonar y, sobre todo, comunicar ese razonamiento o un saber a otro ser humano. Otra, más importante, es la voluntad. Quien no tenga tales capacidades no será –o será menos– humano. La peligrosidad de lo que dijo Hebe de Bonafini se basa en que niega la humanidad de quienes no piensan como ella y no tanto en quienes elige como enemigos (algunos de ellos, incluso, creen también en el silencio del adversario, como ella). Y, si no es humano, se lo puede matar. Las ideas no se matan, pero mueren cuando muere quien las piensa.
Fuente: Crítica

miércoles, 17 de febrero de 2010

Lula planta cara al imperio de Globo

Desde que Luiz Inácio Lula da Silva ganó las elecciones de 2002, muchos se han preguntado cómo un ex sindicalista de Pernambuco llegó a la presidencia, en un país de la inmensidad de Brasil, sin el apoyo de los medios de comunicación. Es todo un enigma para los expertos, que ven a Lula como un fenómeno per se, que no se ajusta a las tradicionales teorías según las cuales la prensa conforma la opinión pública.

Lula ha sabido marcar una comunicación directa con la población que pasa por encima de los medios de comunicación de masas. Los brasileños —sobre todo los nordestinos— gustan de ese estilo suyo directo, llano, con errores gramaticales pero políticamente certero, que despliega tanto en sus discursos como en su programa Radio-café con el presidente.

La pregunta que se hacen en el Partido de los Trabajadores (PT) es si la mucho menos carismática candidata a suceder a Lula, Dilma Rousseff, actual jefa del Gabinete, podrá emular su hazaña y convertirse en la primera mujer que preside el país sin el apoyo del poder mediático.

El partido confía en que Lula sea capaz de transmitir al menos una parte de su popularidad, que después de dos legislaturas se mantiene en históricos niveles que rondan el 80%.

Las últimas encuestas publicadas conceden un virtual empate técnico entre el candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña, José Serra (33,2% en intención de voto) y Dilma (27,8%), que ha escalado siete puntos en sólo tres meses. Lula, que lleva meses dejándose fotografiar al lado de Dilma allá donde va y el mandatario brasileño viaja mucho, hará todo lo posible por profundizar esa tendencia.

Pero, por lo que pueda pasar, Lula no quiere concluir su segundo mandato sin atar algunos cabos.

Y uno de ellos pasa por sentar las bases de una estructura mediática en el país que salga de la situación actual, en la que media docena de grandes empresas, todas ellas de matiz conservador, controlan la información.

Política errática

Hasta el momento, la política de medios de Lula había sido un tanto errática. Durante su primer mandato, entre 2002 y 2006, impulsó la creación de un consejo de ética informativa que no llegó a prosperar; el PT había chocado contra el poderoso lobby de la comunicación. En 2007, Lula designaba ministro de Comunicaciones a Hélio Costa, un ex periodista del grupo mediático Globo, un nombramiento que venía a mandar un mensaje de calma a los intereses empresariales del sector. Sin embargo, paralelamente, el ex obrero metalúrgico iniciaba una nueva estrategia para crear un conglomerado público de medios, la Empresa Brasil de Comunicaciones, al que la Unión Federal destinará en 2010 un presupuesto de unos 250 millones de dólares.

Lula ha abogado públicamente por elaborar un marco legal "más democrático", con un nuevo sistema de distribución de licencias que garantice el "pluralismo" y evite una situación en la que "unos pocos grupos empresariales ejercen el control casi absoluto sobre la producción y divulgación de los contenidos informativos y culturales". Así lo dijo el pasado diciembre en la Conferencia Nacional de la Comunicación promovida por el Gobierno.

Las quejas del sector llegaron de inmediato, con acusaciones contra el Gobierno por "querer maniatar a los medios independientes y nacionalizar las comunicaciones". El ex presidente socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso secundó esta opinión y alertó contra las "tendencias autoritarias" en materia de medios que, en su opinión, "ganan fuerza en Suramérica". Desde la izquierda, por el contrario, hay quien cree que esta es una ocasión histórica para romper un oligopolio que el conformismo social lleva permitiendo durante décadas.

Fútbol, carnaval y telenovelas

Nacida al albor de la dictadura, en tiempos en que el fútbol, el carnaval y las telenovelas eran el pan y circo utilizado por los militares para acallar al pueblo —hay quien dice que sigue siéndolo en la era democrática—, la Red Globo es hoy es el mayor grupo de comunicación de Suramérica y está entre los cinco más importantes del mundo.

Posee la omnipotente TV Globo, que con sus 122 emisoras llega al 99,5% de la población brasileña —lo que no es poco en un país de dimensiones continentales— y se mantiene, año tras año, con audiencias muy por encima de sus competidoras, SBT y Record, a las que sólo les queda competir por el segundo puesto. El grupo es además el mayor productor de contenidos del país y posee el diario más vendido, O Globo, y más de un centenar de emisoras de radio.

En los años ochenta, el entonces presidente José Sarney vetó toda posibilidad de reforma de la estructura de la propiedad mediática en Brasil.

Un cuarto de siglo después, en mayo de 2009, el Tribunal Supremo Federal decidió abolir la Ley de Medios de 1967, que, aprobada en tiempos de la dictadura, legalizaba la censura de ciertos temas y habilitaba para el cierre de publicaciones. Si bien hacía tiempo que la ley no se utilizaba en las grandes urbes, todavía servía a los caciques locales de pueblos pequeños para mantener a raya a los medios locales.

Ley descafeinada

La abolición de la ley, que nadie se atrevió a cuestionar, dejó a los periodistas sin marco legal y brindó a Lula la ocasión perfecta para definir su estrategia mediática. Y el mandatario brasileño parece resuelto a aprovechar la coyuntura para plantarle cara a la todopoderosa Globo, que nunca le fue muy favorable. Aunque parece poco probable —no encaja con el estilo de Lula— que se llegue a una confrontación directa al estilo de los Kirchner frente al Grupo Clarín en Argentina.

Aunque el Ejecutivo lleve al Parlamento una ley, probablemente llegaría descafeinada al final de los trámites en el Congreso. Pero, en la larga campaña de las elecciones presidenciales de 2010, la delicada cuestión de la regulación de los medios es un terreno abonado para la controversia.

Fuente: Publico.es

domingo, 4 de octubre de 2009

“Una fórmula debe ir de la mano de un proyecto”

Por Pablo Feldman

Desde Rosario

“No voy a ser vicepresidente de Cobos.” Así de tajante se pronunció el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, cuando este diario le preguntó si acompañaría al mendocino en un binomio presidencial en 2011. Y aclaró que “la construcción de una fórmula presidencial tiene que ir de la mano con un proyecto”. En ese sentido dio una pista sobre cómo debería resolverse una fórmula a nivel nacional: “Santa Fe es una provincia que tiene hoy una gran ventaja, y es la de tener primarias abiertas, con lo cual habilita que el que se quiera presentar se presente y que sea la población la que decida”. “¿Por qué esa compulsión a que me defina ahora, cuando falta tanto tiempo y hay tanto por hacer?”, se preguntó cuando se quiso saber qué hará de su vida a partir del 11 de diciembre del 2011, cuando termina su gestión en la provincia.

–Después de las elecciones en Santa Fe, hubo diferentes visiones sobre el resultado, la más difundida fue “Binner le ganó a Reutemann”. ¿Qué visión tiene usted?

–Creo que son elecciones absolutamente diferentes. En la elección de los senadores se sabe cuál es su trascendencia para la población y la trascendencia que tiene para el destino de la nación la elección que se pueda dar allí. Porque ahí hay una distancia muy grande. Digo esto porque en comparación de lo que significa la democracia de proximidad, donde la población está cerca de su gobernante, gente de la comuna, que está cerca del jefe comunal, del intendente, saben dónde vive y cuáles son sus costumbres, por lo menos desde el primer lugar, que es el que lleva adelante al resto de la lista, en el caso de los primeros concejales. De manera que es una elección muy diferente. Y también que prueba que ya no están más los votos dirigidos a un signo partidario o a una persona en particular, sino que la gente va viendo, de acuerdo a su mejor entender, hacia dónde tiene que ir dirigido su voto para que esta democracia representativa funcione.

–Se da un hecho poco usual, después del 28 de junio, Reutemann pasó a ser presidenciable porque ganó por un punto y medio a Giustiniani, y ahora aparece Binner presidenciable porque dio vuelta aquel resultado.

–Por eso digo que son elecciones diferentes.

–¿Usted se considera presidenciable?

–Bueno, se pueden hacer interpretaciones... Nosotros creemos y estamos convencidos de que necesitamos un proyecto de nación. Sin ese proyecto es indudable que vamos a repetir lo que pasó cuando nos tocó ser parte de la Alianza, que tenía muchísimas propuestas, pero le faltaba un proyecto que contuviese a todos, y por aquí queremos que vaya la Argentina. Tan es así que fue una gran debilidad del Gobierno a partir de que no se quería sacar el uno a uno porque se había comprometido la campaña electoral en no sacarlo y terminó con este absurdo de incorporar a Domingo Cavallo como el salvador de la humanidad y vimos lo que pasó. De manera que si nosotros queremos iniciar un camino de cara al bicentenario, que tenemos esta chance entre el 2010 y el 2016, indudablemente tenemos que pensar en la construcción de un proyecto de nación que realmente en el centenario lo teníamos y que ahora, en el bicentenario, no lo tenemos. A veces usamos la metáfora del barco porque lo que realmente necesitamos es construir, incluir, sumar a toda la gente que pueda aportar a ese proyecto, que no están en los partidos políticos, están en los centros culturales, científicos y de investigación, que están en las universidades, incorporados a la vida de la forma que pueden pero no enganchados en un proyecto común, como puede significar un proyecto de nación.

–¿Se imagina la construcción de ese proyecto sin el peronismo?

–No se trata de excluir al peronismo, sino que es una nueva forma de construir. Históricamente el capitán del barco era el que ordenaba a toda la tripulación, y no es así. Es decir, si buscamos que el capitán pueda armar ese barco, realmente vamos a cometer un error porque en Argentina existe la disidencia más que la coincidencia, que es lo que nos tiene que habilitar. El eje fundamental es pensar en construir un país moderno, con valores que respeten las necesidades de la gente, que nos dé escozor compartir un 40 por ciento de pobreza porque sabemos que no hay ningún caso en el mundo que se haya desarrollado con estos niveles de pobreza, ni siquiera países que puedan tener riquezas. Si esas riquezas quedan concentradas en pocas manos y no hay educación, salud, vivienda, trabajo, condiciones mínimas de habitabilidad, indudablemente, tarde o temprano, termina estallando. Estamos a tiempo para que el país no estalle. Acá hay riquezas, tenemos gente emprendedora, humedad, buenas tierras, liquidez, pero falta confianza. Por eso recordamos a este Premio Nobel de 2002 –Muhammad Yunus–, este psicólogo que decía que el problema fundamental estaba en la falta de confianza. Y eso es lo que nos está pasando hoy, no nos hace falta una persona que conozca más que nosotros el proceso agrario o de agricultura, sólo necesitamos valorar lo que tenemos, y no dividiendo partidos y colores, sino construyendo a través de saberes. Si comenzamos con los nombres, empiezan los peros.

–Sin embargo, usted fue muy claro y tajante al decir “Con Kirchner, jamás”. ¿Con Cobos? Porque desde el reutemismo sostienen que usted integraría el binomio en la medida en que le garanticen que el gobernador de Santa Fe sería un socialista.

–Eso es una ridiculez.

–¿Pero acompañaría a Cobos?

–No, no voy a ser el vicepresidente de Cobos. La construcción de una fórmula presidencial tiene que ir de la mano con ese proyecto del que hablamos antes. No hemos aprendido nada de lo que pasó en la Argentina. Además, creo que realmente Santa Fe es una provincia que tiene hoy una gran ventaja y es la de tener primarias abiertas, con lo cual habilita que el que se quiera presentar se presente y que sea la población la que decida.

–Hablamos de la fórmula presidencial, no de Santa Fe.

–La fórmula presidencial también tiene que surgir de esa forma. Nosotros votamos en contra, fuimos sólo 14 o 15 diputados a nivel nacional que votamos en contra de la derogación de la existencia de internas abiertas, que fue uno de los acuerdos logrados en el Diálogo Argentino. Lamentablemente no se consideró más, pero es una herramienta para definir en esta situación de Argentina, que tiene grandes dificultades a la hora de alinear una fórmula para poder tomar definiciones importantes.

–En ese esquema habría distintas alternativas, porque también la escuchamos a Carrió, que con Cobos no quiere ir ni a la esquina. ¿Usted participaría de una interna abierta como candidato presidencial porque esta semana dijo “yo no voy a ser candidato”?

–Bueno, esa respuesta fue por las especulaciones de los candidatos que usted me nombró antes. Pero yo creo que todo el mundo tiene derecho a ser candidato y toda la gente puede establecer ese aporte. Pero yo quiero decir que en Santa Fe tenemos mucho por hacer, recién estamos comenzando, recién tenemos el plan estratégico gracias al apoyo de la Unión Europea. Tenemos ya el libro aprobado por la gente en las asambleas ciudadanas. Tenemos ahora el libro de las obras de arquitectura que son parte de la demanda de la población en cada región y esto es un pedido de los vecinos en las asambleas. Porque ellos son un hilo conductor de lo que hay que hacer en la provincia de acá a veinte años. De manera que sabemos lo que hay que hacer y estamos muy comprometidos en la provincia.

–Sin perjuicio de eso, nadie se imagina que el 10 de diciembre de 2011 usted se va a su casa.

–¿Por qué no? Se puede construir desde otras partes.

–¿Por qué esa compulsión a autoexcluirse?

–No, para nada, pero yo le pregunto a usted: ¿Por qué esa compulsión a que me defina ahora, cuando falta tanto tiempo y hay tanto por hacer?

–Bueno, entonces no es un “no, de ninguna manera”.

–Póngalo así; se puede ser útil en cualquier lado. A veces me preguntan dónde nació mi idea de la política, y yo creo que surgió por el entusiasmo a emprender, por el emprendedorismo, y esto es una acción que tenemos que fomentar en los niños de 4, 5 y 6 años, que pueden ser emprendedores, porque eso es estudiar lo que pasó en nuestro país; porque Argentina se constituyó en el choque de dos culturas, que fue muy importante. Las comunidades aborígenes y las grandes migraciones, y todos esos migrantes vinieron con un proyecto bajo el brazo, vinieron con un puñado de semillas, con una necesidad de construir y de hacer. Bueno, ésta es la provincia de Santa Fe y ésta es gran parte de la República Argentina, donde hoy lo que no faltan son emprendedores. Eso posibilita que en el tallercito pequeño de artesanos también haya germinado esta idea para que hoy tengamos muchas fábricas, empresas, emprendimientos asociativos. En nuestra historia están los ejemplos de lo que hay que hacer. Es importante que sepamos detrás de qué elementos tenemos que colocarnos, porque hoy el gran debate de Santa Fe es si cambiamos o no la hora, y yo digo que no es un tema menor, pero que no hagamos eje en este problema porque se nos va la vida. Nadie dejó de estar atendido porque se cambie la hora.

–El socialismo padeció intentos de descalificaciones por apoyar la ley de Servicios Audiovisuales y sostener un proyecto que tiene más de veinte años, el que presentó en soledad Guillermo Estévez Boero.

–En realidad no fue en soledad, porque fue en el Consejo de Consolidación de la Democracia con Raul Alfonsín presidente, donde participaban figuras muy importantes de la política, la ciencia y la cultura. En ese ámbito se confundieron todas estas ideas procedentes de distintos ámbitos.

–Ese proyecto ya era antimonopólico, sin que los monopolios fueran lo que son hoy...

–Claro, y después vino la ley de Carlos Menem, que fue un problema muy grave, entre otros problemas muy graves que nos dejó ese período. Pero, creo que realmente tenemos que avanzar en este tema. Nosotros ponemos como ejemplo a Santa Fe, donde no hay ni un solo medio que nos integre. A veces me preguntan por qué hago declaraciones en otro lado, y es que es la única forma de que me escuchen en todo Santa Fe. No hay un lugar, ni una AM o FM, y no por la tenencia de la radio, sino porque puede ser pública, privada, cooperativa, mixta. Acá hay dos lógicas, la que les interesa a los medios que invierten, que tiene la lógica de la rentabilidad, además de ejercer la profesión con absoluta dignidad, y está la idea del servicio, que tiene que ver con una responsabilidad del Estado. Entonces cómo combinamos, si es una tarea que puede ser rentable y además presta un servicio. Si no fuera rentable, la necesitamos como servicio. Esta es la lógica que tiene que darse en la provincia para tratar el tema de los medios.

–¿Cree que se ha sobredimensionado el tema, ya que lo que se está discutiendo afecta los intereses de quienes cuentan la historia?

–Creo que paradójicamente tenemos una baja información de lo que está ocurriendo, pero no dudo de que si hay diálogo va a haber posibilidad de salir. Y la otra cuestión es que en general las posiciones muchas veces se toman según la opinión que tienen del ente o del gobierno que la va a aplicar, y creo que eso a veces tiñe la decisión, y no debería ser así el Estado de derecho.

–¿Hace mucho que no habla con Carrió?

–Uff... muchísimo.

–¿Y con Cobos ?

–Hace mucho tiempo también, está cada uno en sus cosas.

–¿Y con Reutemann, porque en algún momento él dijo que si usted lo invitaba a la Casa de Gobierno, él iría?

–Antes de fin de año vamos a hacer una reunión con diputados y senadores. Obviamente va a estar invitado, como todos.

Fuente: Pagina 12



sábado, 3 de octubre de 2009

Masiva manifestación por la libertad de prensa en Italia

Por Elisabetta Piqué

ROMA.- Pasadas las cinco de la tarde -mediodía en la Argentina-, hoy era casi imposible llegar a Piazza del Popolo, donde ya no cabía ni un alfiler. Miles y miles de personas llegadas desde toda Italia ya estaban allí para reclamar libertad de prensa en tiempos considerados díficiles para el mundo de la información: diarios como La Repubblica y L`Unitá , de oposición, han sido querrellados por el premier, Silvio Berlusconi, por haber escrito demasiado sobre sus escándalos de fiestas y acompañantes; mientras que programas de TV que se animaron a tocar el mismo tema sufrieron fuertísimas presiones políticas y hasta corrieron el riesgo de ser censurados por "indecentes" y "facciosos".

Convocadas por la Federación Nacional de la Prensa Italiana (FNSI) bajo el lema "sí a la información, no al bozal", más de 300.000 personas -según los organizadores-, atestaron la céntrica y legendaria Piazza del Popolo, llena como no se la veía desde hace tiempo. En un clima muy festivo, donde saltaban a la vista globos y banderas rojas de la Confederación General Italiana del Trabajo, que adhirió a la protesta junto a otros grupos y partidos de la oposición de centroizquierda, los manifestantes ostentaban carteles y remeras que decían: "Denunciame también a mí" o "Papi, me prestás una escort", en alusión a la ofensiva emprendida por Berlusconi, el verdadero blanco de la protesta, en contra de todos los medios que se atreven a criticar su conducta.

"Vinimos con siete ómnibus desde Ravenna, unos 500 kilómetros al norte, porque en Italia hay una deriva fascista, que empieza con la información: el 85% de los medios televisivos están en manos de Berlusconi, lo cual es una anomalía. Por eso decidimos viajar hasta acá", dijo a lanacion.com Nicola Staloni, estudiante de Ciencias Políticas, de 23 años.

Nicola aludió así al hecho de que el Cavaliere, de 73 años, es dueño de tres de los cuatro canales de televisión privada del país, de la principal compañía de publicidad, de un semanario de información general, y de dos periódicos puestos a nombre de familiares. Y al hecho de que, por ser jefe de gobierno, en la práctica Berlusconi controla también la radiotelevisión pública italiana al ser su partido el que más miembros tiene en la comisión de control parlamentario de la RAI.

No por nada en los últimos tiempos hubo un blackout informativo sobre los escándalos del premier en los principales noticieros de TV, al punto de que eran casi más conocidos en el exterior que en Italia. Y no por nada hace unos días hasta último momento estuvo en duda la primera aparición televisiva de Patrizia D?Addario, la escort que en junio desencadenó un terremoto al revelar que había pasado la noche con Berlusconi.

D´Addario, que fue entrevistada en los últimos meses en medio mundo, hasta el jueves jamás había sido vista en Italia, donde se estima que el 80% de las personas que ven televisión, se informan únicamente por este medio. Fue el programa "Annozero", que conduce en el canal público RAI2 el periodista Michele Santoro, de oposición, quien se atrevió a invitar a la escort a la TV, corriendo hasta último momento el riesgo de ser censurado y provocando gran revuelo político.

A la manifestación, que tuvo lugar durante una jornada primaveral, de sol radiante, no sólo asistieron personalidades políticas de la oposición, del mundo del periodismo y de la cultura, sino también miles de jóvenes que habían participado horas antes a una protesta en contra de los recortes sufridos por la escuela, y familias enteras, con niños y bebes. Muchos de ellos llevaban carteles que decían "Soy un sinvergüenza" porque hace unos días, en un enésimo ataque a la prensa, Berlusconi había definido "sinvergüenzas" a los medios que publicaban presuntas calumnias en su contra.

"Estoy acá porque realmente me da asco Berlusconi que, lamentablemente, pese a ser un mafioso, un corrupto que pasa sus noches con escorts, tiene todavía mucho apoyo popular", explicó a lanacion.comConsuelo Zondini, empleada de 27 años, que llegó en otro de los 300 autobuseses venidos desde todo el país, desde Reggio Emilia. "Si Berlusconi sigue teniendo apoyo es porque el nivel cultural que hay en Italia es muy bajo, y también porque hay machismo: yo tengo amigos en Facebook que admiran al premier y hasta lo envidian", agregó.

Uno de los más aplaudidos de la manifestación por la libertad de prensa fue el joven escritor anticamorra, Roberto Saviano, que desde el palco montado en un costado de la Piazza del Popolo denunció que "lo que está sucediendo en estos días demuestra que la verdad y el poder nunca coinciden".

"El ciudadando no informado o mal informado es menos libre", dijo por su parte Valerio Onida, presidente emérito de la Corte Constitucional, que para muchos resumió con su frase el por qué de la masiva y exitosa manifestación de Piazza del Popolo, en contra de Berlusconi, que superó todas las expectativas.

Fuente: La Nación

jueves, 3 de septiembre de 2009

El COMFER prohibió la fusión de Cablevision y Multicanal

El titular del COMFER, Gabriel Mariotto, anunció este jueves la "denegación" del permiso para operar en conjunto de las empresas Cablevisión y Multicanal, en manos del grupo Clarín.

"Antes de venir, firmé la resolución denegando el permiso que pidió Cablevisión para operar en conjunto con Multicanal", anunció Mariotto, al hablar ante las comisiones que analizan en el Congreso la nueva Ley de Radiodifusión del Gobierno.

Hace pocos días, la Corte Suprema de Justicia había avalado esa fusión, al no encontrar objeciones jurídicas al reclamo. Mariotto explicó que la decisión se había adoptado para "terminar con esa situación de posición dominante en el mercado".

"La suspensión de la venta de pliegos más el monopolio de los contenidos del fútbol generaron un monopolio de los sistemas de distribución de cable. De esta manera, no podían surgir nuevos cableoperadores y aquel que tenía un contenido vital, popular o trascendente como el fútbol, lo distribuía por las empresas de su propio holding", argumentó Mariotto en defensa de la medida.

El funcionario agregó que "con esta metodología, se fundieron miles y miles de cables, porque no podían adquirir esos contenidos y los abonos iban entonces al cable de la competencia, que era de la misma empresa que tenía el propio contenido del fútbol".
Fuente: Crítica

domingo, 23 de agosto de 2009

“Kirchner quería ser amigo de Clarín y por eso le entregó Cablevisión”


José Sbatella dejó hace justo un año el timón de la oficina antimonopolios que comandó durante dos años y medio, con Néstor y luego con Cristina Kirchner. Lo hizo enemistado a muerte con Guillermo Moreno, a quien acusa de haber favorecido la concentración de la economía y de haberle concedido la venia al grupo Clarín para la fusión entre Cablevisión y Multicanal. “El Loco” –como llaman al economista platense sus compañeros de militancia en el peronismo revolucionario de los 70– recomendó no entregarle al holding el mercado del cable, pero no fue escuchado en la Casa Rosada. Poco después fue despedido. Cree que es porque Kirchner “quería un trato amigable con el Grupo”, pero que el conglomerado después “detectó su debilidad política” y lo abandonó, porque ya le había sacado todo lo que podía dar.

Pese a las críticas, el ex funcionario apoya la vuelta del fútbol a la TV abierta. Opina que abre “una oportunidad para democratizar los medios” y que los $ 600 millones que pondrá el Estado “se pueden recuperar con creces”. Igual recomienda reforzar la regulación estatal del negocio. Y advierte a los opositores que “si pactan con el Grupo, van a terminar condicionados como terminó Kirchner”.

–¿Cómo ve la decisión de sacarle a Clarín el negocio del fútbol por el acuerdo con la AFA?

–Pienso que más vale tarde que nunca. Porque si siguen creciendo va a ser peor. Creo que el Grupo detectó la debilidad política del Gobierno tras las elecciones y empezó a definir con quiénes se aliará de sus potenciales reemplazantes. Ahí estalló la guerra. Por eso me sorprende que los opositores le hagan el juego, porque les va a terminar pasando lo mismo: van a ser jaqueados y condicionados por un grupo que prácticamente dirige lo que piensan 18 millones de argentinos.

–¿Pero esto solo va a acabar con la concentración del mercado?

–No. Hace falta una regulación más fuerte. Si se desarticula a Clarín en el cable pero dejando entrar a Telefónica y Telecom con el triple play (la TV por celular), se estaría cambiando de manos un mismo monopolio. Y encima uniéndolo al oligopolio de la telefonía fija. En la regulación tienen que prohibirse los contratos a tan largo plazo. Tienen que ser a un año o dos como máximo. Lo ideal sería por temporada.

–¿Pueden recuperarse los $ 600 millones que cobrará la AFA del Estado por los derechos?

–Si se hace como en Europa, donde se comercializan los partidos por temporada y por equipo, se puede hacer un negocio muy rentable sin necesidad de comprar tecnología propia. En España, por ejemplo, un gran negocio es la compra de goles por celular. Y el gobierno obliga a que sean otras empresas las que los vendan. Si se prohíbe que el transmisor de la imagen sea a su vez el dueño exclusivo de todos los derechos, esa plata se puede recuperar con creces. Hay millones de chinos que ven a River y a Boca pagando a sus proveedores de cable. Y los partidos también se venden en Europa.

–¿No puede terminar el Estado contratando a TyC como proveedor por incapacidad de cubrir todo desde Canal 7? ¿O reprivatizando?

–Creo que en este caso va a ser muy difícil dar marcha atrás. Se hizo todo muy público, como con la Ley de Radiodifusión. Hubo tanta difusión que las decisiones ya se van a tomar con menos miedo de salir en los diarios. Hay foros en todas las ciudades y se les dio esperanzas a las universidades de que tengan canales propios y radios.

–¿Tan importante fue el fútbol para la expansión de Clarín?

–Para darle una idea, de los $ 5.700 millones que facturó el Grupo el año pasado, más de 3.400 millones salieron de la TV por cable. Entre las dos empresas tienen 3 millones de abonados y 800 mil de ellos pagan por ver el fútbol. Sólo por ese servicio (sin contar la publicidad, la provisión de imágenes y otros negocios vinculados) embolsan $ 240 millones anuales. Es claramente el principal instrumento de acumulación del Grupo.

–¿Cuándo empezó a investigar a Clarín?

–Cuando asumí en marzo de 2006, el expediente de la fusión ya estaba abierto. Había una presentación donde Multicanal avisaba que compraba el 20% de Cablevisión. Y como no llegaba al 50% del paquete accionario, consideraba que no tenía que notificar la operación y que la ley antimonopolios no se podía aplicar. Había sospechas de que el resto del paquete estaba en posesión de otras empresas del grupo, por lo que había control indirecto. Pero no se podía demostrar porque eran firmas offshore. Así que se acepta la operación, pero se les aclara que si en algún momento blanqueaban ese control indirecto (ante un banco para pedir financiamiento, por ejemplo), se les iba a exigir que notifiquen la operación a la Comisión.

–¿Y eso terminó pasando?

–Pasó algo peor. Ellos aseguraron que no iba a haber colusión, que no iban a aprovechar la posición dominante para subir los precios. Pero a la semana que se autoriza la fusión, Cablevisión y Multicanal envían un aviso de aumento a sus abonados en conjunto, en simultáneo y por el mismo monto. Una verdadera tomada de pelo.

–Ahí abren la investigación por conducta monopólica.

–Yo ahí dicto una cautelar para que retrocedan con el aumento, devuelvan el dinero y den sus explicaciones por el aumento. Ellos no dan marcha atrás y justifican la suba en que los costos habían aumentado para todos los cableoperadores del país.

–¿Y no se los sancionó?

–No. Ésa fue la primera vez que tuvieron que dar explicaciones. Multas nunca pagaron porque en la Comisión todo se cajoneó siempre. Incluso yo empecé a pedir informes internos sobre por qué sus expedientes nunca avanzaban. Cuando yo llegué ya había una multa extendida a Cablevisión, Multicanal y Torneos y Competencias por 900 mil pesos. Era a raíz de las primeras denuncias de los cableoperadores independientes que denunciaban que ellos ofrecían el servicio a pérdida para sacarlos del negocio y quedarse con todo.

–¿Eso tampoco lo pagaron?

–No. El Grupo apeló ante la Cámara en lo Civil y Comercial, que le condonó la multa, y después el Ministerio de Economía volvió a apelar ante la Corte Suprema. El caso todavía está ahí.

–O sea que la Comisión no tiene poder propio para frenar la monopolización de mercados.

–Claro, porque nunca se constituyó como tribunal, como exigía la ley que la creó. Yo creo que esa medida cautelar le hizo ver por primera vez al Gobierno el papel que podía tener la Comisión.

–¿Después informaron la fusión definitiva?

–En esa situación aparece la fusión, hacia fines de 2006, con la compra de lo que faltaba de Cablevisión. Nosotros preveíamos el conflicto y por eso yo aproveché un subsidio de Canadá para hacer un estudio junto con la Universidad de La Plata sobre el mercado de cable en todo el mundo.

–¿Y qué encontraron?

–Que la situación era la misma en todo el mundo. Que el fútbol fue el arma principal de la concentración de los medios en España y en Francia y que en Estados Unidos pasó lo mismo con el fútbol americano y el béisbol. En todos los casos hubo que intervenir regulando desde el Estado, para que ninguna señal tuviera contratos de exclusividad de las transmisiones. Porque donde eso se permitía se cerraba el mercado para el resto y se generaba debilidad aguas abajo, entre los productores de imágenes, que quedaban presos de venderle solamente a esa señal.

–¿Acá tuvo ese mismo efecto?

–Sí. Clarín fundó Multicanal y empezó a comprar los cables del interior uno por uno. Tenían que maximizar los ingresos por la transmisión del fútbol y lo hicieron, gracias al contrato de exclusividad de 1991 y la seguridad de tenerlo hasta 2014.

–¿Cuántos cables compraron?

–Cuando se anuncia la fusión, entre las dos empresas tenían provisión exclusiva (monopólica) en 121 ciudades y competían entre sí (sin terceros) en otras 22 ciudades de más de 200 mil habitantes. Había denuncias muy fuertes de presiones por parte de los cables más chicos, que al final se terminaban vendiendo porque no les podían dar fútbol a sus abonados.

–¿Ese proceso se dio durante el gobierno de Kirchner?

–No, con Menem. Cuando asume Kirchner esa concentración ya se había hecho y los únicos que quedaban eran los cableros más resistentes, que siguen hasta ahora en lugares como Rosario, Salta o la costa atlántica. Lo que esperaba Clarín de Kirchner era el aval a la fusión. Y lo consiguió.

–Usted dictaminó en minoría que había que imponerle condiciones a la fusión. ¿Cuáles eran?

–En los lugares donde cada una de las empresas operaba sola, dije que se les podía dar licencias a otros operadores. Donde estaban solapados, que tendrían que vender una de las dos empresas. Y con el fútbol, la experiencia indica que había que obligarlos a desprenderse del negocio.

–¿En la Comisión quiénes impulsaron la aprobación?

–El dictamen que salió en mayoría tiene las firmas de dos vocales, Diego Póvolo y Humberto Guardia Mendonça, que responden al secretario de Comercio (Guillermo Moreno). Dice que la fusión es casi un beneficio para la sociedad y que el Grupo se compromete a darles cable gratis a los hospitales y a no abusar de su posición dominante. Lo cual obviamente no ocurrió. Hay al menos dos casos donde se probó que incurrieron en conductas monopólicas: en Punta Alta imponían precios predatorios (más bajos que los de mercado para borrar del mapa a la competencia) y en Merlo le sacaron el fútbol a una cablera chica.

–¿Por qué cree que lo aprobaron justo en el cambio de mando? ¿Por orden de Kirchner?

–Los dos vocales representaban una visión donde teóricamente Clarín era aliado del Gobierno. Hubo una fantasía –a mi entender– sobre que eso iba a generar una forma amigable de tratar con el Grupo. Pero lo que hace el Grupo es aprovechar cada período de gobierno para sacar un rédito propio y cuando se desgasta el poder político eligen a otros representantes a futuro. Están acostumbrados a ver pasar gobiernos. Kirchner quería ser amigo de Clarín y por eso le entregó Cablevisión.

–¿No sufrió presiones externas para aprobar la fusión?

–No físicas, pero sí aparecieron un par de notitas perdidas en el diario que yo tomé como advertencias, con títulos como “investigan a Sbatella” sobre situaciones totalmente fantasiosas. Lo que yo hice para protegerme fue pedir asistencia a la Oficina Anticorrupción y denunciar los manejos internos que podían salpicarme.

–¿Cree que Kirchner pecó de ingenuo o que se arriesgó a hacerles un favor para contenerlos?

–Está en su lógica de negociación. Hay áreas del Gobierno, como Comercio Interior o Planificación, donde creo que están convencidos de que se puede manejar mejor una economía concentrada como la Argentina negociando con los actores dominantes en cada cadena que discutiendo con miles de pequeños actores. Y en eso entra Clarín. Pero una vez aprobada la fusión, la empresa quiso dar por cerrada la etapa. Por eso es probable que hayan pensado en generar varios liderazgos débiles en vez de uno fuerte. Obtenido el objetivo, empezaron a buscar reemplazante para esta etapa.

–¿Lo del fútbol es una venganza, entonces?

–Y... reacciona tardíamente. Casi por una cuestión de inocencia en la negociación con los poderosos. Y porque descuidó el estado del Estado. El poder de control, que se desguazó en los 90, no se reconstruyó para nada con Kirchner. El Gobierno todavía tiene la fantasía de la alianza con una burguesía nacional, con diez grupos grandes que lideren el crecimiento del país.

–¿Qué va a pasar? ¿Se viene una guerra abierta?

–No creo que sea una confrontación brutal. El que pierde la paciencia en estos casos pierde la guerra. Clarín puede perder el ritmo de acumulación económica acelerado que venía sosteniendo, pero tiene que seguir trabajando y va a participar en las licitaciones por la televisación que haya. Lo cual no quita que la venganza vaya a ser terrible.
Fuente: Crítica

lunes, 17 de agosto de 2009

Los medios, una especie en extinción


Usted se está extinguiendo. Numerosos académicos, periodistas y manosantas auguran una inminente extinción de los diarios impresos en papel (y, desde luego, de sus lectores). Algunos hasta le han puesto fecha al velorio masivo: primer cuatrimestre del año 2043 en Estados Unidos, según el investigador Philip Meyer.

Los discursos extincionistas, importados de la biología, están de moda para hablar de mutaciones culturales. Será quizá por aquello de que la cultura nunca muere; y entonces sólo queda referir a los estados de extinción que en ella se manifiestan: la anunciada muerte de la pintura a manos de la fotografía, el cine asesinado por el video, la amenaza de internet sobre la televisión, y los diarios siempre en estado de coma. En torno a este sistema de medios en permanente transformación y rodeado de profecías incumplidas, Carlos Scolari y Mario Carlón lograron sumar a otros expertos del asunto que –como ellos– debaten el tema en un libro que le moja la oreja al lector con el título de El fin de los medios masivos. La televisión, los diarios, la radio, el cine, internet y la industria de la música son abordados por distintos especialistas (en su mayoría argentinos) bajo los parámetros de la metáfora ecológica: los medios masivos estarían en vías de extinción o, al menos, su masividad podría dejar de existir.

El concepto de “ecología de los medios” no es nuevo. Surge de la matriz teórica de grandes investigadores como Marshall McLuhan, Walter Ong y Neil Postman. “Ellos tenían una visión transversal y sistémica de los medios que es sumamente útil para entender las actuales transformaciones. Si profundizamos en la metáfora ecológica, podemos decir que hay ‘nuevas especies mediáticas’ que han irrumpido en los últimos años (YouTube, las redes sociales, los dispositivos móviles, etc.). Estas nuevas especies han generado cambios en el ecosistema, lo cual obliga a los viejos medios a adaptarse a las nuevas condiciones. Más que desaparecer, los viejos medios –como la radio, la prensa, la televisión– tienden a adaptarse para poder sobrevivir en la nueva ecología. Modelos de negocios que parecían consolidados –como el de la industria discográfica– se disolvieron en pocos años”, asegura Scolari.

Entre éstas y otras mutaciones adaptativas o fatales, que se suceden a lo largo de los diferentes artículos del libro, la radio aparece como el medio que mejor se ha adaptado –e incluso ha sacado provecho– del nuevo mapa de situación. Todos coinciden en que lo que está muriendo es el viejo modelo de medios centralizados, unidireccional y masivo. “Si los medios masivos dejan de ser la gran amalgama ideológica de la sociedad, ¿qué medio cumplirá esa función? ¿De qué hablarán los ciudadanos si el consumo mediático se fragmenta en decenas de medios y plataformas?”, se pregunta Scolari. Y su interrogante atraviesa los artículos de Mirta Varela, Hugo Pardo Kuklinski, Eliseo Verón, Robert Logan y Paolo Bertetti, entre otros investigadores en el libro.

“La prensa y la televisión –dice Scolari– cumplían muy bien está función creadora de agenda, de temas de discusión compartidos por todos los lectores y televidentes. Al perder los medios masivos su centralidad para dejar espacio a los nuevos medios y redes sociales, los temas y las audiencias también se fragmentan”. ¿Esto significa que hay menos para compartir? ¿Se avecina el día en que en las oficinas ya no sea necesario estar al tanto de qué hizo anoche Tinelli, para no ser apartado del fogón? ¿Habrá fogón? Los nuevos medios y las nuevas formas de consumo mediático están empujando a los mass media tradicionales a un lugar menos central: los medios ya no están en el medio.

Mario Carlón pone énfasis en este cambio de época: “Ahora nos encontramos ante la oportunidad de empezar a hacer un balance –una especie de arqueología– acerca de lo que significaron los medios masivos, porque la emergencia de los nuevos medios está terminando de completar el sistema con el cual deben ser comparados para comprender su significado histórico. Ellos surgieron luego de otro importante sistema, el de Bellas Artes, que se consagró en el siglo XVIII: sus lenguajes eran principalmente la música, la literatura, la pintura, la escultura y el grabado”.

Al mismo tiempo en que las nuevas tecnologías se empujan unas a otras acelerando el calendario, los académicos corren detrás de los hechos navegando entre el diagnóstico y la predicción, casi siempre con la amarga confesión de que ningún análisis es suficiente, de que aún es prematuro o ya es tarde. Pero en el interesante artículo que Mirta Varela dedica a analizar el fenómeno de YouTube, advierte sobre el riesgo de confundir lo tecnológico con el uso cultural: “No es posible adivinar el futuro limitándose a leer el cambio técnico”, dice luego de citar a Raymond Williams que ya había avisado: “Primero se inventó la televisión y luego se pensó para qué podía ser utilizada”.

“Los nuevos medios están aún en una etapa de fuerte mutación, lo cual no favorece el trabajo analítico. Ya se ha empezado a hablar, por ejemplo, del fin de los blogs, cuando en verdad tienen muy pocos años de vida”, señala Carlón casi invitando a leer el capítulo en el que Pardo Kuklinski aborda el tema de las transformaciones producidas por las tecnologías disruptivas DIY (do it yourself, hágalo usted mismo):Facebook, Twitter, My Space, Lulu.com y toda la galaxia blogger y de la web 2.0. Allí también “el darwinismo digital se encargará de la supervivencia de los más aptos”.

Mientras los nuevos celulares ofrecen tantas prestaciones que casi olvidan el teléfono, los medios masivos tradicionales se las ¿ingenian? para captar a las audiencias fragmentadas por las nuevas tendencias. Así es como los medios gráficos buscan parecerse a internet, incorporando diseños que emulan a las “barras de navegación” de la web, más infografías, más color, apretadas síntesis, links, tips y todo tipo de textos breves y brevísimos diseñados a medida de una curiosa especie: el lector que no le gusta leer. Quizás haya que esperar una televisión para gente que no la mira o una radio para sordos.

Ante la falta de una reserva ecológica para preservar a las especias mediáticas en peligro, los consumidores de medios también se adaptan y transforman sus hábitos y usos. El viejo mostrador que dividía claramente el espacio del emisor del de los receptores ya no existe. Y de eso da cuenta cada uno de los artículos del libro editado por Scolari y Carlón. Seguramente los medios masivos no desaparecerán, pero tampoco ocuparán el lugar hegemónico que tuvieron durante el siglo XX.

Mientras todos estén ocupados en decir, será difícil encontrar a alguien dispuesto a escuchar. La adaptación puede ser cruel, pero es la única manera de evitar la extinción. La promesa pop de los diez minutos de fama era una trampa que no dejó a nadie satisfecho. El que hasta hace un rato estaba en vías de extinción ha mutado en una nueva especie de “usuario mediático” acostumbrado ahora al autoservicio del “hágalo usted mismo”, “bajate tu propia música”, “elige tu propia aventura”, “lo pedís, lo tenés”, “agregalo a tus favoritos”, opiná, votá, decí, caceroleá. Ahora en el centro de la escena parece que está usted, amigo lector. Si me permite llamarlo “amigo”. Si me permite llamarlo “lector”.
Fuente: Crítica