Mostrando entradas con la etiqueta Mario Riorda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mario Riorda. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de junio de 2010

Cuatro errores de Antanas Mockus (publicados en Facebook)

Mockus no leyó adecuadamente el contexto. Los votos se cuentan en las urnas y no en Facebook; ahí, Mockus arrasaba. Mario Riorda.

Por Mario Riorda (Politólogo)

Admiro a Antanas Mockus, reciente candidato derrotado a presidente de Colombia. Reconozco que el político y el personaje me han cautivado desde que volví a Bogotá. Transformador, innovador y corajudo. Hacedor de prototipos comunicacionales que posibilitaron que los ciudadanos de la capital colombiana hayan internalizado el "civismo", expresión tan cara a los sentimientos democráticos.

Como candidato a presidente, días antes de su derrota a manos de Juan Manuel Santos -quien es ahora presidente electo de Colombia-, Mockus escribió algunos posts en la red social Facebook y algunos también en Twitter.

Cuatro de ellos, a mi juicio, constituyen sendos errores que desnudan y resumen su estrategia política integral.

Primer "post". "Mañana todo está en juego. En las urnas no hay un solo voto. Todos a VOTAR. Somos capaces de transformar culturalmente a Colombia".

Esa afirmación desconoce que el comportamiento político se basa en la "estabilidad de las preferencias", que no cambian sustancialmente en el tiempo. No se trata sólo de preferencias que guardan relación estable con los bienes y servicios del mercado, sino que pueden ser aspectos fundamentales, como la salud, el prestigio, el placer, el temor, etcétera.

El gobierno de Álvaro Uribe ha terminado con un apoyo ciudadano sin precedentes, gracias a trabajar centrado en su "política de seguridad democrática", elemento clave de su "mito de gobierno".

El miedo- asociado a la inseguridad del país- es una preferencia demasiada arraigada para plantear una transformación cultural así sin más. Sorprende que haya sido Mockus, con su bagaje de autorregulación social, quien plantee que las preferencias cambien rápidamente en una elección y no como mínimo en el mediano plazo, aun si se reconociera lo mucho que trabajó desde su Movimiento Visionarios por Colombia.

Al hablar de preferencias, no se habla de preferencias de candidatos, pero aun un cambio repentino de opciones de un candidato a otro, puede reflejar en esencia que un elector mantiene una clara estabilidad que hace que sus prioridades no satisfechas por la anterior opción (políticas, económicas o de seguridad, por ejemplo) puedan ser satisfechas de una manera alternativa, aunque sea esta última de origen partidario opuesto a la anterior.

Segundo "post". "El Partido Verde está fundado para vivir siglos, no décadas. Como elector en Colombia, veo las tendencias mundiales y veo que hacer que el Partido Verde gane las elecciones es lo más racional".

La idea de lo "verde" ha sido para Mockus una triple oportunidad: de tener partido político como instrumento para presentarse como candidato; para seducir al electorado progresista y a los jóvenes.

Sin embargo, las preferencias "ranquean", es decir, tienen una escala jerárquica. Así como lo "verde" significó el elemento diferenciador de Mockus frente a Santos y el resto de los candidatos, también fue su condena, porque su figura "verde" no fue lo suficientemente sólida para el combate a la inseguridad como primera demanda pública.

Podría afirmarse que la mayoría de los votantes colombianos "tuvo miedo a seguir teniendo miedo". Uno de los peligros de la comunicación política centrada en el temor es que éste suele nublar el raciocinio. Una eficaz comunicación suele activar estructuras mentales inconscientes que motivan los comportamientos sin prestar atención a la racionalidad de los intereses: esa racionalidad que Mockus proclamó como necesaria para seguir una tendencia verde mundial.

Tercer "post". "Nosotros tenemos otros criterios para leer la realidad que no clasifican en la izquierda o la derecha: sinceridad, coherencia, legalidad, amor a la Constitución y a la vida".

Ya había escrito en este diario que "las ideologías, aunque buenas, no son Wikipedia", pero, sin embargo, funcionan como "hoja de ruta" para partidos y electores a partir de lemas y valores. Es un avance para el elector que empieza a razonar orientado en principios fundamentales, sin necesidad de conocer la totalidad de las posiciones en torno de la agenda. Para colmo, el partido de la "U" tenía -y tiene- ideología, y es explícita.

Cuarto "post". "Hay que confiar más en las ideas y en las propuestas que en las encuestas".

Es imposible desatender las demandas de la opinión pública y sobrevivir en la política. La acción política nunca es inocente y está diseñada para obtener cambios de comportamiento en la ciudadanía, pues siempre lleva consigo propósitos o intenciones.

No reconozco que el uso excesivo de las técnicas de recolección de datos contribuya a una "cultura de la opinática", en la que se sigue las pulsiones del pueblo. Más cerca estoy de perspectivas modernizadoras que asumen cambios que caracterizan a la cientifización de la política y ayudan a su profesionalización.

El resultado de investigaciones debería ser una guía constante, más no excluyente, en toda acción política profesional, para que no sea un ejercicio intelectual unilateral que emana sólo del decisor político.

La tercera generación de innovación política, según el reporte Innovation Tomorrow (Comisión Europea, 2002) está compuesta por componentes esenciales: investigación, ciencia y tecnología, iniciativa e ingenio. Los dos últimos se asocian a la innovación como estilo, aludiendo a la capacidad de creación y recreación de uno mismo (incluye ciertas dosis de impredecibilidad e improvisación) para manejar contingencias, pero no excluye a la ciencia. Por ende, mucho menos en Mockus, ex rector universitario.

Creo que Mockus no leyó de manera adecuada el contexto colombiano. Además, nunca hay que confiarse: los votos se cuentan en las urnas y no en los amigos de Facebook. Ahí, Mockus arrasaba.

Fuente: La Voz

domingo, 27 de septiembre de 2009

Córdoba: ¿resiliencia neoliberal o algo nuevo va a parir?

Mario Riorda
Docente de Política y Comunicación. UCC

El contexto sociopolítico cordobés cambió drásticamente en una década. El paso del tiempo ha visto crecer y desarrollarse a regiones y ciudades en América latina. Sin embargo, ese no ha sido nuestro caso.

El politólogo José María Gómez habla de “resiliencia neoliberal” para dar cuenta de sistemas políticos que, de una u otra forma, permiten regenerar un neoliberalismo con nuevos formatos y actores. La resiliencia es un concepto que implica un rebote, el reanimarse, resistir o adaptarse frente a factores adversos. Quisiera así sumergirme en el análisis cordobés para pensar si es que no hay una resiliencia neoliberal prevaleciente.

Desde las gestiones radicales, el sistema de partidos se ha visto atravesado por dos irrupciones que impactaron en las administraciones que más peso transformador tienen en la provincia: la provincial y la de la ciudad de Córdoba. Esas irrupciones permanecen muy competitivas a pesar de fracasos de gestión.

Hubo una primera irrupción neoliberal del “Modelo Córdoba” que, por inercia, sigue presente. Producto de una asociación –preferentemente– de la centroderecha y derecha en la provincia de Córdoba, ese movimiento aglutinante de muchas fuerzas sociales denominado Unión por Córdoba, trabajó en la propuesta de modernizar el Estado provincial con un énfasis privatista de los servicios y funciones básicas (ejemplificado en la Ley Carta del Ciudadano, de Reforma del Estado y de Regionalización).

Su concepción inicial era expandir la oferta de servicios gerenciados desde privados. El intento de privatización de la Epec, Banco de la Provincia de Córdoba, Lotería Provincial, creación de agencias mixtas, regionalización departamental, tercerización de la prestación de salud y del cobro de impuestos, entre otras cosas, quedaron inconclusas, y algunas ni siquiera llegaron a implementarse.

Fue una concepción de un modelo poco real para Córdoba, de bienestar fallido, caro, que tuvo muchas idas y vueltas, plasmando un híbrido sin control y con poca transparencia. Hubo avances “plebiscitarios” en temas sensibles como la unicameralidad en la Legislatura, o intentos fallidos como la última reforma política.

Salvo algunas inversiones en infraestructura, no sólo no se produjeron transformaciones significativas en la provincia, sino que además generó un descalabro fiscal sin antecedentes, especialmente en una deuda de la que se desconoce su magnitud. Se pensó excesivamente el largo plazo, pero el corto plazo lo sepultó.

Irrupción neoliberal corporativa autóctona. Otra de las consecuencias fuertes del modelo anterior, acompañado y propiciado por la falta de recuperación del radicalismo, fue la de posibilitar la irrupción del Frente Nuevo. Fue un antídoto de honestidad que se opuso al revés que representaba la gestión de la ciudad de Córdoba. Fue una composición heterogénea, transversal, policlasista, con un voto aluvional que tuvo un doble fracaso, sea en su desempeño en la gestión municipal, como en su intento de solidificación partidaria para generar reglas de democracia interna que pudieran institucionalizarlo como partido o coalición estable en desmedro del personalismo ilimitado.

Esa gestión municipal fue un nuevo modelo de “neoliberalismo corporativo autóctono” con características muy marcadas: a) ausencia de coherencia ideológica y norte estratégico en la gestión; b) transferencia y privatización del poder estatal a terceros, pero a diferencia del modelo neoliberal provincial con beneficiarios privados con lógica de mercado, aquí fueron sindicatos, grupos cooperativos y asociaciones de base que privatizaron la gestión en el intento de conformación de una estructura partidaria; c) merma de la profesionalización promedio de los funcionarios y líderes con un trasvase de técnicos a perfiles de base, que descalabró la autoridad de los mandos medios de la Municipalidad.

Este yerro de gestión, tan significativo como el pésimo desempeño gubernamental antecesor, generó una situación de devastación en la ciudad capital que condicionará estructuralmente cualquier gestión por más de una década, especialmente por el sobredimensionamiento y envejecimiento paulatino de la planta de empleados. No se pensó el largo plazo, aunque sus efectos sí se verán en el tiempo.

Ni puro Estado, ni puro mercado. Una visión progresista de la sociedad y del Estado como institución transformadora, aparece muy desdibujada como contracara de la resiliencia neoliberal. Ni intervención asfixiante ni omisión irresponsable podría ser la ecuación que defina un estado que pueda actuar de manera estratégica, inteligente, teniendo como prioridad la debida protección social hacia sectores vulnerables.

El Estado omnipresente y la centralización burocrática demostraron incapacidad en la resolución de no pocos problemas. La sociedad civil organizada ha demostrado un buen manejo e impactos acertados en determinados casos. Por eso el estado en Córdoba podría ser sólo promotor, regulador y garante del control porque no posee un stock financiero que permita encarar inversiones estructurales con externalidades positivas.

Para ese cometido debe apostar a la inversión privada, con estrictos y exigentes marcos de transparencia y fijación de prioridades públicas, y debe reservarse la obligación y garantía de cuidar el flujo financiero cotidiano para garantizar servicios esenciales irrenunciables, como lo son la educación, la salud y la protección social básica –más otros si se piensa esta concepción en escala municipal–. Otros modelos dejaron la inversión al Estado y privatizaron los servicios: exactamente al revés.

Concertar políticas públicas con los privados que motorizan la economía y son generadores de desarrollo, tal como lo hacen en las principales capitales del mundo, es una tarea ardua, pero con beneficios para todos. Muchos se quedan asombrados del desarrollo espectacular de ciertas ciudades o regiones, pero vetan toda posibilidad de que ese desarrollo pueda darse en Córdoba.

Implica discusión, participación y polémica, sí. Pero siempre reconociendo que el Estado está literalmente quebrado y no puede hacer todo solo como en otros tiempos.

La crisis económica exige reacomodar los presupuestos –comprometidos por décadas– con severas restricciones. Con un federalismo fiscal absolutamente inconducente, no queda otra visión desde la responsabilidad para gestionar, que mantener relaciones institucionales y lógicas entre los distintos niveles de gobierno. La mezquindad y la bravura son atributos para una Argentina de antaño.

Se requieren representaciones de base que den pleno derecho a la voz de sectores que registran mayores niveles de carencias y necesidades, pero también mucha confianza en expertos para el diseño de políticas.

Hacen falta actores que crean en la solidez de las alianzas y de un sistema de partidos. Córdoba debe fabricar un patriotismo ciudadano que hoy está ausente.

Tras la última elección, el sistema político cordobés se ha fragmentado en múltiples espacios con personalismos excluyentes y competitivos. El radicalismo ha hecho pocos méritos para llegar a ser depositario de una confianza popular mayoritaria y, por si fuera poco, carece de humildad. Aún así, las puertas se le han abierto para este convite y este pensamiento no le quedaría nada incómodo.

Desde la Municipalidad capitalina no se ha hecho otra cosa que desnudar la crisis que debe enfrentar la gestión y poner al sindicato a discutir a pérdida, y no se está lejos de estas ideas, incluyendo en esto a la Intendencia y Viceintendencia. No distinta es la situación de muchos intendentes del interior. Socialistas, independientes, centristas, son también una expresión posible de actores que pueden comulgar en estas ideas.

Sostener el diálogo constante –no la descalificación facilista–, un nuevo lenguaje creado a través de gestiones responsables y de coaliciones homogéneas, es el desafío de un espacio que pueda hacer frente a una resiliencia neoliberal muy marcada.

En definitiva, se trata de parir un nuevo sistema de representaciones políticas y sociales que nos haga ser más previsibles, menos personales, más institucionales.

© La Voz del Interior