lunes, 28 de septiembre de 2009

Merkel, pragmatismo y sobriedad

BERLIN (DPA).- Con su triunfo en las elecciones de ayer en Alemania, la democristiana Angela Merkel se consolidó como "la mujer más poderosa del planeta".

La líder de la conservadora Unión Demócrata Cristiana (CDU) logró la mayoría necesaria para deshacerse de su principal rival y socio en el gobierno de coalición, el Partido Social Demócrata (SPD), y cerrar la tan ansiada alianza con el Partido Liberal Demócrata (FDP), de Guido Westerwelle.

Cuatro años después de ser elegida jefa de gobierno, la "niña", como la llamaba su padrino político, el ex canciller Helmut Kohl, conseguirá presidir ese gobierno de centroderecha revestida de un gran prestigio, sobre todo en el extranjero.

Cuando fue nombrada canciller, en noviembre de 2005, Merkel se convirtió en la primera mujer en dirigir Alemania y en la primera jefa de gobierno procedente de la extinta República Democrática Alemana (RDA). Desde aquel momento, la prestigiosa revista Forbes la eligió cuatro años consecutivos como "la mujer más poderosa del planeta".

Caracterizada por una enorme racionalidad, constancia y pragmatismo, durante la campaña electoral la canciller se presentó como el elemento de estabilidad que necesita la primera potencia europea en medio de la crisis mundial.

En los últimos cuatro años, Merkel, doctora en física, mostró al mundo un rostro reconvertido. Después de ganarse el respeto mundial al presidir el G-8 hace dos años y de dirigir con habilidad la lucha contra la crisis, pasó de ser una mujer tímida a una figura de primer nivel, poderosa, segura de sí misma y fiel a sus ideas.

Muchos alemanes apreciaron su pragmatismo y su simplicidad. Sin embargo, sus convicciones siguen siendo un misterio para ellos. "Es una persona muy cerrada que aprendió bajo el régimen de la RDA a no expresar nunca lo que piensa", dice su biógrafo, Gerd Langguth. "Es una esfinge, pero ahora le gustaría parecer más humana", agrega.

Nacida en Hamburgo, hija de un pastor protestante y una maestra, Merkel, de 55 años, entró en política con la reunificación del país en 1990. Diez años después se convirtió en la primera mujer al frente de la CDU, un partido de tradición católica dominado por hombres.

Tras el fuerte impacto de la crisis, Merkel lanzó en tiempo récord dos paquetes de estímulo económico por más de 100.000 millones de dólares, desplegó un plan de rescate de bancos y empresas y reactivó la importante industria automotriz mediante ayuda para la compra de automóviles.

Aunque para Merkel fue "una de las decisiones más difíciles" de su carrera, por ser su partido radicalmente contrario a esas medidas, no dudó en nacionalizar parcialmente algunas entidades bancarias para salvarlas de la crisis.

Su reto en la próxima legislatura seguirá siendo el mismo: sacar el país lo antes posible de la crisis y salir de ella fortalecida, pero con un socio diferente, con el que está convencida de poder llegar antes al ansiado "crecimiento sostenible".

Fuente: La Nación


domingo, 27 de septiembre de 2009

Córdoba: ¿resiliencia neoliberal o algo nuevo va a parir?

Mario Riorda
Docente de Política y Comunicación. UCC

El contexto sociopolítico cordobés cambió drásticamente en una década. El paso del tiempo ha visto crecer y desarrollarse a regiones y ciudades en América latina. Sin embargo, ese no ha sido nuestro caso.

El politólogo José María Gómez habla de “resiliencia neoliberal” para dar cuenta de sistemas políticos que, de una u otra forma, permiten regenerar un neoliberalismo con nuevos formatos y actores. La resiliencia es un concepto que implica un rebote, el reanimarse, resistir o adaptarse frente a factores adversos. Quisiera así sumergirme en el análisis cordobés para pensar si es que no hay una resiliencia neoliberal prevaleciente.

Desde las gestiones radicales, el sistema de partidos se ha visto atravesado por dos irrupciones que impactaron en las administraciones que más peso transformador tienen en la provincia: la provincial y la de la ciudad de Córdoba. Esas irrupciones permanecen muy competitivas a pesar de fracasos de gestión.

Hubo una primera irrupción neoliberal del “Modelo Córdoba” que, por inercia, sigue presente. Producto de una asociación –preferentemente– de la centroderecha y derecha en la provincia de Córdoba, ese movimiento aglutinante de muchas fuerzas sociales denominado Unión por Córdoba, trabajó en la propuesta de modernizar el Estado provincial con un énfasis privatista de los servicios y funciones básicas (ejemplificado en la Ley Carta del Ciudadano, de Reforma del Estado y de Regionalización).

Su concepción inicial era expandir la oferta de servicios gerenciados desde privados. El intento de privatización de la Epec, Banco de la Provincia de Córdoba, Lotería Provincial, creación de agencias mixtas, regionalización departamental, tercerización de la prestación de salud y del cobro de impuestos, entre otras cosas, quedaron inconclusas, y algunas ni siquiera llegaron a implementarse.

Fue una concepción de un modelo poco real para Córdoba, de bienestar fallido, caro, que tuvo muchas idas y vueltas, plasmando un híbrido sin control y con poca transparencia. Hubo avances “plebiscitarios” en temas sensibles como la unicameralidad en la Legislatura, o intentos fallidos como la última reforma política.

Salvo algunas inversiones en infraestructura, no sólo no se produjeron transformaciones significativas en la provincia, sino que además generó un descalabro fiscal sin antecedentes, especialmente en una deuda de la que se desconoce su magnitud. Se pensó excesivamente el largo plazo, pero el corto plazo lo sepultó.

Irrupción neoliberal corporativa autóctona. Otra de las consecuencias fuertes del modelo anterior, acompañado y propiciado por la falta de recuperación del radicalismo, fue la de posibilitar la irrupción del Frente Nuevo. Fue un antídoto de honestidad que se opuso al revés que representaba la gestión de la ciudad de Córdoba. Fue una composición heterogénea, transversal, policlasista, con un voto aluvional que tuvo un doble fracaso, sea en su desempeño en la gestión municipal, como en su intento de solidificación partidaria para generar reglas de democracia interna que pudieran institucionalizarlo como partido o coalición estable en desmedro del personalismo ilimitado.

Esa gestión municipal fue un nuevo modelo de “neoliberalismo corporativo autóctono” con características muy marcadas: a) ausencia de coherencia ideológica y norte estratégico en la gestión; b) transferencia y privatización del poder estatal a terceros, pero a diferencia del modelo neoliberal provincial con beneficiarios privados con lógica de mercado, aquí fueron sindicatos, grupos cooperativos y asociaciones de base que privatizaron la gestión en el intento de conformación de una estructura partidaria; c) merma de la profesionalización promedio de los funcionarios y líderes con un trasvase de técnicos a perfiles de base, que descalabró la autoridad de los mandos medios de la Municipalidad.

Este yerro de gestión, tan significativo como el pésimo desempeño gubernamental antecesor, generó una situación de devastación en la ciudad capital que condicionará estructuralmente cualquier gestión por más de una década, especialmente por el sobredimensionamiento y envejecimiento paulatino de la planta de empleados. No se pensó el largo plazo, aunque sus efectos sí se verán en el tiempo.

Ni puro Estado, ni puro mercado. Una visión progresista de la sociedad y del Estado como institución transformadora, aparece muy desdibujada como contracara de la resiliencia neoliberal. Ni intervención asfixiante ni omisión irresponsable podría ser la ecuación que defina un estado que pueda actuar de manera estratégica, inteligente, teniendo como prioridad la debida protección social hacia sectores vulnerables.

El Estado omnipresente y la centralización burocrática demostraron incapacidad en la resolución de no pocos problemas. La sociedad civil organizada ha demostrado un buen manejo e impactos acertados en determinados casos. Por eso el estado en Córdoba podría ser sólo promotor, regulador y garante del control porque no posee un stock financiero que permita encarar inversiones estructurales con externalidades positivas.

Para ese cometido debe apostar a la inversión privada, con estrictos y exigentes marcos de transparencia y fijación de prioridades públicas, y debe reservarse la obligación y garantía de cuidar el flujo financiero cotidiano para garantizar servicios esenciales irrenunciables, como lo son la educación, la salud y la protección social básica –más otros si se piensa esta concepción en escala municipal–. Otros modelos dejaron la inversión al Estado y privatizaron los servicios: exactamente al revés.

Concertar políticas públicas con los privados que motorizan la economía y son generadores de desarrollo, tal como lo hacen en las principales capitales del mundo, es una tarea ardua, pero con beneficios para todos. Muchos se quedan asombrados del desarrollo espectacular de ciertas ciudades o regiones, pero vetan toda posibilidad de que ese desarrollo pueda darse en Córdoba.

Implica discusión, participación y polémica, sí. Pero siempre reconociendo que el Estado está literalmente quebrado y no puede hacer todo solo como en otros tiempos.

La crisis económica exige reacomodar los presupuestos –comprometidos por décadas– con severas restricciones. Con un federalismo fiscal absolutamente inconducente, no queda otra visión desde la responsabilidad para gestionar, que mantener relaciones institucionales y lógicas entre los distintos niveles de gobierno. La mezquindad y la bravura son atributos para una Argentina de antaño.

Se requieren representaciones de base que den pleno derecho a la voz de sectores que registran mayores niveles de carencias y necesidades, pero también mucha confianza en expertos para el diseño de políticas.

Hacen falta actores que crean en la solidez de las alianzas y de un sistema de partidos. Córdoba debe fabricar un patriotismo ciudadano que hoy está ausente.

Tras la última elección, el sistema político cordobés se ha fragmentado en múltiples espacios con personalismos excluyentes y competitivos. El radicalismo ha hecho pocos méritos para llegar a ser depositario de una confianza popular mayoritaria y, por si fuera poco, carece de humildad. Aún así, las puertas se le han abierto para este convite y este pensamiento no le quedaría nada incómodo.

Desde la Municipalidad capitalina no se ha hecho otra cosa que desnudar la crisis que debe enfrentar la gestión y poner al sindicato a discutir a pérdida, y no se está lejos de estas ideas, incluyendo en esto a la Intendencia y Viceintendencia. No distinta es la situación de muchos intendentes del interior. Socialistas, independientes, centristas, son también una expresión posible de actores que pueden comulgar en estas ideas.

Sostener el diálogo constante –no la descalificación facilista–, un nuevo lenguaje creado a través de gestiones responsables y de coaliciones homogéneas, es el desafío de un espacio que pueda hacer frente a una resiliencia neoliberal muy marcada.

En definitiva, se trata de parir un nuevo sistema de representaciones políticas y sociales que nos haga ser más previsibles, menos personales, más institucionales.

© La Voz del Interior

A las italianas no las escandalizan los affaires de Berlusconi

Elisabetta Piqué
ROMA. Los escándalos de "papi", como se lo llama ahora al premier italiano, Silvio Berlusconi, que se autoelogia como el mejor de los latin lovers y que en los últimos meses ha creado gran revuelo en todo el mundo por su desenfrenada vida sexual, no han provocado en Italia ninguna rebelión femenina.
Básicamente en silencio, salvo algunas voces que se levantan indignadas contra la "humillación colectiva" impuesta por Berlusconi, las mujeres parecen sumidas en la resignación más absoluta.
"Berlusconi no es el único que anda con prostitutas. Muchos otros políticos se divierten de la misma forma. Además, las escorts hacen lo que hacen por dinero, no porque les gusta. Se sabe que es el trabajo más antiguo del mundo", dice a La Nacion Nicoletta, una maestra de jardín de infantes de un colegio público de esta capital, que se define "apolítica" y que refleja el sentir de la gran mayoría de las italianas.
"Por lo menos Berlusconi no aumentó los impuestos, como hizo la izquierda, que ahora se la da de moralista", agrega.
Ante la gran sorpresa de muchos observadores extranjeros, el universo femenino italiano no salió a protestar ni después de las revelaciones de Patrizia D?Addario, prostituta de lujo, a la que se le había prometido una candidatura para el Parlamento
Europeo, ni después de oír salir de boca del premier declaraciones claramente machistas.
Como, por ejemplo, "la mujer es el mejor regalo de Dios al hombre", frase que pronunció recientemente en una cumbre bilateral con su par José Luis Rodríguez Zapatero, que creó gran revuelo en España, pero que pasó inadvertida en Italia. "Si en España un jefe de gobierno hubiera dicho algo así, las mujeres hubieran salido a la calle a hacer cacerolazos", asegura Irene Hernández Velasco, corresponsal de El Mundo .
Según una clasificación realizada en 2007 por el Forum Económico Mundial sobre los países con mayor igualdad de género, Italia se ubica en el puesto 84 de un total de 128 Estados analizados; ocupa la peor posición dentro de Europa. Las estadísticas también indican que Italia es el país de Europa con menos mujeres en el Parlamento y con menos mujeres en puestos de responsabilidad en empresas.
Lo cierto es que hay quienes explican el "silencio" de las mujeres italianas con la transformación sociológica que ha habido en los últimos años, que determinó la afirmación del fenómeno del velinismo.
Es decir, el reinado de las veline, presentadoras de TV semidesnudas y con físicos perfectos, impuestas por Berlusconi mismo a través de su imperio mediático. Un modelo al que ahora aspiran muchas adolescentes, que mueren por participar de un reality show o aparecer en televisión, cueste lo que cueste.
Según las encuestas, tres de cada diez chicas sueñan con convertirse en actriz o velina en Italia, como confesó en su momento la joven Noemi Letizia, la menor que solía llamar "papi" a Berlusconi, a quien conquistó enviándole un book con fotos muy sensuales.
"Para el 80 por ciento de las personas que miran televisión, ése es el único medio de información, y elvelinismo es el producto de 25 años de una televisión vergonzosa, hecha de ese modo", indica Lorella Zanardo, autora de El cuerpo de las mujeres (
www.ilcorpodelledonne.net ), un documental que está haciendo furor en la Web, tanto que ya fue visto por medio millón de personas.
En 25 minutos, denuncia el uso del cuerpo de las mujeres en la televisión italiana, en la que son mostradas como objetos sexuales (no aparecen con arrugas, sino deformadas por cirugías estéticas), en un espectáculo grotesco, vulgar y humillante.
"¿Por qué no reaccionamos? ¿Por qué aceptamos la humillación continua? ¿Por qué no nos ocupamos de nuestros derechos?", se pregunta Zanardo en su documental, que fue presentado a principios de año en medio de la indiferencia general, antes de la salida a la luz de las juergas de Berlusconi, pero que ahora comienza a dar que hablar.
Hace unos días, Maria Laura Rodotá, del diario Corriere della Sera , mencionó en una carta abierta a las mujeres la existencia de este impactante documental. También aseguró que desde hace meses "muchas mujeres italianas comparten una sensación de humillación colectiva". Al reflexionar sobre la falta de rebelión de parte de las mujeres ante "la deriva machista y misógina" de la península, Rodotá también se planteó si no ha llegado el momento de un "neofeminismo".Debate tardío
Giuliana Sgrena, una corresponsal de guerra y feminista de la vieja escuela, dice que si bien es cierto que comenzó un debate sobre el uso del cuerpo de la mujer y la política, éste "comenzó demasiado tarde y quedó limitado a pocas mujeres".
"La verdad es que nunca hubo indignación general después de los escándalos de Berlusconi porque los hombres utilizaron el argumento de que se trataba de asuntos privados, sin contar que de parte de los varones hay una suerte de sentimiento de admiración hacia Berlusconi, como también de envidia", dice Sgrena.
"Las mujeres fueron instrumentalizadas porque pasan de ser veline o modelos que aparecen desnudas en almanaques a ser ministras, como en el caso de Mara Carfagna, ministra de Igualdad de Oportunidades", opina Sgrena.
"Como no es políticamente correcto ponerse en contra de otra mujer, la situación ha puesto en una situación muy incómoda a todos. Pero la triste realidad es que las mujeres nunca se rebelaron; así se da una imagen deteriorada de Italia, que aparece dominada por un padre padrone rodeado de cortesanas que lo sirven."
Fuente: La Nación

sábado, 26 de septiembre de 2009

Polémica: Las hijas góticas de Zapatero

MADRID.- Los esfuerzos del mandatario español, José Luis Rodríguez Zapatero, para proteger la intimidad de sus dos hijas fracasaron ayer cuando los diarios españoles ABC y El Mundo publicaron dos fotos de las adolescentes, pese a los pedidos en contrario del presidente.
En la imagen, tomada en Estados Unidos por un fotógrafo de la Casa Blanca, aparecían Zapatero, su esposa, Sonsoles Espinosa, y sus dos hijas, junto a Barack Obama, y su esposa, Michelle. La foto fue publicada en Flickr (un sitio de Internet) que posee el Departamento de Estado, pero luego fue retirada por pedido expreso del gobierno español.
Las adolescentes, Alba y Laura, de 13 y 16 años, respectivamente, aparecen en la imagen con largos vestidos negros, botas militares y accesorios propios de la tribu urbana de los "góticos".
En Facebook, se abrió un grupo con el nombre de "Las hijas góticas de Zapatero" que ayer superaba los 2500 miembros. La polémica tomó una dimensión mayor después de que el diario El Mundo acusó a la agencia estatal EFE de censurar otra foto de las adolescentes tomada por un fotógrafo en la ONU. La agencia negó que se tratara de censura.
"Se decidió no distribuir esa foto por respeto a la imagen y a la intimidad de las niñas y [...] la reiterada postura de la familia al respecto, así como la vigente ley del menor española", afirmó. Esta norma obliga a publicar con los rostros pixelados las fotos de menores.
Agencias AFP y DPA
Imagen satírica sobre las hijas de Zapatero y la foto con Obama

viernes, 25 de septiembre de 2009

Frente Amplio sigue liderando las encuestas a un mes de las elecciones en Uruguay



Montevideo, 25 sep (EFE).- A un mes de los comicios generales en Uruguay, el gobernante Frente Amplio conserva su ventaja sobre la oposición, aunque no la suficiente como para evitar una segunda vuelta electoral, según la más reciente encuesta sobre las elecciones difundida hoy.
La encuesta de la Consultora Factum indica que, de celebrarse hoy los comicios, la coalición de izquierdas en el poder obtendría un 44 por ciento de los votos y el principal grupo de la oposición, el Partido Nacional o "blanco", el 32 por ciento.
La tercera gran fuerza política uruguaya, el Partido Colorado, muestra una intención de voto del 11 por ciento, según esta consulta realizada el pasado fin de semana.
Las dos principales formaciones muestran una caída en el apoyo respecto a la anterior encuesta de Factum, efectuada en agosto pasado.
Entonces, el Frente Amplio tenía una intención de voto del 46 por ciento y el Partido Nacional un 34 por ciento.
En cambio, el Partido Colorado sube un punto, desde el 10 por ciento anterior.
Los dos partidos minoritarios que se presentan a los comicios, el Partido Independiente y la radical de izquierdas Asamblea Popular tienen un respaldo del 2 y el 1 por ciento, respectivamente.
Un 8 por ciento de los consultados se declara indeciso y un 2 por ciento indica que votaría en blanco si los comicios presidenciales y parlamentarios del 25 de octubre próximo se celebraran hoy.
En declaraciones a la cadena de radio El Espectador, el director de Factum, el analista Oscar Botinelli, explicó que la tendencia a la baja del Frente Amplio y el Partido Nacional responde a los "serios problemas de estrategia" que sufren ambas formaciones de cara a las elecciones.
Botinelli señaló que la encuesta "posiblemente esté recogiendo el peor momento del Frente" Amplio y que la coalición de izquierdas parece estar sufriendo las consecuencias de la última polémica en torno a su candidato a la presidencia, el senador José Mujica.
La semana pasada, Mujica volvió a ocupar las portadas de los medios uruguayos por sus exabruptos contra el Gobierno argentino y otras declaraciones fuera de tono recogidas en un libro de entrevistas que acaba de ser publicado.
El propio presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, calificó como "estupideces" esas palabras de Mujica.
Botinelli también señaló que el Frente Amplio estaba denotando una fuerte carga de "improvisación" en su campaña electoral, mientras que del Partido Nacional dijo que "continúa la caída" en la intención de voto a esta formación, "aunque ha logrado bajar la velocidad" de ese desplome.
El analista vio probable una segunda vuelta en las elecciones, que se celebraría el 29 de noviembre próximo, pues ninguno de los contendientes aparece con la suficiente fuerza como para obtener más del 50 por ciento de los votos.
No obstante, subrayó la importancia que puede tener el voto de las personas que actualmente se declaran indecisas a la hora de manifestar su preferencia, dado su abultado porcentaje, un 8 por ciento.
Además de entrar la campaña en su recta final, en la medianoche de este viernes se cumple el plazo para la presentación de las listas ante la Junta Electoral de Montevideo.
Este organismo señaló que espera al menos 15 de esas listas (reflejando la representatividad de las facciones de los diferentes partidos), que habrán de definir tras su votación la nueva composición del Legislativo uruguayo.

Fuente: EFE

martes, 15 de septiembre de 2009

Bolivia mira al futuro con el retrovisor

En enero de 2006, a pocos días de su toma de posesión, Evo Morales encandiló a Europa con su jersey a rayas. El presidente electo de Bolivia se paseó por varias capitales rompiendo protocolos con una imagen que sedujo a todos. Después de tres años y medio de Gobierno y en los umbrales de un nuevo proceso electoral, viste sofisticadas chaquetas con motivos indígenas y camisas con bordados de reminiscencia prehispánica. El primer presidente indí­gena de Bolivia es, qué duda cabe, una figura continental y, con jersey o con chaqueta, todavía fascina a una parte significativa de la comunidad internacional.
Todas las encuestas de preferencia de voto para las próximas elecciones presidenciales, de diciembre de 2009, le otorgan entre el 42% y el 48%, frente a un esmirriado 11%-15% de su primer oponente. Aunque la campaña no ha comenzado aún y es evidente que las cifras cambiarán, acortándose las distancias, es difícil encontrar a un solo boliviano que no crea que Morales será reelegido para un segundo mandato consecutivo. El último presidente que logró la reelección consecutiva, hace ya 45 años, Víctor Paz Estenssoro, fue derrocado a los tres meses de su posesión. No parece que éste vaya a ser el caso, pero no es un dato desdeñable en un Estado políticamente volátil.
¿Pero qué hay detrás de la imagen del boliviano más mediático de la historia?
Morales marca un antes y un después en el destino del país, pues su figura cierra la página del largo y dolo roso camino a la inclusión de algo más de la mitad de los habitantes, que tienen origen indígena, quienes sufrieron hasta 1952 condiciones de semiesclavitud simplemente inenarrables. Pero contra lo que se cree con frecuencia, su presidencia marcó la culminación de un camino histórico, no su comienzo. Baste recordar que el presidente Andrés Santa Cruz Calahumana (1829-1839), uno de los padres de la nación, era hijo de una cacica aymara.
La Revolución de 1952, protagonizada precisamente por Paz Estenssoro en el primero de su cuatro gobiernos, llevó adelante tres medidas cruciales para los indígenas que chuas y aymaras: el voto universal, la reforma agraria que les devolvió la tierra que les había sido expoliada sobre todo entre 1880 y 1920, y un código educativo que universalizó la educación primaria y extendió la educación al área rural del país. En 1993, el primer Gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada (quizá la figura más execrada de la política boliviana de hoy) realizó la segunda generación de medidas a favor de la inclusión. Reconoció mediante una reforma parcial de la Constitución que Bolivia es un país pluricultu ral y multilingüe. Creó más de trescientos municipios con jurisdicción territorial, que cubrieron la totalidad del país, con autonomía, elección directa de alcaldes y presupuesto propio, otorgado por el presupuesto nacional de manera automática de acuerdo a su densidad demográfica, lo que permitió la existencia de municipios indígenas (más de cien) y mancomunidades de municipios indígenas. Aprobó la ley de educación intercultural y bilingüe que está en plena vigencia y modificó la reforma agraria de 1953, reconociendo las tierras de comunidad en el altiplano, imponiendo impuestos a los latifundios de las tierras bajas, estableciendo la función económica y social de la tierra y otorgando a los pueblos del Amazonas y del Chaco tierras comunitarias de origen en extensiones que varían entre 5.000 y 500.000 hectáreas, según el caso. En las elecciones de 2002, en las que Morales obtuvo el segundo lugar, el Parlamento integraba ya a más de un 30% de representación indígena.
Cuando en 2003, tras la grave crisis política y el trágico saldo de casi setenta muertos que obligó a la renuncia de Sánchez de Lozada tras un año y algo más de su segunda y dramática Administración, logramos desde el Gobierno una nueva reforma parcial de la Constitución que incluyó la Asamblea Constituyente, el Referendo y la apertura para participar en elecciones a agrupaciones ciudadanas y pueblos indígenas, propusimos un Estado de autonomías y la elección directa de prefectos (gobernadores) en los nueve departamentos que tiene el país.
¿POR QUÉ MORALES?
Nacido en un humilde y remoto pueblo aymara cercano a la frontera con Chile, Morales logró casi el 54% de los votos en las elecciones de 2005 porque, reciclado de dirigente sindical de las regiones de producción de coca ilegal a campeón de las reivindicaciones indígenas, devino en símbolo de una parte esencial del país. Pero, además, llegó en el momento justo, con el discurso adecuado. Desde 2003, Bolivia estaba ávida de cambios y cansada de lo que hasta ese momento había sido una democracia (reconquistada en 1982) controlada por tres partidos tradicionales. Sus votantes se identificaron casi carnalmente con él, por razón de piel, frustrados por un proceso agotado y miope para comprender las demandas sociales y, sobre todo, porque, a pesar de los importantes esfuerzos de varios gobiernos por resolver brechas profundas, los niveles de pobreza y los indicadores sociales básicos seguían siendo los peores de Suramérica. Es inútil decir que, en un cuarto de siglo, Bolivia redujo más de veinte puntos su porcentaje de pobreza y mejoró temas de saneamiento básico y salud. Las demandas y la realidad no pueden cubrirse con cifras macroeconómicas positivas o con modestos avances sociales. La desigualdad entre ricos y pobres sigue siendo una de las más altas del hemisferio.
Morales fue por eso coronado, un día antes de su investidura oficial, en Tiahuanacu, el centro prehispánico y preincaico más importante de Bolivia, arropado por la esperanza de millones de indígenas que por fin se miraban en el espejo del poder conquistado por uno de ellos. El nuevo presidente llegó con todos los astros alineados, la más alta votación de los últimos cuarenta años, el apoyo pleno y embelesado de la comunidad internacional, la mayor bonanza económica del país en un siglo (si no más) gracias a precios internacionales de materias primas que rompie ron todos los récords imaginables y, por encima de todo, una legitimidad que le permitía saldar una deuda histórica no sólo de modo simbólico, sino realmente. No lo hizo. En el momento crucial de definir la ruta de su Gobierno optó por un “nosotros” equivocado. Desde el primer día su “nosotros” era el del presidente de los indígenas, no el del presidente de los bolivianos. Una posición comprensible al principio se volvió recurrente a lo largo de su gestión. El mandata rio, en vez de tender manos y proponer la cons trucción común de la nación entre indígenas, mestizos y blancos, prefirió cavar trincheras.
SU GOBIERNO, SU PROYECTO
Pero si algo está claro hoy es que, más allá de sus discursos interminables, la repetición de dos o tres ideas recurrentes y su estilo agresivo y adjetivado que lo llevó a la expulsión del embajador de Estados Unidos, a tensiones con Brasil, a una casi ruptura de relaciones con Perú y a un alineamiento militante con Hugo Chávez, Morales y el Movimiento al Socialismo (MAS) tienen un proyecto muy profundo de transformación y de cambio en el que se mezclan demasiados ingredientes que pueden estallar en las manos del gobernante, en las de sus partidarios y en las de todos los bolivianos.
Largo sería contar los tristes avatares de la Asamblea Constituyente elegida e instalada en 2006, que en un año y tres meses de trabajo ¡no discutió ni aprobó un solo artículo del proyecto constitucional! Baste decir que terminó en medio de las balas, con un saldo de tres muertos y 150 heridos, con los oficialistas reunidos en un cuartel en las afueras de Sucre, la capital de Bolivia. Aprobada en detalle en Oruro, corregida y “adaptada” en un curioso e ilegal acuerdo del Congreso, fue aprobada en referéndum en 2009 por el 62% de los bolivianos.
El proyecto-país, expresado inequívocamente en la nueva Carta Magna de Morales (la decimosexta desde 1826), es la destrucción de la República como forma de gobierno y como propuesta histórico-conceptual traducida en la tradición republicana, que se basa no sólo en la sepa ración de poderes y el equilibrio y contrapeso de éstos, sino en la idea central de igualdad apoyada en la ciudadanía. Tradición que después de Estados Unidos y Francia tuvo su mayor apogeo en la concepción independentista de las naciones hispanoamericanas a principios del siglo XIX. A cambio, Bolivia se ha convertido en un Estado plurina cional, cuyo eje son 36 naciones indígenas. La mayor, en un país de 10 millones de habitantes, la quechua, con dos millones y medio de personas, y la menor, la pakawara, con un total de 25 habitantes. La nueva Constitución con sagra todos los derechos alcanzados por los indígenas antes de 2006, al hacerlos explícitos (pues ya estaban reconocidos en la Constitución derogada) con un capítulo dedicado a las naciones indígenas (el 4°) y la mención de éstas en sus 411 artículos más de un centenar de veces.
La Carta Magna establece una categorización ciudadana que rompe la esencia del artículo primero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, según el cual todos los seres humanos nacemos iguales. El texto establece categorías ciudadanas diferenciadas por origen, lengua y color de piel. Sólo reconoce como naciones con el denominativo de “indígena originario campesino” (art. 3) a aquellas establecidas antes de “la invasión colonial española” (art. 30). El 47,7% de la población, no indígena, recibe el calificativo de “comunidades interculturales” (art. 3), estableciendo que, fuera del ámbito estrictamente urbano, los no indígenas están limitados en el ejercicio de algunos de los derechos que la propia Constitución reconoce, particularmente en lo referido al tema de recursos naturales. Es clave en este contexto la idea de que las naciones precoloniales, además de su dominio ancestral sobre sus territorios, tienen derecho a la “libre determinación, autonomía y autogobierno” (art. 2) y, lo más importante, tienen derecho a la “gestión territorial indígena autónoma y al uso y aprovechamiento exclusivo de los recursos renovables existentes en su territorio” (art. 30, 17). Para ocupar cualquier cargo público es obligatorio hablar castellano y una lengua nativa (el 67% de los bolivianos es monolingüe). Paradójicamente, el presidente Morales sólo habla castellano (de ahí una disposición transitoria por la que no se aplicará tal obligación hasta la siguiente elección, después de diciembre).
El texto incluye una innovación sin precedentes al reconocer en igualdad la justicia indígena, basada en usos y costumbres (no escrita y referida a 36 culturas diferentes), con el mismo rango que la justicia republicana (art. 179), con la diferencia de que la indígena es inapelable y de única instancia. No está claro aún cuál será el ámbito de jurisdicción de ambos sistemas. Establece también que las máximas autoridades del poder judicial (Tribunal Constitucional y Corte Suprema) se eligen por voto directo y deben tener obligatoriamente un porcentaje de representación indígena. Destruye la idea de irretroactividad de la ley, marcando la posibilidad, por ejemplo en delitos de corrupción, de juzgar un hecho de hoy con una ley aprobada dentro de un año.
La construcción de un Estado de autonomías, que dio lugar al equívoco internacional de que cuatro de los nueve departamentos buscaban separarse de Bolivia, enfrentó al país, dado que Morales se opuso a las autonomías cuando fueron votadas. Hoy las apoya tras la evidencia de que la tendencia mayoritaria es seguir el camino de las cuatro que la aprobaron en referéndum. Pero para curarse en salud debilita el poder de los gobiernos departamentales. La Constitución reconoce cinco niveles autonómicos: departamental, regional, provincial, municipal e indígena. Este último, aplicable en municipios, mancomunidades municipales o en tierras comunitarias de origen. Esta superposición geográfica, jurídica y política puede llevar a una colisión muy arriesgada y compleja en el momento de su aplicación. En esa misma línea, reconoce como “símbolos del Estado”, por tanto en iguales condiciones, dos banderas (art. 6): la tricolor –rojo, amarillo y verde–, creada el 17 de agosto de 1825, 11 días después de la declaración de independencia, y la wiphala, bandera multicolor que representa exclusivamente a quechuas y aymaras. De ese modo, el símbolo de una parcialidad (dos de las 36 naciones indígenas) cobra rango de símbolo de todos, lo que vendría a ser comparable, por ejemplo, a que la bandera del País Vasco fuera reconocida como símbolo del Reino de España en igualdad de condiciones que la bandera nacional española, lo que –como ocurre ahora en Bolivia– haría obligatorio en Andalucía que se izaran los dos pabellones, el español y el del País Vasco, por no mencionar el caso único de un Estado con dos banderas.
Dada la preeminencia de la cultura aymara y la influencia histórica de este pueblo que fue conquistado –antes de la llegada de los españoles– de manera violenta por el imperio incaico, está claro que el Gobierno de Morales busca una hegemonía aymara en la totalidad del territorio boliviano, absorbiendo al quechua que, en realidad, es parte de una mayoría aymara quechuizada por el sistema de aculturación impuesto por los incas y reafirmado por la Corona española. Aymaras y quechuas representan el 90,6% de la población indígena, las otras 34 naciones son apenas el 9,4%. Ambos pueblos, aymara y quechua, son el 48,3% de los bolivianos. La política del Gobierno es la de migraciones de comunidades andinas planificadas a corto plazo hacia el Norte, Este y Sur (regiones amazónica y chaqueña, que ocupan el 67% del total del territorio de Bolivia), continuando un proceso que comenzó con la Revolución de 1952 pero que Morales acelera de manera consciente. Éste es el elemento verdaderamente nuclear de lo que representa este proyecto histórico. A él se suma una política económica estatista, de economía planificada y de grandes restricciones a la inversión privada, sobre la idea endógena de desarrollo en un país con mínimo ahorro interno y bajísima presión tributaria.
La desastrosa política de hidrocarburos (Bolivia tiene importantes reservas de gas natural) de los últimos tres años casi ha sacado al país del juego energético regional. Ya no es un centro estratégico de distribución de gas. La congelación de las inversiones, la alta corrupción en la empresa estatal de petróleo (su anterior presidente y número dos del MAS está preso, acusado de haber recibido un soborno de casi medio millón de dólares por un contrato), la pseudonacionalización –que no tocó a una sola de las empresas transnacionales instaladas en Bolivia, pero que generó serias dudas sobre la seguridad jurídica del país– hicieron inviable hasta hoy un gigantesco contrato de exportación a Argentina. Perú está en plena construcción de una planta de transformación para exportar su gas al Pacífico, Brasil ha encontrado gigantescas reservas de este producto, Chile importa su gas de otras fuentes y, por si fuera poco, el principal aliado de Morales, Venezuela, desarrolla un megaproyecto de abastecimiento al Cono Sur. El referéndum sobre hidrocarburos (2004) y la nueva ley (2005), realizados antes de la llegada de Morales al Gobierno, el decreto de incremento de impuestos en 2006 y los espectaculares precios internacionales triplicaron las exportaciones de Bolivia y multiplicaron por cinco las reservas internacionales, garantizando un crecimiento medio del 4,5% del PIB y un superávit en los últimos tres años. A pesar de la caída de precios, el Ejecutivo aún tiene un margen de juego de crecimiento moderado en 2009 y 2010, pero su mayor problema es la negligencia, la falta de capacidad de gestión y de ejecución presupuestaria.
En suma, la combinación ideológica es la de un Estado con preeminencia indígena en su concepción y estructura, estatista a ultranza y fuertemente centralista en medio de la paradoja de un ensayo de construcción autonómica. No es otra cosa que la búsqueda de una utopía que quiere construirse mirando al futuro con el espejo retrovisor.
Pero la fuerza simbólica de Morales es todavía muy grande, más que suficiente para apuntalar una muy probable victoria en diciembre.
¿Y LA OPOSICIÓN?
Expropiación: la nacionalización de los hidrocarburos ha sido uno de los caballos de batalla de Evo Morales desde que asumió el poder.
La oposición jugó casi siempre a favor de este proyecto en una sociedad sometida a tensiones extremadamente grandes. A pesar de que Morales tardó tres años en imponer su proyecto de Constitución, por la acción de entrabamiento permanente de los opositores, el mayor problema de quienes se enfrentaron al Gobierno fue la incomprensión de lo que éste representaba. Más allá de cualquier consideración, Bolivia vive un momento de cambios profundos; el pasado no volverá y quienes se anclaron en la idea de recuperarlo para seguir con sus privilegios, como parte de élites que medraron sistemáticamente del Estado y de núcleos de poder con rasgos inequívocos de corrupción, tomaron un camino suicida. La respuesta al proyecto de hegemonía masista debiera ser la de preservar el republicanismo democrático, pero sobre la premisa inexcusable del cambio que contempla la inclusión y el respeto a la otredad, junto a un Estado moderno, descentralizado y de autonomías. Santa Cruz, la región más poderosa del país y con fuerte gravitación de contrapeso a La Paz (donde se encuentra la sede del Gobierno boliviano) y al escenario andino, tuvo un liderazgo que careció de visión nacional, que buscó exclusivamente salvar su propio proyecto y el de la región. La demanda autonómica, que obtuvo gran legitimidad en varias regiones, pecaba de un ideario conservador y fragmentario. Como si en Brasil las élites paulistas apostaran por resolver y liderar los temas de São Paulo y no a jugar el rol que por peso natural le toca a escala nacional.
Las acciones e iniciativas de Morales han dejado a la oposición anonadada. La derecha es incapaz de entender de qué va la cosa, y los sectores progresistas y adscritos a la necesidad de grandes transformaciones hasta ahora no ofrecen la posibilidad de arrebatarle al presidente, desde la democracia, la bandera del cambio. Porque no se puede olvidar que Morales avasalló a la Asamblea Constituyente y al Poder Judicial, y controló por las buenas o las malas el Legislativo, vulnerando elementos esenciales del funcionamiento democrático. Pero la oposición desde las regiones y desde el principal partido contrario al MAS, Podemos, del ex presidente Jorge Quiroga, intentó desestabilizar con modos no democráticos al Ejecutivo. Fue una acción inaceptable desde los puntos de vista ético y práctico. Pretendieron derrotar en su terreno al campeón de los bloqueos de carreteras, paros nacionales y cercos de ciudades. Una oposición desquiciada, que entre septiembre y octubre de 2008 tomó violentamente instituciones del Estado, impidió al presidente aterrizar en varios aeropuertos del país e incendió pequeños conductos de gas. El resultado fue una derrota en toda regla, aunque el saldo para el país fue una cincuentena de muertos, producto de la acción opositora y de la represión gubernamental.
El gran objetivo de la oposición para el próximo diciembre es lograr un candidato de unidad capaz de enfrentarse al presidente. Morales está apoyado por un voto emocional y de consigna en gran parte del área rural, y con un respaldo superior al 65% en el área urbana de la zona andina. Difícil desafío, que en un primer momento abre una baraja con más de una docena de precandidatos, cuyo único elemento en común es oponerse a Morales. Con un discurso como ese no parece que se apunte alto, aunque el Gobierno ha polarizado al país de tal manera que al menos un 30% votaría por cualquier candidato que sacara cabeza con alguna opción frente al oficialismo. Pero parece muy difícil combinar los elementos indispensables para salvar al país de un camino hacia el autoritarismo. Debería ser una candidatura para la coyuntura, basada en la hipótesis de lograr un segundo lugar que bloquee los dos tercios de Morales en la nueva Asamblea Legislativa; pero lo más importante es reconstruir un sistema de partidos devastado, sin el que es imposible hablar de democracia. Una democracia que celebre la inclusión y destierre el racismo increíblemente exacerbado en los últimos cuatro años, pero que a la vez devuelva el sentido de unidad que hoy está en cuestión, no por el riesgo de división, sino por las profundas heridas, resentimientos y prejuicios entre campo y ciudad, entre indígenas y no indígenas y entre Occidente y Oriente.
MORALES NO ES MANDELA
El error histórico de Morales es que no quiso ser Mandela, porque no entendió la tarea que le tocaba o porque, fiel a su lógica de dirigente sindical cocalero (el incremento exponencial de cultivos de coca y de producción de cocaína se ha convertido en un serio problema y puede erosionar las relaciones exteriores del Gobierno), creyó que la única manera de lograr el cambio era con la derrota total y definitiva del enemigo. Uno de los muchos peligros de ese razonamiento es meter en la bolsa de los adversarios a quienes son parte de una comunidad que en 2006 creyó que el presidente los representaba y que hoy sienten que los excluye.
Afirmarse negando y suponer que por negar lo negado desaparece es, simplemente, una ilusión. La historia, le guste o no a Evo Morales, tuvo un periodo prehispánico, colonial y republicano, y es de ella en su totalidad, de su brazo indígena y de su brazo occidental, de la que son hijos los 10 millones de bolivianos, no de sus retazos.
El autor: Carlos Mesa es ex presidente de Bolivia.

Fuente: MDZ Online