lunes, 5 de octubre de 2009

La izquierda pierde poder en Europa

Luisa Corradini
Corresponsal en Francia

PARIS.- El estrepitoso derrumbe del Partido Social Demócrata (SPD) en las elecciones del domingo pasado en Alemania confirmó la crisis que atraviesan los partidos europeos surgidos de la matriz socialista -particularmente en Francia, Gran Bretaña, España e Italia- debido a la pérdida de identidad ideológica, la incapacidad para ofrecer una alternativa a la crisis y las ambiciones de sus líderes.

"Hay una tendencia global al retroceso de la socialdemocracia desde hace 20 años", constata el politicólogo francés Philippe Braud.

El mismo día en que los votantes alemanes infligieron al SPD su peor derrota desde la Segunda Guerra Mundial, los socialistas portugueses perdieron la mayoría absoluta en el Parlamento y, con apenas un 23% de intención de voto para las elecciones de mayo próximo, las encuestas colocaron al gobernante Partido Laborista británico en tercer lugar, detrás de los conservadores y del Partido Liberal Demócrata.

El laborismo podría perder el poder después de 14 años, y lo mismo podría ocurrir en España en las elecciones legislativas de 2012. De hecho, una encuesta publicada ayer por el diario El País reveló que el 61% de los españoles desaprueba de las medidas tomadas por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para enfrentar la crisis, y añadió que el opositor Partido Popular aventaja por cuatro puntos al socialismo en intención de voto.

La excepción parece ser Grecia, donde el Pasok de George Papandreou ganó ayer por amplio margen en las elecciones legislativas anticipadas (ver aparte).

En julio, los electores también castigaron a los partidos de izquierda en las elecciones al Parlamento Europeo, mientras que en abril de 2007 infligieron una rotunda derrota a la candidata socialista francesa Ségolène Royal en las elecciones presidenciales que llevaron a Nicolas Sarkozy al Palacio del Elíseo.

Más grave aún: allí donde han perdido el poder los socialistas están cada vez más divididos y sin ninguna representatividad, como en el caso de Francia, Italia y ahora Alemania.

Cuando hace pocas semanas le preguntaron al célebre filósofo socialista francés Bernard-Henri Lévy si creía que su partido estaba moribundo, contestó: "No, ya está muerto. Nadie se anima a decirlo. Pero todos lo saben".

Hace diez años, la situación de la socialdemocracia en Europa era completamente diferente. La izquierda estaba en el poder en 12 de los 15 países miembros de la Unión Europea (UE). El New Labor de Tony Blair y el reformista SPD de Gerhard Schröder se definían como los "nuevos radicales" e invocaban una "tercera vía" del socialismo con una actitud abierta hacia la economía de mercado. ¿Qué fue lo que sucedió?

Desplazamiento

Por un lado, "todo el mundo, incluso la derecha, se ha vuelto social-demócrata: hasta Nicolas Sarkozy y Angela Merkel defienden la protección social, el salario mínimo o el seguro de salud", afirma Braud.

Y en una época en que se han impuesto la globalización y la economía de mercado, "la derecha parece paradójicamente más tranquilizadora", agrega.

Simultáneamente, "la izquierda se desplazó al centro y comenzó a postularse como una fuerza moderada y responsable, abandonó poco a poco los dogmas del progreso social, se desproletarizó y se transformó en el partido de la clase media alta", afirma el teórico británico Stuart Thomson, autor de un trabajo académico sobre el dilema socialdemócrata.

En Francia, por ejemplo, el Partido Socialista es el representante de los bo-bo ( bourgeois bohèmes , burgueses bohemios). Esa nueva clase de profesionales exitosos se nutrió en la ideología de 1968 y fue girando a la derecha a partir de la llegada de François Mitterrand al poder, en 1981, y, sobre todo, después de la caída del Muro de Berlín, en 1989.

En Alemania el proceso fue similar dentro del SPD, en España ocurrió lo mismo con el PSOE y en Gran Bretaña con el New Labour de Tony Blair, que disolvió los últimos restos de marxismo en una salsa neoliberal aceptable para amplios sectores de la sociedad que, tradicionalmente, percibían al laborismo o al socialismo como "idiotas útiles al servicio del comunismo".

La crisis de la izquierda llegó (o incluso comenzó) en los países escandinavos, donde el modelo socialdemócrata parecía formar parte del patrimonio genético.

Esa corrida hacia la derecha de los partidos socialistas, luego del derrumbe del imperio soviético, tuvo otra consecuencia: con sus nuevas vestimentas más presentables, la izquierda dejó de ser la vía que canalizaba el voto de protesta del proletariado, de las clases más desfavorecidas y de los sectores populares que se sienten más amenazados.

En un mundo en crisis, los partidos de derecha ganaron votos prometiendo más eficiencia que la izquierda y, al mismo tiempo, reduciendo impuestos, promoviendo más regulación financiera y un mejor futuro para la gente mayor.

"La derecha europea ha sido capaz de adaptarse al modernismo", afirma el historiador francés Michel Winock. A su juicio, ése es un proceso que necesariamente debe asumir la izquierda para recuperar protagonismo.

¿Cómo hallar nuevas fórmulas para luchar contra la disparidad de los ingresos y asegurar la protección social en economías cuyos recursos disminuyen? ¿Cómo hacer frente a la fragmentación social y cultural de la sociedad? Para responder a esos nuevos desafíos, "el socialismo europeo debe hacer un profundo trabajo político e ideológico", advierte Alain Bergounioux, historiador y director de La Revue Socialiste . "No puede regresar a la visión estatista y redistributiva de la socialdemocracia de comienzos de los años 80", prosigue.

Si quieren sobrevivir, "los socialistas tendrían que reflexionar en cómo reformar el capitalismo y pensar con seriedad en lo que el Estado puede y no puede hacer en el siglo XXI", insiste Winock. Si no lo consiguen, concluye, "su inevitable derrumbe sería una muy mala noticia para el futuro de la democracia continental".

Fuente: La Nación



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