martes, 2 de marzo de 2010

Lula empuja y Dilma se agranda

Por Darío Pignotti

Desde Brasilia

Aunque el eslogan de campaña “Dilma Rousseff al gobierno, Lula da Silva al poder” es pura imaginación, nos trae al ruedo otro de cuya existencia nadie duda: “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. ¿Cabe algún paralelo entre esos dos ejemplos? Algunos, sí. Las chances electorales de Dilma Rousseff hoy y Héctor Cámpora hace treinta y siete años, serían nulas si detrás de sus postulaciones no estuvieran Lula da Silva y Juan Perón.

Dilma Rousseff, la candidata de Lula, saltó del 16 por ciento de intención de voto en febrero de 2009 al 28 por ciento en febrero de 2010, de acuerdo con un sondeo publicado ayer por la encuestadora Datafolha, vinculada con el diario Folha de Sao Paulo. José Serra, el posible candidato del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), hizo una trayectoria inversa, pasando del 45 por ciento, en febrero de 2009, al 32 por ciento el mes pasado.

A siete meses de las elecciones, el crecimiento vertical de Rou-sseff, ministra de la Casa Civil (jefa de Gabinete) y candidata presidencial del Partido de los Trabajadores (PT), se explica en las decenas de actos públicos que compartió en los últimos dos años junto a Lula, inaugurando viviendas en la favela Rosinha, de Río de Janeiro, escuelas en el paupérrimo nordeste o universidades públicas en el cordón industrial de San Pablo.

En cada ceremonia pública, Lula repetía: “Dilma es la madrina del PAC”, Plan Aceleración del Crecimiento, programa de obras dotado de unos 250.000 millones de dólares. Al identificar a Rousseff con las obras públicas se instaló de lleno el contrapunto entre estatismo y privatización, es decir entre el programa lanzado hace una semana por el PT, cuando proclamó a su postulante presidencial, y las propuestas del PSDB, del precandidato José Serra y el ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

Por lo pronto, el plan trazado por Lula cuando desistió de reformar la Constitución para poder disputar un tercer mandato y apostó en convertir a Rousseff en una candidata competitiva parece haber sido acertado.

Con una aprobación del orden del 80 por ciento, según encuestas contratadas por diversos grupos de interés, Lula ya irrigó parte de su popularidad en Rousseff, quien hasta hace dos años era una funcionaria ignota que jamás había sido candidata a nada.

Datafolha dice que el 42 por ciento de los entrevistados votaría a la candidata recomendada por Lula, lo cual permite esperar que Rousseff siga trepando. Los números de Folha sembraron tal desencanto en las filas del opositor PSDB que en algunos mentideros se habla de la desistencia de José Serra a disputar la presidencia. Aunque esa posibilidad, la salida de Serra, suena exagerada, lo cierto es que en las últimas semanas llovieron malas noticias para el PSDB. Las peores vinieron de sus aliados, los conservadores del Partido Demócratas, hundidos hasta el cuello en escándalos de corrupción.

Hace tres meses la fórmula opositora iba a tener al socialdemócrata Serra como candidato a la presidencia y José Roberto Arruda, de Demócratas y gobernador de Brasilia, como postulante a vice.

La fórmula, muy a gusto de buena parte del empresariado y la prensa dominante, se desplomó cuando Arruda fue preso bajo cargos de corrupción el 11 de enero, dejando a Brasilia al borde de la intervención federal. Pocos días después, otro referente de Demócratas, el alcalde de San Pablo, Gilberto Kassab, fue condenado en primera instancia por haber recibido millones de dólares de empresas constructoras.

Demócratas es la reencarnación del Partido Frente Liberal (PFL), formado por las oligarquías civiles que colaboraron con la dictadura militar. Los escándalos de Brasilia y San Pablo hundieron en el desprestigio a Demócratas y amenazan aplastar al bloque de centroderecha que forman con el PSDB. Cardozo declaró la semana pasada que Demócratas debería quedar afuera de la coalición opositora por su reincidencia con escándalos de corrupción.

Pero a pesar de la coyuntura adversa, el PSDB sigue encabezando las encuestas con Serra, y aún pueden jugar otra carta, la de armar una fórmula presidencial de “pura sangre” socialdemócrata, con Aecio Neves, gobernador de Minas Gerais, como candidato a vicepresidente.

Restan siete meses de una campaña electoral que se insinúa feroz por la polarización izquierda-derecha hacia la que se encamina la posible confrontación entre el bloque encabezado por el PT y el liderado por el PSDB.

En el fragor de la disputa habrá que ver la destreza política de la economista y ex guerrillera Dilma Rousseff. Aquí hay un punto en el que no caben los paralelos con la Argentina de Cámpora y Perón. Lula ya avisó que no pretende ser el poder tras el trono de Rousseff y dijo apostar a la victoria de su compañera en los comicios del 3 de octubre y a su reelección en 2014.

Fuente: Pagina 12

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