Está en 20 puntos, 36 menos que en enero; Néstor Kirchner bajó aún más

Comunicación Política. Campañas electorales. Comunicación Gubernamental. Escándalos. Polémicas. Comunicación de crisis.

Acallados por ahora, los ruidos de las furiosas cacerolas, podemos identificar un fenómeno que se viene dando en la Argentina de los últimos días.
Además, este fenómeno se cristaliza inclusive en los medios de comunicación que a estas alturas ya no saben que poner de titular en sus placas.
Si el paro es de los ruralistas, o de los transportistas, o de ambos. Si los que cortan las rutas son los ruralistas o los transportistas o los pueblos. La primera verdad que podemos vislumbrar es que el panorama, vaya contradicción, es poco claro.
Sumado a esta falta de claridad sobre quién es quién, se suma la idea de quién pelea por qué cosa. Si los ruralistas pelan por las retenciones, por las economías regionales, por la leche, por la carne, ó por un país más federal con descentralización de la billetera y con mayor autonomía para los gobernadores e intendentes. Quizás por todo eso, o quizás para sumar argumentos con el objetivo de legitimar su reclamo sobre las retenciones. La verdad es que todo sigue siendo poco claro.
A todo esto, los transportistas están y no están con el campo. Están porque creen (sino todos, al menos, una buena parte) que el reclamo es legítimo y el gobierno se excedió en las retenciones. No están porque, por culpa de su paro, los transportistas alegan que no tienen trabajo y están sufriendo las consecuencias. A estas alturas se puede imaginar el serio problema en el que se encuentra el asistente de un noticioso que tienen que colocar el epígrafe a una nota.
Todo esto por el lado de los sectores que reclaman. Sin embargo, por el lado del Gobierno, los enchastres ideológicos y de percepciones sobre los sectores no hacen sino colaborar con la confusión general sobre el conflicto. Si De Angeli es un golpista, porque sale diciendo que quiere que Cristina finalice su mandato y pidiendo paz en las protestas. Porque si Aníbal y Alberto Fernández salen a manifestar que si la gendarmería debiese actuar, lo hará sin violencia, después las imágenes nos devuelven espaldas moradas de golpes de bastones. Porque si es una supuesta luchas de ricos contra pobres, hay gente humilde que pelea a favor del campo y gente de buen pasar económico apoyando al Gobierno. A pesar de ser repetitivo, afirmo que todo sigue siendo poco claro.
Ahora bien, en lo personal, creo que algo es claro. Argentina es un país joven que está empezando a crecer en lo que comúnmente se conoce como institucionalidad. Los cacerolazos, más allá de apoyar a uno u otro sector, pusieron en agenda una cuestión central en la definición de un país: La limitación en el uso del poder y la necesidad de resolver las diferencias en un marco de diálogo institucionalizado. El reclamo generalizado, más allá de ciertas particularidades, fue diferente al de 2001 en este sentido. La idea no era que Cristina se fuese o que todos se fuesen, sino el diálogo. El diálogo como constructor de futuro, el diálogo como posibilidad de consensuar disensos. El basta a una forma de ejercer el poder y de resolver conflictos.
Todos estos no son sino síntomas que nos hacen ver que hemos pasado de una etapa de niñez que, tal cual niño caprichoso, cambiábamos de gobierno durante todo el siglo 20, bien ahora entramos a la adolescencia, donde pedimos explicaciones por todo y el argumento debe ser racional y sin arbitrariedades. En palabras de una psicopedagoga, el adolescente no tolera las injusticias.
Esperemos que sigamos creciendo, sin violencia y entendiendo que el diálogo y sólo el diálogo es lo que permite crecer.
Daniel Roura
MIAMI.- Después de la fanfarria que acompañó la consagración de Barack Obama como candidato a la presidencia por el Partido Demócrata, la pregunta inmediata es: ¿puede ganar? ¿Puede convertirse en el primer presidente negro de los Estados Unidos?
© La Voz del Interior
¡Feliz día del trabajador a todos! No me importa que cuando esta nota sea impresa ya sea un saludo que, de tan antiguo y tan atemporal, se vuelva anticuado. Es que yo escribo esto el día del trabajador y estoy un poco cansado de andar actualizando fechas. Y además… ¡el día del trabajador, el día de la madre, el día del niño, son todos los días, che! Y siempre es bueno acordarnos de los trabajadores mas allá de este 1 de mayo, en el cual abren los supermercados coreanos, algunos locales de jeans del Once y muchas librerías del centro de la ciudad.
¡Muchachos, respetemos el día de todos los trabajadores y paren un minuto de facturar! Mi tema de hoy es Lilita.
Hace poco la Osa vino a la cartonería, enamoradísima de Lilita:
—Cucu, escuché a Lilita en un reportaje que le hizo Majul…
—¿Y?, le dije para darle rienda suelta a su peroreo popular.
—¡Y me encantó esa mujer, Cucu! Ataca con nombre y apellido a todos los peces gordos de la política nacional. ¿Será verdad todo lo que dice de Kirchner, Cucu?
Y me quedé pensando en Lilita que, sin dudas, es el personaje político más interesante de todos. Creó, inventó, fabricó una fuerza política independiente, casi de la nada (su partido siempre está peleando elecciones); tiene a la primera gobernadora de Tierra del Fuego y, según lo que se le escucha gritar, tiene un proyecto republicano y hasta revolucionario para este país. De más está decir que Lilita es un canto a la chispa, que a veces le pone demasiada pimienta a sus palabras y tiene casi el mismo grado de soberbia que nuestra querida Cristina, lo cual ya es mucho decir. A veces peca de infantil, pero creo que a Lilita hay que entenderla, valorarla, no ningunearla tanto y, sobre todo, rescatarle su discurso y su acción política que es lo más interesante que tiene. Es verdad: a veces, cuando la escuchamos, produce rechazo y dan ganas de matarla, y por favor que no se utilice mal este término —pues es una frase dicha con mucho cariño—, es como decir “hace cada cosa... Pero la quiero igual”.
Amor y odio, a la vez, es la mezcla que Lilita genera en los medios, en la calle, entre sus colegas. A veces, decimos, está loca, se fue al carajo, pero muchas veces nos deja pensando, no digan que no porque no les creo, después de escuchar a Lilita siempre nos quedamos pensando. Tendríamos que ser unos animales para no pensar un minuto. Sus
acusaciones son terribles, serias, tienen un imbancable tufo a olla destapada. ¿Y si lo
que Lilita dice es verdad? ¿Qué hacemos? ¡Estamos perdidos! Lilita es toda la oposición, no existe otra, ya ni siquiera del lado de los piqueteros. Lilita mete el dedo en la llaga y sueña con encender la llama. ¿Y saben por qué Lilita es tan odiada y amada a la vez? Porque nadie se atreve a tanto, nadie es tan frontal; es verdad, no me lo digan, es muy atolondrada y tiene un racimo de barbaridades para expresar cada vez que sale al aire. Es lo más antipopular que hay, también, puede ser cierto. Confieso que a veces me encanta escucharla, me divierte su osadía, tiene ideas delirantes, es una mujer con chispa, inteligente, con un discurso infinitamente superior al de Cristina, se sale de la regla y de la chatura general de los representantes de la nada.
Está sola, no tiene un esposo poderoso que pueda palanquearla. Es ella siempre contra todos, contra Moyano, contra Kirchner, contra los Fernández, contra Macri, siempre Lilita, inmortal, incallable, contra todos, ahí, diciendo un montón de barbaridades, peleando en cada presentación, tratando de llegar al eje del poder: la conciencia popular. Pero todavía está lejos, aunque lucha y lucha, quijotesca como ella sola, egomaníaca como la mitad de los argentinos. Ahí está Lilita, acusando a medio mundo, destapando la olla con su gran cucharón de libertades sociales. Por suerte, Lilita está ahí, aunque más no sea para acusar, para generarnos bronca y rechazo, pero al final nos rendimos a ella, porque, en el fondo, no es más que una gran mujer que está llena de sueños. ¿Y de cuántos políticos podemos decir eso?