viernes, 9 de abril de 2010

El insólito veranito de los Kirchner

Ha llegado el otoño, pero los Kirchner parecen disfrutar de su propio veranito.

El buen tiempo kirchnerista reconoce algunos factores meteorológicos reales, como los nubarrones que amenazan a los dirigentes de la oposición y el clima optimista por el anunciado canje de la deuda, que condujo a una sensible baja del riesgo país en el último mes.

El Gobierno también intenta crear su propia realidad. El mejor ejemplo es la paradisíaca escenografía montada desde el Indec, el único organismo del país que señala que la pobreza en la Argentina disminuyó durante 2009. Es que si la inflación oficial no es la real, tampoco la canasta familiar es la verdadera ni el poder adquisitivo es el que dice el Gobierno.

Los recientes fracasos de la oposición en el Congreso comienzan a avalar la estrategia del oficialismo, consistente en demostrar que la supuesta mayoría opositora es muy heterogénea, casi un "rejunte", sin un proyecto alternativo.

En consecuencia -señalan desde el kirchnerismo- "no hay una nueva mayoría ni tampoco una nueva primera minoría". Hasta que se demuestre lo contrario, la primera minoría seguirá siendo el kirchnerismo, razonan.

La posibilidad de un default de la oposición envalentona a los Kirchner. Sus operadores sueñan con un 2011 donde Néstor Kirchner alcance el 40 por ciento de los votos y supere por más de diez puntos a su más inmediato perseguidor, en virtud de la fragmentación del arco opositor.

Falta mucho tiempo, demasiado, para el momento en que los argentinos deban elegir al sucesor de Cristina Fernández de Kirchner. Pese a eso, los portavoces de Olivos empiezan a instalar aquella hipótesis electoral.

Casi nada, sin embargo, permite proyectar un escenario como el que sueñan en el oficialismo. La imagen positiva de los Kirchner está desde el conflicto con el campo estancada entre el 20 y el 30 por ciento. Si bien hoy puede estar algo más cerca del 30 que del 20, no hay una tendencia que permita pronosticar un quiebre del umbral superior ni mucho menos una recuperación hasta los guarismos del 70 por ciento que supieron exhibir. El piso del 20 es bastante sólido, pero la resistencia en los 30 puntos también es muy fuerte, según los análisis técnicos de las encuestas.

Es probable, en estas circunstancias, que la situación electoral de los Kirchner se asemeje a la de Carlos Menem en 2003. Podrían llegar a un ballottage, pero muy difícilmente ganarlo.

Este hecho, a su vez, fragmenta a la oposición, porque son muchos los que se sienten en condiciones de derrotar al kirchnerismo en la contienda electoral por la presidencia de la Nación. Dentro de esos muchos, no parece estar, al menos por ahora, quien, paradójicamente, unificaría a todo el peronismo no kirchnerista detrás de su candidatura presidencial: Carlos Reutemann.

Entre las dudas de éste y las apetencias de sus otros potenciales postulantes presidenciales, la oposición exhibe personalidades políticas tan variadas como sus orígenes. Apenas la une el afán de ponerles límites a ciertas prácticas autoritarias del Gobierno, pero este objetivo parece subordinado a veces a las ambiciones personales de sus líderes. El desafío de construir el futuro les ha llegado y está plagado de obstáculos.

Fuente: La Nación

jueves, 1 de abril de 2010

Antanas y los mimos (blog Pedestre)

Aurelijus Rutenis Antanas Mockus es a primera vista un tipo que no tiene todos los tornillos de su cabeza en orden. Su corte de pelo tipo Moe de los Tres Chiflados, su barba de Abraham Lincoln y los trajes de superhéroe que acostumbra a utilizar le dan un aspecto bastante más extravagante que el de la media de la población. De hecho, es más que probable que Antanas Mockus sufra en efecto de algún desorden mental, ya que de otra manera no se explicaría su decisión de dejar una tranquila vida académica para ser alcalde de su ciudad natal, Bogotá, considerada a mediados de los noventa como una de las urbes más peligrosas y caóticas de toda Latinoamérica.

Sin embargo, el loco de Antanas fue bastante más exitoso de lo que todo el mundo esperaba, logrando cambiarle por completo el rostro a su ciudad en sus dos períodos como alcalde (1995 – 1998 y 2001 – 2004). Mal que mal, son pocos los alcaldes latinoamericanos que pueden decir que han expuesto en la prestigiosa Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard a tablero vuelto, tal como sucedió con Mockus algunas semanas atrás.

Y es que lo del bogotano es considerado hoy en día como un modelo revolucionario digno de estudio en todo el mundo. Lo suyo, más que la aparente espectacularidad de las formas, es una firme convicción en lo que él llama la “doctrina de la cultura ciudadana”, basada en el empleo de métodos pedagógicos para lograr cambios sociales. Donde fallaron los métodos tradicionales basados en la aplicación de castigos y multas, Mockus empleó políticas ingeniosas que entendían que la sanción social es mucho más poderosa a la hora de cambiar malos hábitos profundamente arraigados en la población.


Salen los policías y entran los mimos

Como la gran mayoría de las ciudades de la región, a mediados de los noventa Bogotá constituía un muy buen ejemplo acerca de cómo no hay que comportarse en las calles. Un tráfico caótico, liderado por conductores que no respetaban las más mínimas normas de civilidad detrás de un volante, se mezclaba con el movimiento de peatones que tampoco estaban dispuestos a seguir las más elementales normas de tránsito. El resultado: una de las tasas de accidentes vehiculares más altas de toda Latinoamérica.

Donde cualquiera hubiera visto la solución en reglamentos más duros y multas más altas para los infractores, Mockus vislumbró una salida mucho más ingeniosa, cuyo éxito inmediato aún causa admiración en el mundo entero. La receta, tremendamente sencilla, fue lanzar 500 mimos a las calles, quienes tenían como misión señalar a todos aquellos cuya conducta vial se apartara de las buenas costumbres de tránsito. Así, si alguien cruzaba una vía en un lugar no habilitado, inmediatamente era seguido por un mimo que lo remedaba por detrás, lo que la mayoría de las veces provocaba las risas de todos aquellos que se encontraban en la acera mirando este insólito espectáculo. Por supuesto que más de algún mimo se llevó de premio una buena paliza de los molestos peatones, pero la reacción generalizada fue más bien la de no repetir la acción imprudente, porque la mofa de cientos de bogotanos resultaba mucho más agraviante que el pago de una multa, que después de todo se hace en la soledad de una oficina, sin testigos que a uno lo avergüencen.

Los mimos, que al poco tiempo se transformaron en todo un símbolo de la ciudad, también extendieron su accionar hacia los automovilistas, a quienes les mostraban unas grandes tarjetas rojas, si su accionar era inapropiado, o blancas, si su conducta merecía la aprobación de toda la ciudadanía. El resultado de la acción de este ejército silencioso sorprendió hasta a los más escépticos: en pocos años los bogotanos se habían convertido en ciudadanos ejemplares en lo que a comportamiento vial se refiere, y todo gracias a un programa que en su conjunto resultó mucho más económico y efectivo que cualquier campaña anterior.

Fuente: extracto de blog Pedestre

miércoles, 31 de marzo de 2010

Ratzinger y los escándalos de pederastía

En sus orígenes judeocristianos, la palabra skandalon, designaba la situación por la cual un pueblo se apartaba de Dios. Ya en el Antiguo Testamento el escándalo era la conducta inmoral de un pueblo en su relación con la divinidad. La perdida de fe constituía el obstáculo que se presentaba en el camino a Dios. A partir del siglo XVI y XVII la palabra empezó a referirse a la conducta de una persona religiosa que provocase el descrédito de la religión y que por lo tanto fuera un obstáculo para esa fe. En nuestros días, el escándalo se asocia a las acciones que ofenden los sentimientos morales de las sociedades, por ello los escándalos son relativos a las normas y a las costumbres de cada país.

Si bien la importancia y el valor que se le da a las normas varían de un lugar a otro, la pedofilia es uno de esos pocos delitos que generan rechazo a nivel mundial. Este crimen es sancionado en la mayoría de las sociedades del mundo y nadie se atrevería a decir algo en contrario. Este es, ni más ni menos, la infracción que por estos días se puso al descubierto por los múltiples escándalos que afronta la Iglesia Católica en los principales países de Occidente.

TRES FORMAS DE ASUMIR LOS ESCÁNDALOS

Ante las primeras denuncias publicadas en los medios masivos de comunicación, la Iglesia Católica ha respondido en un primer momento con la teoría de la manzana podrida. Las conductas desviadas de sus miembros constituyen pecados individuales de personas enfermas. Solo se trata de remover a esas manzanas en descomposición para evitar una putrefacción generalizada del cajón.

Según estudios realizados en el 2004, en los Estados Unidos, se reveló que 4.392 sacerdotes y diáconos fueron denunciados por más de 10.667 menores durante los últimos 50 años. Al mismo tiempo, la Iglesia Católica debió pagar más de $500 millones de dólares en costas legales y compensación a las víctimas. En el 2007, la Iglesia Católica ya había gastado más de $ 2 billones de dólares, a razón de 1.3 millones de dólares por cada niño víctima de abuso sexual.

En una segunda instancia, la Iglesia Católica se disculpó. En el medido tono y disimulo de las medias verdades o de las verdades a regañadientes. Muchas voces, y muchas de ellas alemanas, se alzaron nuevamente para acusarla de insuficiente y de insípida. Una condición para que las disculpas sean aceptadas es que el remordimiento resulte creíble y verosímil. Por ello es necesario que las victimas se sientan emocionalmente resarcidas. Algo muy difícil de lograr, dado el impacto que estos abusos sexuales genera en estos niños, en sus familias y en sus futuros personales. Hay adultos de más de 60 años que han denunciado abusos sexuales sufridos durante su infancia.

Finamente, cuando en los últimos días las acusaciones de encubrimiento llegaron hasta el mismísimo Ratzinger, hubo nuevamente un cambio discursivo. Del modesto reconocimiento se pasó a la famosa teoría del complot.

La estrategia de denunciar una conspiración, no por vieja y conocida, deja de ser efectiva. Suele ser útil para conservar a aquellos que todavía tengan confianza en la institución, pero difícilmente haga cambiar de posición a aquellos que no confíen en estos argumentos incontrastables.

Un verdadero arrepentimiento, como bien señala la doctrina católica, implica también el compromiso de cambio, para evitar, en la medida de lo posible, volver a pecar. En los escándalos ocurre lo mismo. Los escándalos deben ser capaces de provocar cambios institucionales, y de esta manera, dejar constancia del aprendizaje institucional. Los grupos humanos, al igual que los individuos, tienen una capacidad de aprender de sus errores y de encontrar mecanismos para evitar que los mismos se presenten nuevamente. Cuando esto ocurre, ya que no siempre pasa, es porque el escándalo ha permitido un proceso de restauración moral de la norma. Aquellos que defendía el valor vulnerado, es decir, el respeto absoluto de la integridad de los niños, ganaron sobre aquellos que pretendían relajar el cumplimiento de la misma. Una vez que se produjo un aprendizaje es más difícil que vuelva a cometerse el mismo delito, ya que la institución es otra y las conductas aceptadas de sus individuos también.

Ninguna de las tres formas de responder al escándalo ha resultado hasta el momento decorosa para la Iglesia Católica. El mismo Vaticano ha reconocido públicamente que su "credibilidad moral se ha debilitado".

VALORES Y ESCÁNDALOS

A esta altura de los hechos, y ante las pruebas publicadas sobre los encubrimientos al máximo nivel, se han convertido éstos en una infracción moral mayor que los abusos sexuales cometidos por los sacerdotes pedófilos. El escándalo pone al descubierto fallas institucionales que permiten esas conductas. Las infracciones de segundo orden suelen ser incluso más castigadas que las infracciones que dieron origen al escándalo.

Por otro lado, al igual que en la política, la credibilidad y el poder obtenido a partir de la defensa pública de determinados valores resulta muy costoso cuando son justamente esos valores los que se transgreden.

Cuando un político levanta las banderas de la transparencia o se presenta como un gran demócrata, sufre el descrédito público y la sanción social cuando su conducta se descubre corrupta o déspota. Incluso la sanción es más fuerte cuando aquel que viola la norma había sido su más conspicuo representante y había hecho de este valor su principal capital político.

Hace algunas décadas, y en forma creciente, la relevancia otorgada a la sexualidad en el discurso de la Iglesia Católica se fue alejando de las pautas sociales de convivencia de Occidente. En algunos casos entrando en confrontación con otros sistemas de creencias y de valores imperantes en la sociedad, como la defensa de los derechos humanos.

Los escándalos no son más que la fiebre en un organismo enfermo. Son el síntoma. El escándalo revela. Descubre aquello que quería ser ocultado. Oculto porque prohibido. El escándalo lo hace público, lo convierte en objeto de debate. E interpela abiertamente al sospechado y/ o acusado.

La infracción que genera el escándalo nunca opera en el vacío. Lo hace sobre la imagen, el honor y la reputación de una Institución o de un individuo. Cuando la Iglesia Católica convirtió a la sexualidad en su principal cruzada posmoderna, la lupa de la sociedad también se posó sobre las conductas sexuales de los miembros de la Iglesia Católica. Es decir, de aquellos que se abrogan la autoridad moral como para definir culpables e impartir sanciones.

Los escándalos se han convertido, en las sociedades actuales, en un mecanismo informal de la democracia por el cual la ciudadanía marca un límite moral claro a aquellos que tienen el poder de mandar, sean estos civiles o religiosos. Por ello los escándalos son un mecanismo de control social.

Solamente una infracción tan repudiable como la pedofilia y una institución tan tempranamente mundial como la Iglesia Católica, pudieron generar el primer escándalo global del siglo XXI.

Superar la esquirlas de esta crisis, requerirá que la Iglesia Católica no solo asuma la distancia que separa los valores de la sociedad de aquellos que conserva la institución, sino también de generar los cambios institucionales que materialicen ese aprendizaje. Y dar ese debate de cara a la sociedad.

Pablo Ariel Cabás

Piñera, un gesto vale más que mil palabras

No es novedad, que el lenguaje tenga expresiones que trasciendan las meras palabras. Esto es típicamente conocido como el lenguaje paralingüístico e incluye gestos, miradas, expresiones, movimientos, etc.

En comunicación política, los fenómenos paralingüísticos no son la excepción. Siempre vale la pena a la hora de realizar análisis, la forma en que se hacen los discursos, la vestimenta que se utiliza y la parafernalia que suele rodear los actos en los cuáles se producen los discursos.

El caso de hoy es el del flamante Presidente de Chile, Sebastián Piñera. Resulta interesante destacar ciertos movimientos que produjo para entender algunas de las cuestiones que están en la agenda del Presidente.

Para comenzar, el día del traspaso de mando, a la hora de la foto con sus ministros, no pareció casualidad verlo flanqueado por su ministro del interior y por su ministro de relaciones exteriores. La novedad es que haya sido el ministro del interior y no el de economía el que estuviese al lado en ese momento, para que se terminase de configurar la imagen típica de los problemas de agenda que interesan a la derecha, es decir, el mercado que regule la situación interna, y luego la preocupación por las relaciones exteriores del país. La presencia del ministro del interior, refleja la prioridad de la situación interna luego de la catástrofe producida por el terremoto y el tsunami.

Siguiendo la línea de la presencia del ministro de relaciones exteriores, comenzamos a ver otro gesto, es decir, cuál será la primera visita que realizará el Presidente en el exterior. Dicha visita, contiene algunos rasgos interesantes. La visita será a la Argentina.

Esta visita merece dos reflexiones. La primera, un cambio de orientación geográfica de las relaciones internacionales del país. Chile, en los últimos años se preocupó por estrechar lazos con los países del Foro Económico del Asia Pacífico (APEC por sus siglas en inglés). Quizás a partir de ahora, la prioridad sea la máxima de las relaciones internacionales que dice: “deberás hacer política de tu geografía”. La segunda, obedece a un cambio en el orden interno de la región. Los gobiernos de la Concertación y en particular el de Michelle Bachelet, habían priorizado la relación bilateral con Brasil. Es por esto que interesaría este potencial cambio de rumbo, en la idea de construir una mejor relación con Argentina que dejaría un poco de lado su estrecha relación con Brasil.

La última jugada en el plano internacional, que vendría a reflejar aquella foto del 12 de marzo, fueron las palabras que tuvo Piñera para con Cuba, al condenar la muerte del disidente Orlando Zapata Tamayo y al decir que luchará por los derechos humanos, las libertades fundamentales y la democracia en la isla. Esto en renovada alineación con el gobierno de los Estados Unidos es algo que no debería sorprender a nadie.

Concluyendo, aquí se intentó analizar los primeros lineamientos de la política exterior del Presidente Piñera desde sus gestos. Como todo gesto, bien pueden reflejar una realidad, o no ser nada más que un gesto. De seguro, un gesto vale más que mil palabras.

Daniel Roura

Aparecieron carteles contra Alberto F.

Era el más K de todos. Pero de un día para el otro se convirtió en acérrimo opositor. El personaje no es otro más que Alberto Fernández, ex Jefe de Gabinete del kirchnerismo y que hace unos días disparó: "No me asusta ser candidato a Presidente".
Ahora aparecieron carteles anónimos en su contra. En el mismo se observa al ex Jefe de Gabinete con su frase y un remate "A millones de argentinos SI", en referencia a la posibilidad de que se presente en las próximas elecciones. Los carteles aparecieron en el centro porteño y no llevan firma de ninguna agrupación.
Cambió de bando. Desde su renuncia al Gobierno, Fernández criticó a la Presidenta, pidió que Guillermo Moreno se vaya de su cargo y no ahorró frases polémicas para referirse al ex presidente Néstor Kirchner. A fines de 2009 advirtió que, como tantos otros, el Gobierno lo espiaba.
Fuente: Perfil

domingo, 28 de marzo de 2010

Encuestame, encuestate

Francisco de Narváez considera que el marketing es una herramienta indispensable para consolidar su proyecto presidencial. Por eso acaba de incorporar como asesor de campaña a Guillermo Seita, el secretario de Medios de los años dorados del menemismo que desde su consultora Management & Fit promete influir en el electorado.
Seita ya mantuvo numerosas reuniones con el empresario. Pero recién en estos últimos días tomó la decisión de trabajar para las elecciones de 2011. Se ocupará de medir y monitorear la opinión pública, además de aportar ideas en materia de comunicación política.
Su silencioso desembarco vino acompañado de la difusión de una reciente encuesta donde el diputado aparece al tope de las preferencias de la gente. Según el sondeo, el Colorado le empataría a Néstor Kirchner en una interna del PJ para dirimir el candidato presidencial. Ambos obtendrían el 18% de los votos, dejando atrás, muy lejos, a Eduardo Duhalde, con 9,7; Carlos Reutemann, con 8,7; Mauricio Macri, con 8,3; y Daniel Scioli, con apenas el 5 por ciento.
Los trabajos de Management & Fit suelen brindar conclusiones desfavorables sobre la gestión de Cristina Kirchner. Esto puede cotejarse en su sitio web (www.myfconsultora.com. ar). En la sección “presencia en los medios” de esa página se exhiben artículos periodísticos confeccionados en base a estudios de la consultora.
Los últimos diez títulos, pertenecientes a Perfil, Clarín y La Nación, son:
• “Más del 60% de la gente cuestiona las decisiones que tomó Cristina”;
• “La gente pide que se calmen los ánimos”;
• “La sociedad le pide a la oposición que ponga límites al Gobierno”;
• “Cobos aún puntea los sondeos, pero lo acechan los peronistas disidentes”;
• “El 55% de quienes votaron a Kirchner lo critican por la compra de dólares”;
• “Dicen que el Lole no cambió de estilo y que está evaluando costos”;
• “La crisis del Banco Central golpea la imagen de los Kirchner y de la oposición”;
• “Para la opinión pública el vice no tiene que renunciar a su cargo”;
• “El uso de reservas muestra un nivel muy alto de rechazo. Crece la desaprobación al Gobierno”.
OTRA VEZ CON CHUPETE. Seita nació en Mar del Plata y tuvo un paso fugaz por el negocio de compraventa de futbolistas de esa ciudad.
Su militancia en Guardia de Hierro, una agrupación ligada a la ortodoxia peronista con reminiscencias fascistas, no fue óbice para que se convirtiera en lugarteniente del ultraliberal Domingo Cavallo.
Durante la gestión de Menem ejerció como jefe de gabinete de la Cancillería; jefe de gabinete, subsecretario y secretario de Relaciones Institucionales del Ministerio de Economía; secretario de Medios de la Presidencia y jefe de campaña de la reelección de 1999.
De aquellos 90 se recuerda tanto una denuncia en su contra por enriquecimiento ilícito como aquel sesudo trabajo de operador político junto a José Luis Manzano. El ex ministro del Interior hoy comparte con De Narváez el paquete accionario de América, plataforma para los intereses electorales del empresario. A tal punto, que uno de los empleados del canal y máximo exponente de los programas de chimentos, Jorge Rial, se ofreció públicamente a trabajar como su jefe de campaña.
El año pasado Seita asesoró al gobernador de Córdoba, el cavallista Juan Schiaretti, y, según un artículo de La Nación, fue contratado por Amado Boudou para cambiar la imagen pública del INDEC. El jefe del Palacio de Hacienda lo desmintió. “Ningún ex funcionario de Cavallo trabaja para el Ministerio de Economía”, dijo.
Esa cartera, la Presidencia de la Nación y la agencia Télam figuran como clientes de Management & Fit en el sitio web de la consultora. En las tres dependencias negaron a este diario que en la actualidad esté vigente algún contrato.
QUÉ TENDRÁ EL PETISO. De Narváez siempre habló de los 90 con cierto encomio. No podía ser de otra manera tratándose de alguien que en 2003 aportó billetera y presencia a la campaña de Menem. Muchas de sus amistades provienen del círculo áulico del ex mandatario.
No por nada pensó en Carlos Corach para urdir el andamiaje legal que lo habilite a competir por la presidencia. El 25 de octubre del 2009 Crítica de la Argentina informó sobre el discreto trabajo de lobby iniciado por el ministro del Interior.
De Narváez es colombiano. Ninguno de sus padres es argentino nativo. Su papá era bisnieto de un presidente colombiano y su mamá nació en Praga, pese a que se nacionalizó argentina.
El artículo 89 de la Constitución establece que “para ser elegido presidente o vicepresidente de la Nación, se requiere haber nacido en el territorio argentino, o ser hijo de ciudadano nativo habiendo nacido en país extranjero”.
Sin embargo, el diputado recuerda que, tras adoptar la ciudadanía argentina, la Suprema Corte bonaerense le permitió ser candidato a gobernador en 2007. Ese fallo es el que, a los ojos del “petiso” Corach, ahora le abriría las puertas a la pelea presidencial.
¿Por qué? Porque el artículo 121 de la carta magna bonaerense, al que recurrieron en vano los detractores de De Narváez para sacarlo de competencia, es un calco del artículo 89 de la Constitución Nacional. Dice textualmente que “para ser elegido gobernador o vicegobernador, se requiere haber nacido en territorio argentino o ser hijo de ciudadano nativo si hubiese nacido en país extranjero”.
Rindiendo culto al bajo perfil, Corach le prometió hacer valer los retazos de influencia que aún le quedan. Todavía exhibe los oropeles de su paso por la asesoría legal del PJ, entre 1983 y 2001, y de la letra aportada al Pacto de Olivos que rubricaron Raúl Alfonsín y Menem.
–¿Entonces es verdad que quiere ser presidente? –le peguntó este diario a uno de los portavoces de De Narváez en octubre pasado.
–Nosotros creemos que él puede ser candidato a presidente –contestó en aquella oportunidad.
Cinco meses después, aun a riesgo de que la Corte le inflija un revés judicial, el Colorado blanqueó su ambición.
Para ejercer presión, su aparato de marketing y publicidad se encargará de ponerlo como víctima de una discriminación. ¿El argumento? El mismo que utilizó Corach para buscar la re-re de Menem: si la gente quiere votarlo –y aquí el valioso aporte de Seita y sus encuestas favorables–, ¿por qué la ley se obstina en impedirlo?.
Fuente: Critica

El virus de la idea

Por Leonardo M. D`Espósito
¿Somos dueños o no de nuestras propias ideas? ¿Son nuestras ideas realmente nuestras? La pregunta se dispara a partir del comentario de Hebe de Bonafini “vean Canal 7, escuchen Radio Nacional”. Más allá de lo que implique en el contexto en el que vivimos, Bonafini, al decir eso, recurría a un lugar común que quizás esconda algo de verdad, aunque tiendo a creer –quiero creer– que no: que los medios contagian nuestras opiniones y –más– guían nuestras acciones. Que influyen en nosotros al punto de obligarnos a hacer (y pensar) lo que quizás no debemos (¿pero debemos pensar tal o cual cosa?).
Es cierto que en un diálogo uno de los interlocutores puede llegar a adoptar como cierta una afirmación del otro, que el razonamiento mutuo puede causar un cambio de opinión. En todo caso, llegar a un acuerdo es uno de los sentidos de la comunicación. No se trata de influencia o manipulación, sino de pedirle al otro que revise sus ideas a partir de ciertos parámetros. Pero para que este diálogo se dé y las ideas puedan sufrir el mecanismo evolutivo de la supervivencia de la más efectiva, es necesario que cada interlocutor pueda pensar en libertad. Nuestros cerebros son capaces de tal cosa de modo automático. Paralelamente, este tipo de diálogo es el que ha construido el triunfo de las grandes teorías que se entrecruzan en nuestra vida, desde la evolución hasta la física cuántica. Y volvemos a lo mismo: es importante que cada idea que testea otra, cada solución alternativa a un problema, surja del libre juego del pensamiento.
Ahora bien: desde que existen los medios masivos de comunicación (y el alfabetismo los hizo realmente masivos), desde que los espectáculos artísticos son para multitudes, el fantasma de que una idea puede penetrar en las mentes inocentes y causar estragos como un virus se ha hecho más y más fuerte. La censura cinematográfica también se ha basado en eso. Muy temprano tras el nacimiento del cine, los controladores de la moral se dieron cuenta de que las imágenes forjan memoria de un modo mucho más permanente que la palabra (y llegan al analfabeto, también). Entonces, a cortar y prohibir. En el censor aparece la idea de que alguien comprende más el mundo que el resto de la Humanidad y que sabe qué es bueno y qué no para ella. La Humanidad es, así, un monstruo deforme e indiferenciado cuyo cerebro múltiple es el mínimo común denominador de ideas parcas, algo absolutamente corruptible.
Pero resulta que nadie sale a violar vírgenes después de ver La fuente de la doncella, a nadie se le ocurre llamar al vecino para sacarle el hígado y comerlo con zanahorias y chianti tras ver El silencio de los inocentes, ni mucho menos ir a Palermo a decapitar un caballo y poner la cabeza en la cama de la suegra porque vio El Padrino. Sabemos qué es falso: desde que somos chicos comprendemos que el Lobo no se comió a Caperucita; lo que nos importa es saber si en ese cuento los personajes son buenos o malos. Extrapolando estos comportamientos, uno puede decir que nadie cree automáticamente lo que le dice TN o Canal 7. Nuestras cabezas funcionan de manera autónoma y cada uno tiene una visión particular del mundo. Una visión que puede coincidir mucho con la de otro, pero que sigue siendo individual y producto de elecciones voluntarias.

Volvamos al principio: ¿son nuestras nuestras ideas? Me sometí al experimento de ver 6, 7, 8 unos cuantos días y creo –dado que me considero un típico exponente de la raza humana– que no, dado que no sólo no me hice kirchnerista sino que la manipulación del discurso de esos dizque periodistas me resultaba tan evidente que me dio bronca ser tratado como un idiota a quien el conductismo de la repetición puede convencer de algo. Como soy una persona ecuánime –o intento serlo: recuérdese que “ecuánime” y “objetivo” no son lo mismo– me sometí a la misma dieta de programas políticos de TN. Misma cosa: ver a los duetos buscar el pelo en el huevo o a productores manipular los zócalos me permitían ver que una cosa es criticar al Gobierno en lo criticable y otra manipular los adjetivos para que cualquier cosa adversa que pase en el mundo sea culpa de los Kirchner. Pensé lo mismo: que me trataban de orate. La prueba se puede repetir en gráfica: tomen un El Argentino y lean en paralelo la edición de Clarín del mismo día. Mis ideas respecto de la Argentina y los medios seguían siendo mías y habían pasado la prueba de contrastarse con las representaciones de esos medios.
Charlando con mi viejo, noto que a él (que no es periodista, por lo tanto no vive en ese micromundo que a veces nos rodea y confunde a las ratas de redacciones) le pasa lo mismo. Siendo opositor a este gobierno, no deja de decir “che, lo de Teéne ya es asqueroso”; ve el fútbol del 7 porque don Miguel es hincha de Independiente, pero dice que cómo joden con la propaganda oficial. Y ésa es la clave: el “eso es asqueroso” y el “cómo joden” demuestran que en todos hay una impermeabilidad saludable y básica a la obscenidad del conductismo. Que si decidimos no prestar atención a tal o cual cosa, lo hacemos por alguna razón.
(De paso, deberíamos pensar en eso respecto del comportamiento de la gran mayoría de los argentinos durante la dictadura, porque creo que hay una mala apreciación de esos tiempos tanto por los detractores más publicitados de los asesinos como de quienes dicen que en el fondo con los milicos estábamos mejor).
Volviendo: Hebe de Bonafini decía que los periodistas de la red de medios públicos eran los únicos que decían la verdad y –peor– a los que había que ver. El problema es que, al decir eso, se colocó en el mismo lugar de un creativo publicitario que cree que a “la gente” se le puede crear una necesidad gracias a las armas modernas de la persuasión. Bonafini cree que si “la gente” no adhiere a sus ideas o a este gobierno es porque los medios le mienten o no le dejan ver la realidad. Cree, y dice, que nuestras ideas no son nuestras, que otro nos las impone. Básicamente ésa ha sido la razón de censuras y prohibiciones. Una buena idea –digamos, la idea de que el Estado no puede asesinar, de que la tortura es mala– puede testearse contra cualquiera si es realmente mejor que otras, sin necesidad de que las otras no se escuchen: siempre voy a sentir náusea al leer Cabildo o La Nueva Provincia. Si, digamos, la administración Kirchner hace las cosas bien, el público verá fácilmente la manipulación de los grandes medios como tal. Si no, usará esos datos para seguir indignándose. Pero la indignación no la causan los medios: el ciudadano decide indignarse. Cuando Bonafini dice que los medios no oficiales están al servicio del capital internacional, es una opinión y una hipérbole atendible (no necesariamente cierta del todo, claro). Pero cuando dice que por eso no hay que ver ni oír todo, sino ver y oír los medios del Estado (y creer su información) está diciendo que los medios modelan a los ciudadanos: en suma, que no piensan por sí mismos.
Una de las características del ser humano es su capacidad de razonar y, sobre todo, comunicar ese razonamiento o un saber a otro ser humano. Otra, más importante, es la voluntad. Quien no tenga tales capacidades no será –o será menos– humano. La peligrosidad de lo que dijo Hebe de Bonafini se basa en que niega la humanidad de quienes no piensan como ella y no tanto en quienes elige como enemigos (algunos de ellos, incluso, creen también en el silencio del adversario, como ella). Y, si no es humano, se lo puede matar. Las ideas no se matan, pero mueren cuando muere quien las piensa.
Fuente: Crítica

domingo, 21 de marzo de 2010

El protagonismo complica a la oposición en las encuestas

La oposición tomó el Congreso de la Nación de plataforma y consiguió en los últimos meses un protagonismo no habitual. Los reflectores mediáticos siguieron los movimientos. La opinión pública también. Los encuestadores, consultores y analistas coinciden sobre los resultados de las últimas disputas. Los dirigentes opositores dejaron de crecer y muchos de ellos bajaron en la consideración pública. Néstor y Cristina Kirchner, por el contrario, sacaron provecho de sus contrincantes: detuvieron su caída y hasta recuperaron unos puntos.
“Las reglas de juego las fija Kirchner con la lógica de ‘lo único importante es si me apoyan o no’. Y la oposición juega a esa lógica”, explica Manuel Mora y Araujo, rector de la Universidad Torcuato Di Tella. “El protagonismo de la oposición es el resultado de una estrategia de fuerte polarización que puso en marcha el Gobierno”, señala Enrique Zuleta Puceiro, uno de los hombres más consultados por el kirchnerismo. “El Gobierno le da mucho protagonismo a la oposición y la desgasta. La oposición padece la falta de liderazgo y también el estar unida por el espanto”, añade Carlos F. De Angelis, sociólogo e investigador político.
De acuerdo a los números que manejan los encuestadores, el principal perjudicado fue Julio César Cobos. La figura del vicepresidente creció después de la resolución 125 con dos motores: una alta imagen positiva y una imagen negativa prácticamente nula. Las buenas valoraciones aún no lo abandonaron, pero dejaron de crecer (la inercia del impulso, dicen, se esfumó). Pero las malas son cada vez más. “Está en caída pero flota. Desde noviembre le viene creciendo la imagen negativa”, asegura Hugo Haime, que dirige una consultora desde hace veinte años.
A Cobos, su rol en el Parlamento –menos trascendente que el día en que saltó a la fama, más ligado a las idas y vueltas de mayorías y minorías, de quórum y falta de quórum– no lo ayudó. También se vio perjudicado por el voto contra Martín Redrado, que lo dejó alineado con el Gobierno. Su oscilación –un día con Francisco de Narváez, otro día con Carlos Reutemann, otros tres con sus correligionarios– tampoco. Por si fuera poco, el futuro le guarda una obligación: tarde o temprano tendrá que renunciar (y es poco probable que ese paso no tenga su costo).
El caso de Elisa Carrió es distinto. Consiguió posicionarse y marcar agenda con una estrategia muy parecida a la oficial: a todo o nada. La mayoría de los consultados coincide en que eso le permitió no sumarse al descenso que, además de Cobos, sufrieron Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Carlos Reutemann y los principales dirigentes radicales.
En la UCR la excepción es el diputado Ricardo Alfonsín, que el partido buscará preservar. Con respecto a Duhalde, sus seguidores matizan con una caída de la imagen negativa.
Francisco de Narváez eligió un camino distinto. “Hace la plancha”, describe De Angelis. El gran ganador de las últimas elecciones no capitalizó su triunfo. No consiguió ningún liderazgo. Pero, dice Zuleta Puceiro, “fue el que mejor se movió”. No se enfureció ni siguió la agenda del Gobierno. Los sondeos dicen que no cayó. Pero entre sus asesores publicitan que su largo peregrinar por el interior está moviendo el amperímetro en ciudades que, por lo general, no son tomadas en cuenta por los encuestadores en tiempos no electorales.
Mauricio Macri tampoco entró demasiado en el juego oficial. Pero la imagen de su gestión en la ciudad, según diversos estudios, no es demasiado buena (aunque tampoco es mala). Lo que parece haberlo perjudicado es la oficialización de su candidatura a presidente. “La expectativa de la gente es que Macri gobierne”, subraya Mora y Araujo.
“La oposición se limó, nadie capitalizó las últimas elecciones, todos se igualaron. El único beneficiado es Pino Solanas”, apunta Artemio López, de la consultora Equis. El crecimiento del líder de Proyecto Sur es señalado también por el resto de los consultados. Hay encuestas que lo marcan liderando la intención de voto y con mejor imagen positiva que Gabriela Michetti, su eventual contrincante si se postula a jefe de Gobierno porteño. Es la excepción a la regla.
El ruidoso fenómeno de los últimos tiempos dejó su registro. Unos creen que merece ser bien observado. Otros toman nota, pero son cautelosos.
“La dirigencia política está devaluada, casi toda con imagen negativa. La gente está con el problema de los precios y de la inseguridad. El teatro de la política es para otra gente. Es un baile para los líderes de opinión”, sugiere Hugo Haime.
La oposición intentará ahora sacar el foco del Parlamento y reforzar los liderazgos partidarios para evitar que la lógica de la puja parlamentaria la perjudique.
Fuente: Crítica