lunes, 8 de marzo de 2010

La Casa Blanca apuesta a Twitter para la comunicación

WASHINGTON (AP).- La Casa Blanca y el gobierno federal emplean Twitter cada vez más, mezclando detalles tras bambalinas con una defensa de las políticas del presidente Barack Obama.

En esa red el alias del secretario de prensa de la Casa Blanca, Robert Gibbs, es "@PressSec ".

¿Quién necesita los comunicados de prensa? Gibbs y su segundo, Bill Burton, comparten ahora noticias en mensajes en Twitter. Hasta ahora, unas 33.000 personas se han subscrito para seguir los mensajes de Gibbs y más de 6.000 los de Burton. A ambos les falta mucho para alcanzar al actor Ashton Kustcher y sus 4,6 millones de seguidores.

Durante la reciente final de hockey sobre hielo masculino entre Estados Unidos y Canadá en las Olimpiadas Invernales de Vancouver, tanto Gibbs como Burton colocaron mensajes en Twitter sobre el partido y el ambiente en la Casa Blanca.

No es el tipo de pronunciamientos que uno espera de los portavoces presidenciales, pero con el equipo de Obama continuando la estrategia en Internet que iniciaron durante la campaña, son algo natural en un plan de comunicaciones que se extiende a todo el gobierno.

La embajadora estadounidense en la ONU Susan Rice habla de diplomacia, el subsecretario de Estado Arturo Valenzuela sobre el Hemisferio Occidental y el secretario de Comercio Gary Locke sobre comercio.

Macon Phillips, el nuevo director de medios de comunicaciones en la Casa Blanca, dijo que los mensajes en Twitter permiten a los funcionarios "tener una idea de las preguntas que tiene el público en su forma natural, en lugar de las preguntas que hacen los expertos y periodistas televisivos".

Fuente: La Nación

Cristina ya sugiere un adelanto de elecciones

El miércoles 3, la jefa de Estado abrió en Misiones el ciclo lectivo. Inauguraría tres escuelas y un hospital en Posadas. La primera etapa se cumplió, la visita presidencial al hospital fue suspendida: a esas mismas horas, en el Senado, el oficialismo perdía todas las votaciones y, con ellas, la mayoría en las comisiones. La noticia, aunque previsible, hizo trizas la agenda. Cristina Fernández había acusado el impacto. Sentida, le confió al gobernador de Misiones, Maurice Closs: “Preparate para febrero o marzo porque a lo mejor anticipamos las elecciones”. Impulsada por la vida y las encuestas, la idea flota desde hace semanas en la atmósfera de Olivos. Un sondeo reciente de Management & Fit muestra que Néstor Kirchner goza de una imagen negativa del 57,2% y la positiva apenas llega al 22,4%; el 42,8% de los entrevistados cree que la oposición debe imponer su mayoría en la agenda, contra el 32,1% proclive a consensuar; el 54,4% supone que la oposición debe marcar límites, mientras que el 23,7% entiende que tiene que corresponsabilizarse de gobernar.

Pero la política, aunque se mida con encuestas, está hecha de acciones, omisiones y gestos. Un apesadumbrado aliado K dibujó sobre una servilleta el mapa del llamativo silencio mantenido por quienes deben tener algo qué decir: “Misiones, gobernador K, mudo / Formosa, gobernador K, mudo / Jujuy, gobernador K, mudo / Corrientes, gobernador medio K, mudo / Chaco, gobernador K, afónico / Salta, K, gobernador en retirada / Santa Fe, gobernador medio K, asfixiado / Córdoba, gobernador medio K, asfixiado / Mendoza, gobernador K , mudo / San Luis, gobernador anti-K / San Juan, gobernador K, mudo / Buenos Aires, K, gobernador resignado / Salta, gobernador K, mudo / Santa Cruz, gobernador ultra-K, mudo / Tierra del Fuego, gobernadora medio K, muda”.

Kirchner confía en que los actos del miércoles 10, en el Chaco, donde reasumirá la conducción formal del PJ, y del jueves 11 (aniversario del triunfo de Héctor J. Cámpora) dejarán en claro que aún se encuentra en estado de gracia. Sin embargo, los mitines y los estadios no son una muestra a escala de las tendencias de la sociedad y, enfrentado a enormes dificultades concretas, el oficialismo da la pelea con el único destacamento que lo sigue ciegamente: el triángulo piquetero D’Elía-Depetri-Pérsico, los camioneros de Hugo Moyano, La Cámpora, las Madres de Plaza de Mayo y un elenco estable de intelectuales, cuyas firmas asoman, con la monotonía de un cucú, al ritmo de las necesidades de los Kirchner.

Es, si se quiere, una soledad buscada. En lugar de enfriar el incendio, el jueves 4 la Presidenta echó gasolina a las llamas para vengar lo que había vivido como un agravio el miércoles 3. El presidente provisional del Senado, José Pampuro, planteó la imperiosa necesidad de negociar una salida a la crisis. La oposición subió a ese tren sin saber con exactitud cuál era la estación final; Pampuro sabía que ese vagón fantasma estaba cargado de disensos. La oposición, era casi seguro, no daría marcha atrás ni con los pliegos de Marcó del Pont ni con la modificación de la Ley del Cheque. Sólo en torno de la bicameral podía aparecer una fórmula de transacción: la integración a partes iguales (8 y 8), pero con la presidencia (cuyo voto es doble) para la oposición. Cobos arriesgó incluso la lejana posibilidad de mantener la presidencia en manos del oficialismo, siempre y cuando se trate de un nombre confiable. Es más sencillo hacer pasar un camello por el ojo de una aguja que darle luz verde a esa alternativa. Fue entonces, cuenta el entorno del vicepresidente, cuando llegó Florencio Randazzo con una nueva orden: el esfuerzo no estaba vetado, quien había sido vetado era el negociador. Pampuro debía abandonar la mesa y dejar su lugar a Miguel Pichetto, una figura que, en la emergencia, Olivos considera más disciplinada.

Aníbal F., las reservas y los hechos consumados

“Ya está”. Con esas dos palabras, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, reafirmó el planteo que hizo Cristina Kirchner la última semana: que el Gobierno tiene la decisión de pagar la deuda con los bonistas privados a través de los fondos que transfirió el Banco Central a una cuenta del Ministerio de Economía para conformar el denominado Fondo de Desendeudamiento. El decreto 298 de necesidad y urgencia será discutido esta semana en el Congreso y la oposición asegura que tiene número para rechazarlo. Sobre el DNU pesa, además, una medida cautelar que suspendió la transferencia de fondos, e inmovilizó la cuenta que maneja Economía.

Pero Aníbal Fernández subrayó que cualquier medida que se tome sobre el decreto habrá llegado tarde porque no hay posibilidad de revisar las decisiones ya tomadas. “Por más que el decreto sea rechazado, ya está”, sostuvo el funcionario. Fernández sentenció que, según la normativa, “los derechos adquiridos tendrán vigencia hasta su rechazo” por lo que “todo lo actuado hasta el momento tiene validez”.

También alentó las sospechas destituyentes que Cristina sembró: “En la cabecita de varios de los responsables de esta situación está la intención velada de tratar de remover a la Presidenta”, afirmó.
Fuente: Crítica

Kirchner está cabeza a cabeza con Cleto y Macri

El año pasado, el Gobierno adelantó las elecciones legislativas para morigerar el desgaste político que se veía venir. Igual perdió. Por estos días, la presidente Cristina Kirchner volvió a sugerir en privado la posibilidad de adelantar las presidenciales ante un panorama similar: una nueva encuesta revela que Néstor Kirchner, la principal espada oficialista, es el dirigente con peor imagen en la provincia de Buenos Aires, distrito que supo ser un bastión K, agrupa el porcentaje más alto de votos y define la competencia nacional.

Un artículo de Crítica de la Argentina expone una encuesta de Management & Fit que muestra preocupantes números para el ex presidente. Este lunes, otra consultora publicó un nuevo sondeo que refleja el cielo gris que se tiende sobre el kirchnerismo en tierras bonaerenses: según Poliarquía Consultores, Kirchner recoge una imagen negativa del 61 por ciento y una positiva del 37 por ciento.

El trabajo de Poliarquía –consultora que conoce la Provincia y que vaticinó la victoria de Francisco De Narváez el 28 de junio pasado- está hecho sobre 1.000 casos en la provincia de Buenos Aires. Según el estudio, el presidente del PJ es el de peor imagen, seguido por Eduardo Duhalde y Elisa Carrió. Pero con una salvedad: cuando la medición apunta a la intención de voto presidencial, aparece sólo un punto por debajo de Julio Cobos y Mauricio Macri -quien siempre tuvo buenos números en la provincia de Daniel Scioli-, con 23 por ciento.

EL CASO MENEM. “Lo que le está pasando a Kirchner es lo que le pasó a (Carlos) Menem en los últimos años. Tiene un nivel de polarización muy fuerte y la gente que tiene buena imagen la vota toda. Menem, en 2003, tenía 25% de imagen positiva y sacó 24% de los votos”, explicó a este medio Alejandro Catterberg. Uno de los directores de Poliarquía.

La diferencia más importante que existe entre Kirchner y el resto de los candidatos que podría plantar la oposición es que si bien tiene un piso de intención de voto alto, el techo es bajo. “Si en primera vuelta se presentan muchos candidatos y se fracciona mucho la oposición, el 23 por ciento de Kirchner parece un número fuerte. Aumenta sus chances. Aunque si llega a un ballotage las chances serían nulas”, asegura el analista.

Y agrega: “Tanto Cobos como Macri tienen un techo electoral más amplio que Kirchner. Hay que tener en cuenta además que esta encuesta es sólo en la provincia de Buenos Aires. En Capital Federal, Córdoba o Santa Fe el escenario es peor para el gobierno”. Extrañamente, Cristina no fue medida a la hora de sondear la intención de voto presidencial.

RICARDITO, CANDIDATO. Según el trabajo de Poliarquía, el dirigente con mejor relación entre imagen positiva y negativa es sorpresivamente Ricardo Alfonsín, un dirigente que hasta el fallecimiento de su padre y la campaña 2009 tenía un alto desconocimiento en el electorado. Hoy, sólo lo desconoce el 10 por ciento, tiene una imagen positiva del 55 por ciento y una negativa del 26 por ciento.

“Estos datos, igual, se dan un contexto de electorado muy enojado con la política y con valores de imagen positivo muy por debajo de los que se veían hace dos o tres años atrás. Igual, hay que destacar que hace mucho tiempo que no se veía a un dirigente radical arriba”, estimó Catterberg.

Aunque la encuesta no ofrece datos sobre la lucha por la gobernación bonaerense, el análisis de la imagen sirve para armar un panorama, aunque precario.

Si Alfonsín asoma como el nombre más fuerte del Acuerdo Cívico y Social (ACyS) –muy por encima de Margarita Stolbizer-, De Narváez sostiene interesantes cifras luego de la sorprendente performance del 28 de junio pasado para erigirse en el principal nombre del PJ disidente. Habrá que ver cuánto le repercute la posible ruptura de Unión PRO, donde aparece pegado a Macri, ya que el jefe de Gobierno porteño tiene alta estima en el electorado provincial.

Por último, Daniel Scioli -“más por carisma personal que por ser oficialista”, estimó Catterberg- emerge como la principal figura de la Casa Rosada.
Fuente: Critica

domingo, 7 de marzo de 2010

El terremoto dejó al desnudo la deuda social de Chile

Carlos Vergara
Corresponsal en Chile

SANTIAGO, Chile.- Fue un golpe de humildad tremendo: la certeza de que, a diferencia de lo que muchos creían, Chile sigue siendo un país con deudas pendientes.

Bastó un sismo de tres minutos de duración para que el más opulento vecino de América latina tropezara y desnudara sus contradicciones, pese a las cifras que muestran una economía pujante.

"Nadie está preparado para esto", dijo la presidenta Michelle Bachelet. Tampoco lo estaba el país para esas increíbles 48 horas que siguieron al terremoto, en las cuales las palabras "pillaje" y "saqueo" fueron las más utilizadas en la TV, mientras las autoridades regionales pedían a gritos la intervención militar, el toque de queda y, si era necesario, hasta el estado de sitio.

Tampoco es ése el único resultado. El horror y la miseria moral mostraron todas sus caras: la especulación de precios -hasta 4 dólares por una botella de agua o un kilo de pan- en sectores como Constitución y las costas del golfo de Arauco; el robo de medicamentos en las farmacias y la triste realidad de vecinos de zonas de buen nivel económico acaparando más productos de los que necesitaban.

Las denuncias desde las áreas devastadas fueron tan increíbles como dolorosas: grupos de delincuentes que invadieron las casas de los heridos para robar sus pertenencias en las costas del Maule y el Bío Bío. Ayer, incluso, hubo versiones de que se habían saqueado tumbas en algunos poblados del Sur.

Las imágenes del espanto, posteriores a la catástrofe, no parecen coincidir con las de un país ejemplar que tantos elogios ha cosechado en Washington y en el resto del mundo por la continuidad de un modelo económico que impulsó el desarrollo del país.

De a ratos, las regiones del Maule y el Bío Bío se acercaron más al infierno desatado en Haití tras el sismo del 12 de enero, que a las ciudades de un país que busca, por todos los medios, su ingreso al Primer Mundo, a la caza del estándar de Portugal, como promete el presidente electo, Sebastián Piñera.

"Es un espejo quebrado que nos hace mirarnos a nosotros mismos", reflexionó para LA NACION desde Brisbane, Australia, el periodista chileno Fernando Sagredo, quien envió una sentida carta a sus compatriotas, titulada "Los terremotos no son controlables; las injusticias, sí".

En ella, hizo referencia a la fractura social que salió a la luz esta semana. Basta retroceder sólo dos meses para repasar, no sin algo de tímida incredulidad, las imágenes de las autoridades, que se congratulaban a sí mismas por haber sido invitadas a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Chile es el primer país sudamericano aceptado en el exclusivo grupo de los 30 países democráticos más desarrollados del mundo. Es un reconocimiento mundial a las reformas políticas y económicas realizadas durante los 20 años de gobiernos de la Concertación.

Y no sólo por sus cifras económicas Chile se ganó la envidia de algunos vecinos de la región. Dueña también de una feliz democracia, recuperada tras 17 años de oscura dictadura militar, el país consiguió reinsertarse en el mundo después de un extendido ostracismo. Y hace poco más de un mes dio una verdadera clase de civismo, con elecciones limpias y respetuosas, con Bachelet entregándole el poder a la centroderecha con un apretón de manos.

Otra realidad

"¿Qué fue lo que pasó?", "¿En qué nos convertimos?", fueron las preguntas más repetidas tras el sismo. Muchos respondían: "¿No será que esto es lo que siempre fuimos?".

"A pesar de los esfuerzos que ellos [la elite política y los medios] han realizado durante años para mostrarnos a Chile como un país ganador, un país que deja la región para insertarse en las ligas superiores, como si todos sus habitantes, por igual, estuviésemos invitados a la misma fiesta, el terremoto ha develado la inequidad social que sigue existiendo", explicó el director del Observatorio Ciudadano, José Aylwin.

"Hemos promovido una sociedad individualista en la cual se privilegia el éxito económico. Chile es un negocio; Chile es un gran shopping de la desigualdad", dijo a LA NACION, con congoja, el vicario de la pastoral social, el sacerdote Alfonso Baeza.

"Quisieron que fuéramos competitivos y nos convirtieron en competidores. Espero que este terremoto permita corregir las grietas, no sólo de nuestros edificios, sino también de nuestra sociedad", añadió.

Las estadísticas son elocuentes. Pese a sus más de 20 tratados de libre comercio, a sus 25.870 millones de dólares en reservas internacionales y a las auspiciosas proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), de que el país lideraría el PBI per cápita a nivel regional hasta 2014, con casi 15.000 dólares, la otra cara del espejo es desoladora.

Según el último informe de la ONU sobre igualdad de ingreso y desarrollo humano, Chile se ubica en el puesto 110 de 124 países, superado por naciones con mucho menor nivel de desarrollo. De acuerdo con el Ministerio de Planificación, un 13,7% de la población vive bajo la línea de la pobreza.

Es un país en el que hay casi dos millones de pobres y más de 500.000 personas en estado de indigencia, que al mismo tiempo posee carreteras que permiten llegar de la precordillera al aeropuerto en menos de 15 minutos.

"¿Tan ciegos estamos que antes del terremoto no habíamos notado que había barrios periféricos en torno de las ciudades? ¿Que en los estadios se juntan decenas de miles de personas prácticamente marginadas de la sociedad? ¿Que la calidad de la educación en el país es una vergüenza?", se preguntó Segredo en su misiva.

A nivel educacional, la brecha es escandalosa: los colegios privados aplastan con indignante superioridad los resultados obtenidos por la educación pública. En muchos liceos municipales, los alumnos ven "infladas" sus calificaciones, sólo para darse cuenta, una vez en la universidad, de que su preparación no sirvió de nada.

Es el Chile modelo 2010, el del otro lado del espejo; el que seguramente deberá postergar sus sueños de grandeza por socorrer a sus hermanos.

Fuente: La Nación

martes, 2 de marzo de 2010

Lula empuja y Dilma se agranda

Por Darío Pignotti

Desde Brasilia

Aunque el eslogan de campaña “Dilma Rousseff al gobierno, Lula da Silva al poder” es pura imaginación, nos trae al ruedo otro de cuya existencia nadie duda: “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. ¿Cabe algún paralelo entre esos dos ejemplos? Algunos, sí. Las chances electorales de Dilma Rousseff hoy y Héctor Cámpora hace treinta y siete años, serían nulas si detrás de sus postulaciones no estuvieran Lula da Silva y Juan Perón.

Dilma Rousseff, la candidata de Lula, saltó del 16 por ciento de intención de voto en febrero de 2009 al 28 por ciento en febrero de 2010, de acuerdo con un sondeo publicado ayer por la encuestadora Datafolha, vinculada con el diario Folha de Sao Paulo. José Serra, el posible candidato del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), hizo una trayectoria inversa, pasando del 45 por ciento, en febrero de 2009, al 32 por ciento el mes pasado.

A siete meses de las elecciones, el crecimiento vertical de Rou-sseff, ministra de la Casa Civil (jefa de Gabinete) y candidata presidencial del Partido de los Trabajadores (PT), se explica en las decenas de actos públicos que compartió en los últimos dos años junto a Lula, inaugurando viviendas en la favela Rosinha, de Río de Janeiro, escuelas en el paupérrimo nordeste o universidades públicas en el cordón industrial de San Pablo.

En cada ceremonia pública, Lula repetía: “Dilma es la madrina del PAC”, Plan Aceleración del Crecimiento, programa de obras dotado de unos 250.000 millones de dólares. Al identificar a Rousseff con las obras públicas se instaló de lleno el contrapunto entre estatismo y privatización, es decir entre el programa lanzado hace una semana por el PT, cuando proclamó a su postulante presidencial, y las propuestas del PSDB, del precandidato José Serra y el ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

Por lo pronto, el plan trazado por Lula cuando desistió de reformar la Constitución para poder disputar un tercer mandato y apostó en convertir a Rousseff en una candidata competitiva parece haber sido acertado.

Con una aprobación del orden del 80 por ciento, según encuestas contratadas por diversos grupos de interés, Lula ya irrigó parte de su popularidad en Rousseff, quien hasta hace dos años era una funcionaria ignota que jamás había sido candidata a nada.

Datafolha dice que el 42 por ciento de los entrevistados votaría a la candidata recomendada por Lula, lo cual permite esperar que Rousseff siga trepando. Los números de Folha sembraron tal desencanto en las filas del opositor PSDB que en algunos mentideros se habla de la desistencia de José Serra a disputar la presidencia. Aunque esa posibilidad, la salida de Serra, suena exagerada, lo cierto es que en las últimas semanas llovieron malas noticias para el PSDB. Las peores vinieron de sus aliados, los conservadores del Partido Demócratas, hundidos hasta el cuello en escándalos de corrupción.

Hace tres meses la fórmula opositora iba a tener al socialdemócrata Serra como candidato a la presidencia y José Roberto Arruda, de Demócratas y gobernador de Brasilia, como postulante a vice.

La fórmula, muy a gusto de buena parte del empresariado y la prensa dominante, se desplomó cuando Arruda fue preso bajo cargos de corrupción el 11 de enero, dejando a Brasilia al borde de la intervención federal. Pocos días después, otro referente de Demócratas, el alcalde de San Pablo, Gilberto Kassab, fue condenado en primera instancia por haber recibido millones de dólares de empresas constructoras.

Demócratas es la reencarnación del Partido Frente Liberal (PFL), formado por las oligarquías civiles que colaboraron con la dictadura militar. Los escándalos de Brasilia y San Pablo hundieron en el desprestigio a Demócratas y amenazan aplastar al bloque de centroderecha que forman con el PSDB. Cardozo declaró la semana pasada que Demócratas debería quedar afuera de la coalición opositora por su reincidencia con escándalos de corrupción.

Pero a pesar de la coyuntura adversa, el PSDB sigue encabezando las encuestas con Serra, y aún pueden jugar otra carta, la de armar una fórmula presidencial de “pura sangre” socialdemócrata, con Aecio Neves, gobernador de Minas Gerais, como candidato a vicepresidente.

Restan siete meses de una campaña electoral que se insinúa feroz por la polarización izquierda-derecha hacia la que se encamina la posible confrontación entre el bloque encabezado por el PT y el liderado por el PSDB.

En el fragor de la disputa habrá que ver la destreza política de la economista y ex guerrillera Dilma Rousseff. Aquí hay un punto en el que no caben los paralelos con la Argentina de Cámpora y Perón. Lula ya avisó que no pretende ser el poder tras el trono de Rousseff y dijo apostar a la victoria de su compañera en los comicios del 3 de octubre y a su reelección en 2014.

Fuente: Pagina 12

lunes, 22 de febrero de 2010

VAZQUEZ FINALIZA MANDATO CON 61% APOYO POPULAR

MONTEVIDEO, 22 (ANSA)- El presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, finaliza su gestión con un 61% de aprobación popular, indicó una encuesta hoy a una semana de que se produzca el traspaso de mando a José Mujica.
Vázquez, primer presidente socialista del Uruguay, sostuvo a lo largo de su quinquenio altos niveles de popularidad y se retira con el respaldo del 94% de los frenteamplistas y de una cuarta parte de los votantes de oposición, según un estudio de la empresa Interconsult publicado en el diario Ultimas Noticias.
El próximo lunes Vázquez traspasará la banda presidencial a Mujica, también de la alianza de izquierda Frente Amplio.
Sólo un 17% de los consultados desaprobó lo actuado por el gobernante saliente mientras el Plan educativo Ceibal (que entrega un ordenador por escolar) obtuvo un 98% de respaldo, seguido del tema derechos humanos (74%), reforma de la salud (65%) y política económica (56%).
La política exterior -su mandato estuvo atravesado por un conflicto diplomático con Argentina por una papelera- y la Ley de Educación aparecen entre los temas en los que Vázquez aparece más cuestionados por los uruguayos.
"Los índices de popularidad de Vázquez siempre fueron altos, ubicándose casi siempre por encima de los porcentajes obtenidos en la elección de 2004", señaló Juan Carlos Doyenart, director de Interconsult.
La percepción positiva del gobierno de Vázquez se mantuvo con vaivenes en los siguientes años y en 2009 "no hace más que crecer en la adhesión de la gente hasta ubicarse en la cifra actual, a días de dejar la Presidencia en el 61% de aprobación, con sólo un 17% que desaprueba su gestión", completó Doyenart.
A nivel partidario, el 94% de los militantes frenteamplistas aprueban su gestión.
Vázquez, de 70 años, rechazó pelear su reelección consecutiva, que requería además una reforma constitucional, y no descartó retornar a la arena política para la campaña de 2014. (ANSA).
Fuente: ANSA

domingo, 21 de febrero de 2010

Que se vayan todos

Por Santiago O’Donnell

Tea Party. Que se vayan todos. Es la manera más fácil de entender este movimiento nuevo que barre las praderas de Estados Unidos, el Tea Party Movement. Hay crisis, la gente está enojada. Un diario todavía poderoso, el New York Times, tiene la ocurrencia de reproducir una encuesta. Uno de cada cuatro norteamericanos tiene una opinión favorable del movimiento Tea Party. Uno de cada tres opina bien de los demócratas y uno de cada dos, de los republicanos. Buena idea la del Times. Impacto inmediato. Ahora que la jauría de la cadena Fox los corre por derecha, los diarios tradicionales tienen que estar atentos a las movidas populistas.

Pero en términos de capital político, el movimiento Tea Party no representa nada. La frase “tea party” en Estados Unidos es sinónimo de “rebelión fiscal”, pero nadie ha dejado de pagar sus impuestos. Los adherentes al movimiento dicen que están cansados de pagar y que quieren pagar menos, pero no dicen que no van a pagar más. No tienen líderes orgánicos, no tienen programa, no tienen estructura, ni siquiera salen a cacerolear. Desnudan la debilidad de los partidos políticos pero no se ofrecen como alternativa.

Su actividad se limita a expresiones en foros de Internet y protestas públicas que se hacen en los feriados patrios (ver foto) y el día de cierre para las declaraciones de impuestos en los distintos estados. Su filosofía es algo inconsistente: quieren bajar la deuda pública pagando menos. Lo que se ignora no puede hacer mal: en otra encuesta, el 80 por ciento de los adherentes al movimiento dijeron no saber que el paquete de estímulo de Obama les había bajado los impuestos al 90 por ciento de los estadounidenses. Esas noticias no salen mucho en la Fox, la cadena que promueve descaradamente cada convocatoria de su movimiento.

Tienen, sí, referentes que se valen de la frase y del movimiento para hacer campaña en contra del gobierno. Hablan sencillo, critican a la burocracia de Washington y se quejan todo el tiempo de lo que gasta Obama. Como el melli D’Angeli, acusan al gobierno de ser un enchastre. La más importante es Sarah Palin, la candidata republicana a la vicepresidencia en la última elección. Esa que contestó, cuando le preguntaron por los desafíos de la política exterior: “Tenemos a Rusia... ahí cerca...”, y no pudo agregar nada más.

Tea Party. Suena bien. La frase se refiere al acto fundacional de los Estados Unidos, el equivalente al Cabildo del 25 de Mayo. En 1773, los patriotas de Boston, cansados de pagar impuestos, se suben a un barco y vacían al mar un cargamento de té. Y Boston fue una fiesta, y vino la Guerra de la Independencia, y los padres fundadores plantaron bandera y escribieron la Constitución y Yankee doodle dandy. ¡Viva la patria!

Tea Party para poner al negro ése en su lugar. No es casualidad que el perfil del adherente medio sea blanco, pobre, poco educado, libertario o conservador. Las crisis económicas sacan a relucir el costado xenófobo y racista de las sociedades. Encima Estados Unidos viene de elegir a su primer presidente negro.

Si uno está cansado de verlo sonriendo por televisión, si le molestan los diseños africanos de la primera dama, si está harto de todas esas películas que salieron ahora con un negro haciendo de héroe, si está convencido de que los negros son todos chorros y por eso llenan las cárceles, y si encima lo echaron de su trabajo por la crisis pero imagina que fue por no pertenecer a una minoría protegida, entonces no puede decir “saquemos a patadas de la Casa Blanca a ese negro de mierda.” Lo podrían acusar de racista. Entonces dice “Tea Party” y se entiende igual.

Los negros no estuvieron en el Tea Party de Boston porque estaban en el sur cosechando tabaco y algodón para sus amos. Y nadie le hizo un Tea Party a Bush por llevar el déficit a cifras astronómicas ni por darles un megarrescate a los banqueros de Wall Street. En la Tea Party versión 2010, los negros vendrían a ser los sacos de té que el movimiento quiere tirar por la borda. Porque no es sólo Obama. Obama es la consecuencia de 20 años de Acción Afirmativa que el padre del populismo norteamericano, Ronald Reagan, tuvo a bien abolir en los ’80: las cuotas para las minorías en los empleos, el traslado forzoso de chicos negros pobres a las escuelas de blancos ricos, los fiscales federales enviados a Alabama para dificultar los linchamientos de los seguidores de Martin Luther King, los programas para obligar a los blancos a compartir con los negros el asiento del colectivo. Todo ese gasto en programas estatales para igualar las cosas, y ahora hay un negro en la Casa Blanca que sigue gastando los impuestos que todos tienen que pagar. Y encima rescata a los banqueros y a los dueños de las automotrices y ahora pide otro dineral para reformar el sistema de salud.

Tea Party. Kill the bill. La derecha no tiene muy buenas razones para oponerse a una legislación que bajaría la cuota de las prepagas y extendería la cobertura a más de veinte millones de personas que hoy no la tienen. Salvo que no es momento para grandes gastos porque hay crisis y la gente no quiere pagar más impuestos. Entonces se valen del movimiento para eludir el debate de ideas y gritan “Kill the Bill”, maten la ley de Obama, en los sitios web y las protestas del movimiento. Los legisladores demócratas se asustan. Se vienen las elecciones y no quieren ser víctimas del Tea Party. Bill sigue vivo, esperando el voto del Senado, demócratas y republicanos saben que es la gran batalla política del gobierno de Obama y que muy bien podría definir las próximas presidenciales. Por ahora los demócratas tendrían número si consiguieran ponerse de acuerdo, pero despues de las legislativas del 2011 el porotaje podría cambiar.

Tea Party. No gasten más. En el imaginario popular estadounidense son los demócratas los que gastan y los republicanos los que ahorran. Pero no es tan así. Al principio sí, pero ya no. Primero vino el “New Deal” del demócrata Franklin Roosevelt y sus recetas keynesianas para salir de la Gran Depresión. Después llegó Hoover, el fiscalista republicano, para llenar de agujeros al Estado de bienestar. Más tarde Lyndon Johnson y todo el empuje al movimiento de derechos civiles y sociales de los negros. Después Nixon para decir basta.

Todo cambió con la llegada los populistas de derecha y los demócratas autoproclamados “fiscalmente responsables”. Ahí se dio vuelta la tortilla. Primero vino la “Reagan Revolution” de los republicanos, que disparó el déficit con recortes de impuestos para las empresas y mucho gasto militar. Después llegó el ajuste del demócrata Clinton, que llegó al déficit cero desmembrando el programa espacial, encogiendo al Departamento de Estado y congelando la planta de empleados públicos. Después, con la “cultural revolution” de George W. Bush, volvió el déficit record con descuentos impositivos para los ricos, “vouchers” para escuelas, escudo antimisiles y guerra global.

Después llegó Obama con su discurso de demócrata fiscalmente responsable, pero también de Gran Transformador. Dice que va a terminar con el déficit en cinco o diez años, pero no dice cómo lo va a hacer y cada mes anuncia un nuevo paquetazo. Primero los rescates para salir de la crisis, después la reforma de salud, ahora quiere reconvertir la economía a energía limpia y ayudar a las Pymes. Todos objetivos atendibles, pero caros. Y la gente está asustada. Y algunos no le perdonan que sea negro. Y no le creen que va a cuidar el mango y que no va a subir los impuestos. Ya no les creen ni a los demócratas ni a los republicanos.

Entonces se juntan y gritan ¡Basta! ¡Tea Party! ¡Viva la patria! ¡Kill the bill! Como expresión política no quiere decir mucho, pero sirve para el desahogo. Y para apretar al Congreso para que no siga gastando. No porque piensen que el gasto estatal originó la crisis, sino porque piensan que no es la solución.

Sobre todo gritan ¡Tea Party! para complicarle la vida al negro Obama, que necesita dólares y leyes para hacer política. Que no haga nada, le gritan, que se vaya, que se vayan todos. Tea Party hasta que lleguen tiempos mejores.

Fuente: Pagina 12

viernes, 19 de febrero de 2010

El PT lanza la carrera de fondo para ganar un tercer mandato consecutivo sin Lula

Treinta años de historia acumula ya a sus espaldas el Partido de los Trabajadores. Tres décadas bajo el liderazgo de Lula da Silva, su único candidato a la Presidencia durante cinco elecciones consecutivas y ahora jefe de Estado en vías de retirada por la exigencia legal de no encadenar más de dos mandatos seguidos. Una restricción que abre la puerta a su favorita, la ministra Dilma Rousseff, quien será ratificada como aspirante a la sucesión en el IV Congreso del PT que ha arrancado este jueves en Brasilia.

Mucho ha llovido desde que el joven Lula se lanzara a la arena política como uno de los fundadores del PT en 1980. La formación recuerda aquel momento como "el resultado de un proceso histórico que, a partir de las luchas contra la dictadura militar [1964-85], unió a trabajadores, grupos de izquierdas, movimientos sociales, comunidades de base, intelectuales y estudiantes en busca de una alternativa democrática de socialismo".

Pero las inquietudes caminan ahora por otros rumbos. ¿Cómo aferrarse al poder tras dos mandatos de Lula, pero sin Lula? Mientras el presidente mantiene su popularidad por las nubes -cerca de un 80% dice confiar en él-, su sucesora en el partido no goza aún de un respaldo comparable. En la última encuesta de Ibope, Dilma acapara el 25% de la intención de voto, a más de 10 puntos de su gran rival, José Serra (36%), gobernador de São Paulo y precandidato del Partido de la Social Democracia (PSDB).

Sin embargo, el sondeo muestra también una tendencia esperanzadora para la ministra de la Casa Civil -cargo similar a una ministra de Presidencia en España o jefa de gabinete-: en dos meses, la futura 'número uno' del PT ha recortado a la mitad la distancia con Serra, quien ya perdió contra Lula en 2002. En diciembre, el gobernador paulista registraba un 38% frente al 17% de su adversaria.

Medio año en campaña

El entorno de Lula y Dilma reconoce en privado que de aquí a abril esperan alcanzar o superar al candidato del PSDB. Para el día 3 de ese mes, exactamente seis meses antes de las elecciones, los aspirantes tendrán que haber abandonado ya sus respectivos cargos y darán el pistoletazo de salida oficial a sus campañas.

Hasta entonces, los partidos se centrarán en pulir sus programas electorales con un ojo puesto en la economía y otro en las encuestas. El PT, reunido en el Centro de Convenciones Ulysses Guimarães de la capital, ha diseñado su aniversario de tal manera que la intensidad vaya creciendo progresivamente hasta el sábado, momento en que Dilma debe ser coronada formalmente para lanzarse a la conquista del Palacio de Planalto.

El escollo del programa

Antes del momento cumbre, la jornada del jueves servirá para reunir a los dirigentes nacionales con los casi 150 delegados de organizaciones de izquierdas llegados de todo el mundo, desde Angola y Vietnam hasta los vecinos sudamericanos -Argentina, Chile, Uruguay y Venezuela, entre otros- y algunos países europeos.

El viernes, el partido que preside José Eduardo Dutra llegará al punto que amenaza con levantar más ampollas: la elaboración de un programa que tendrá que ser negociado después con los aliados del Ejecutivo. En especial el Partido del Movimiento Democrático (PMDB), principal apoyo de Lula en el Congreso, que no parece dispuesto a tragarse cualquier texto.

"No queremos ser meros figurantes o números en esta coalición", advirtió en el diario 'O Globo' el líder del PMDB en la Cámara de Diputados, Henrique Eduardo Alves. "Esas ideas del PT pueden ser muy discutidas y aplaudidas por algunos, pero de ahí a prevalecer en un programa coherente de gobierno...".

Fuente: El Mundo.es